
La definición de unitario, otro aporte a la confusión general
No debe haber en materia televisiva un término más expuesto a equívocos e imprecisiones que el unitario. Al extenderse tanto la voluntad de persistir en el error, definir este género televisivo es casi imposible, cuando en realidad aproximarse a sus características y contrastarlas con el resto de las ficciones resulta algo relativamente sencillo y fácil de comprender.
La publicidad institucional más reciente de El Trece contribuye con ganas a la confusión general. Al promocionar cada nuevo episodio de El puntero , debajo del título aparece la leyenda "El unitario que moviliza sentimientos". De lo que se desprende que el ciclo protagonizado por Julio Chávez encaja en esa tipología. ¿Lo hace? Si contrastamos esta afirmación con el significado del término que no hace mucho formuló uno de sus hacedores difícilmente encontremos coincidencia alguna.
El guionista y dramaturgo Ricardo Halac es quien acerca alguna luz en medio de tanta oscuridad conceptual. Identificó desde estas mismas páginas, en 1998, a los unitarios televisivos como programas "generalmente de una hora, que empezaban y terminaban, escritos por artistas avezados, interpretados por actores de primera línea, dirigidos por los mejores directores de los canales, con participaciones de músicos importantes, y a veces de escenógrafos y vestuaristas que no siempre eran empleados de un canal; y si lo eran, eran los mejores".
Dos conclusiones valiosas (y también casi elementales) se desprenden de estos dichos. La primera pasa por la duración. En los unitarios, la línea argumental de cada episodio empieza y termina en el mismo capítulo. Y el siguiente sólo se identifica con el anterior en el título y el paraguas de una temática común. Pero se trata de una historia diferente. Por eso Historias de jóvenes , Cosa juzgada , Nosotros y los miedos , Compromiso , Yo fui testigo (con Halac como autor), Las 24 horas , Tiempofinal , Mujeres asesinas y Lo que el tiempo nos dejó son ciclos de unitarios hechos y derechos, surgidos en distintas etapas de nuestra historia televisiva.
El puntero está muy claramente afuera de esa lista, porque tiene continuidad en las temáticas y los personajes centrales son siempre los mismos, así como las características básicas de la acción. Desde esa premisa cada episodio aporta (como en cualquier serie) matices novedosos y diferentes.
Sin embargo, este ciclo (al igual que Para vestir santos , Trátame bien , Culpables y hasta Los simuladores ) aparece en el glosario televisivo bajo la categoría de "unitario". Un enunciado por lo menos curioso, porque en todos estos ejemplos nos encontramos con los mismos personajes y los mismos ejes argumentales semana tras semana. ¿No será, entonces, que la confusión nace de la frecuencia de las emisiones y algunos terminaron por creer que los "unitarios" son tales sólo porque se ven una vez (o dos) a la semana?
El segundo corolario de la definición de Halac apunta de lleno a la valoración. En estos casos suelen comprometerse los mejores esfuerzos artísticos, humanos y técnicos en procura -aún en los casos en que las expresiones de deseos superan a la realidad- de una TV jerarquizada, atractiva, distinta, mejor. Para una televisión que apunta por una vez a lo más alto lo menos que se espera son definiciones precisas.
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