
Luciano Castro: testosterona pura
A punto de estrenar Herederos de una venganza, la nueva tira que lo tiene como protagonista, el galán habla de sí mismo con el sentido autocrítico que lo caracteriza
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Es un lugar común pensar que el éxito cambia a la gente. Un prejuicio quizá, pero que en el caso de Luciano Castro se vuelve certeza. Valientes lo cambió, pero fue mucho antes del suceso de rating y no de la manera esperada para el protagonista de la ficción más vista de la TV. La sinceridad es la misma de otras notas, pero la disposición no. Porque el actor que se sentaba frente al grabador como alguna gente se acerca al sillón del dentista ya no está. En su lugar, aparece una persona que habla del programa que encabeza, Herederos de una venganza - que comienza mañana, a las 22.30, por El Trece-, de sus compañeros de equipo y de su carrera, con una honestidad que lo hace distinto, entretenido, un buen contador de su propia historia.
"Antes de empezar con Valientes [Adrián] Suar me dijo que necesitaba que fuera un líder positivo. Me lo quedé mirando porque me parecía demasiada responsabilidad la que me tiraba encima. Me preguntó si lo había entendido, y yo, como no tengo vergüenza de decir que no, se lo dije. Y me lo repitió: «Líder positivo». Me costó entenderlo porque yo no tengo el mejor humor, ni soy el más simpático, ni nada que se le parezca, pero con el tiempo comprendí que si vengo acá con mala onda o cara de culo, pudro todo. Si llegás mal predispuesto, la gente que tiene que estar pendiente de su trabajo termina atento a tu humor y eso genera malestar. Fue difícil porque realmente me avergonzaba saber que hacía esas cosas", recuerda Castro desplegando una honestidad que suele ser brutal y siempre apuntada a él mismo.
Un autocrítico grave que habla maravillas de los demás, sus compañeros de elenco de hoy y los dos pasados, pero que para él se reserva las opiniones más duras. A saber: "En estos veinte años que vengo trabajando, infinidad de veces me equivoqué e hice cosas que no tendría que haber hecho. Pero lo cierto es que no hay un manual que diga cómo se trabaja en la tele, no existe el Kapelusz de quinto grado. Se trata de aprender, transitar y cruzarte con gente como la que me crucé yo".
Otra persona, otro actor, otro protagonista hablaría de "esos que me ayudaron en mi carrera", sin detenerse el tiempo suficiente para nombrarlos. No es el caso de Luciano Castro. En absoluto. Cada repaso del pasado, cada agradecimiento, tiene nombre y apellido. Y son muchos.
"Lo primero que hice en Pol-ka fue RR DT con Carlín [Calvo]. El tipo estaba todo el día diciéndome lo que estaba bien y lo que estaba mal y tuvo gestos de grandeza conmigo impresionantes. El personaje que yo hacía en el programa era muy pequeño, y él decía: «Eso que lo diga Luciano, agregale letra». Tiene mucha generosidad. Y de esto también puede dar fe Marianito Martínez", dice Castro y se calla. Porque aunque está entusiasmado con el recuerdo de quienes le dieron una mano en el camino hacia dónde está, de repente se escucha y se detiene para agregar algo, bien a su estilo: "Yo le sigo diciendo Marianito, y Martínez ya es un viejo choto". Y continúa, como si no hubiera pasado nada. "En Campeones me encontré con Osvaldo [Laport], que es un amor de persona, un tipo muy afectuoso. Tuve mucha suerte. Pero a la suerte hay que saber acompañarla porque si no se acaba o se hecha a perder."
La escuela televisiva
Afuera, en el imaginario pueblo de Vidisterra, armado en el predio de los estudios Baires, las grabaciones avanzan a toda máquina, aunque lo bucólico del escenario le quite al trabajo arduo algo del habitual nervio bajo el que funcionan las producciones televisivas. O tal vez sea la impronta de su protagonista.
