
La educación, bajo la lupa
"¿A quién le importa la educación?", programa periodístico y de debate. Conducción y producción general: María Laura Santillán. Producción periodística: Karina Graziano. Producción ejecutiva: Fernando Vailati. Dirección: Marcelo Demattei. Realización general: Ricardo Ravanelli. Los sábados, a las 20, por Canal 13.
"Hoy, más que nunca, la gente tiene problemas, pero no posee la solución para esos problemas", dice Giovanni Sartori en el final de "Homo videns, la sociedad teledirigida". A la frase del pensador italiano podríamos agregar que, entre nosotros, existe la creencia de que es posible reemplazar una actitud de "manos a la obra" consciente y responsable a través de una fórmula que se limita a la quejosa exposición de una serie de circunstancias adversas casi imposibles de remediar. La inevitable consecuencia de este cuadro es un estado de ánimo cercano a la frustración.
De allí surge, en muy buena medida, el dilema que se desprende de la visión del primero de los cuatro capítulos de "¿A quién le importa la educación?". Por un lado, queda la sensación de que la buena voluntad y el espíritu constructivo que se desprende de la mayoría de las declaraciones recogidas en el programa -de padres, docentes, alumnos y especialistas- no podría superar, aunque la iniciativa se repitiera una y otra vez, el umbral del diagnóstico de supuestas responsabilidades siempre ajenas a quien formula la queja.
Por el otro, también salta a la vista que a una televisión durante largo tiempo indiferente a estas cuestiones le costará mucho reinsertarse en el lugar del compromiso cívico y social alentado por iniciativas tan loables como la que acaba de iniciar Canal 13. Aún revestido de un magnífico trabajo visual y con una puesta en escena que aprovechó a la perfección la sugerente escenografía del Colegio Nacional Buenos Aires, "¿A quién le importa la educación?" no mostró diferencias de fondo respecto del modo en que las cuestiones educacionales son abordadas en los noticieros, sobre todo cada vez que hay alguna queja puntual sobre deficiencias edilicias.
Por eso, entre las muchas cosas que se escucharon, quizá la más lúcida de todas fue aquella en la que se afirmó que el debate sobre los edificios escolares no es lo mismo que el debate sobre la educación. Como si nuestra TV no pudiera todavía ir más allá del testimonio a todas luces impactante -que hemos visto una y mil veces, en vivo y en directo- de los alumnos que cortan las calles porque denuncian que las escuelas se caen a pedazos o de los docentes que muestran en qué condiciones se lleva adelante la tarea escolar en las zonas del conurbano afectadas por la pobreza extrema y por carencias de todo tipo.
Está bien que una producción como ésta recupere estas cuestiones como punto de partida y, de paso, ponga de manifiesto -como observaron el rector del Buenos Aires, Horacio Sanguinetti, padres y más de un alumno- la inutilidad de ciertas ruidosas metodologías de protesta estudiantil. Pero, por tratarse de una producción en la que se aprecian muchas semejanzas con las realizaciones especiales que viene llevando adelante el área de noticias de Canal 13 -"Telenoche investiga" y "Telenoche especial", sobre todo- podría esperarse aquí alguna instancia superadora que pueda ir más allá de la puesta en escena de una catarsis colectiva de la sociedad argentina y los males de su educación.
Desahogo, eso sí, hecho casi en forma de compartimientos estancos con la ausencia notoria de funcionarios, legisladores y dirigentes políticos, porque al menos en la emisión de anteanoche no se vio debatir en conjunto a los alumnos, los docentes, los padres y los especialistas que dijeron lo suyo por separado, sucesivamente interpelados por María Laura Santillán. La conductora, dicho sea de paso, se mostró impecable y muy comprometida con los temas tratados al moderar los debates, pero no se mostró tan eficaz en las presentaciones, quizá condicionada por un guión con demasiadas frases sentenciosas.
"¿A quién le importa la educación?" es un primer paso en la dirección adecuada si es que efectivamente la TV quiere dar señales de respuesta a los justificados cuestionamientos en torno de su desapego por los temas importantes. Pero darse por satisfechos con la mera enunciación del problema puede convertirse, aún más allá de los loables propósitos de los responsables de este programa, en otra muestra del errático camino que transitan los canales de aire en torno de las cuestiones clave de la vida social en la Argentina. El riesgo mayor, como señaló Sartori, es que la televisión presente un problema, pero al mismo tiempo termine por anular el pensamiento que lo debería resolver.
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