"Me divierto todo el tiempo. No hablo de trabajo más allá del set. No puedo ser actor once horas al día. Puedo actuar el rato que me pidan, estudié y me capacité para resolver el trabajo, pero necesito descomprimir, charlar relajado antes de entrar a grabar. No me sirve estar todo el tiempo en pose de actor. En eso tuve los mejores maestros: Miguel Angel Rodríguez, «El Puma» Goity y «Coco» Silly", cuenta Castro, que ya terminó sus escenas del día y pronto se subirá a su moto para volver al hogar. Una vez allí, estudiará la letra para la grabación de mañana, que lo obligará a despertarse a las seis de la mañana y, por ende, a dormirse bien temprano. Una rutina que, a pesar de su estampa, vuelve a colocar al actor bien lejos del imaginario del galán televisivo. Lo mismo que el recorrido, modesto y agradecido, que hace de su formación. "«El Puma», Miguel Angel y «Coco», cada uno a su estilo, me mostraron que si soy de madera seguiré siéndolo por más que vea sesenta mil obras y si tengo alguna chance de ser bueno lo seré, aunque no vea nada. Un día en Los Roldán me lo dijeron clarito: «No nos rompas más las pelotas hablando de trabajo»." Y la lección fue aprendida al igual que todas aquellas enseñanzas que el actor adquirió trabajando en Jugate conmigo .
"Arranqué con el más grande de todos, con Gustavo Yankelevich. No hay tipo que sepa lo que saben él y todo su equipo. Fue después, cuando estudié actuación por ocho años, que me confundí, y no digo que esté mal estudiar, pero mi gran maestro de teatro, Raúl Serrano, un día me dijo: «Cuanto más sabés, más difícil te resulta actuar, porque tenés más herramientas, las querés poner todas en práctica y no se puede». Tenés tantos conocimientos en la cabeza que si no resolvés desde lo básico del personaje, empezás a intelectualizar y te volvés loco. Porque una tira no es un unitario, no es teatro y no es cine. En una tira, tenés que ser efectivo al ciento por ciento, estar a pleno todos los días durante once horas", explica el actor, convencidísimo de lo que dice. Tanto que cuando se le recuerda que si las cosas van bien -como fueron en Valientes-, las grabaciones intensivas podrían durar todo el año, describe una escena tan detallada que da la impresión de que ya la imaginó varias veces.
"Si Dios quiere y la suerte nos acompaña y grabamos todo el año necesitaré hablar de otras cosas, la formación de Ferro, no sé, cualquier cosa, para no volverme loco, para no irme a la tumba de Shakespeare y pegarme un tiro ahí. Te imaginás las noticias diciendo: «Seudoactor argentino se suicida en Inglaterra. Se cree que era actor, aunque otras versiones dicen que tenía un quiosco. No importa, la cosa es que el idiota se mató en la tumba de Shakespeare»", se ríe Castro, mientras por un pasillo se escucha a Romina Gaetani, cantando "Loca", de Shakira, a todo pulmón. Está claro que el ejemplo de descompresión de Castro hizo escuela en su compañera de elenco. Un grupo que, según él, va por el buen camino que transitó el de Valientes .
"Cuando las cosas van bien, estamos contentos, pero lo que puedo ver a casi dos años de Valientes es que así nos hubiera ido mal nos hubiéramos llevado bien igual. Hoy en día pasa muy poco tiempo sin que hable con Eleonora [Wexler] y con Mariano y Gonzalo [Heredia], el encuentro es inevitable porque cada quince días les tengo que hacer un asado. Es que no saben ni prender el fuego", dice Castro, que sólo en broma es capaz de hablar más o menos mal de sus amigos. Y enseguida admite lo que está claro como el agua: "La verdad es que los adoro. Nos cruzamos en un momento en que los tres estamos a punto caramelo y nos ayudamos muchísimo. Y acá está pasando lo mismo. Para mí, eso es lo más cerca del éxito que se puede estar. El otro día estaba haciendo una escena con «El Tano» Ranni y en medio de la situación no podía dejar de pensar que estaba trabajando con Rodolfo Ranni. ¡Cómo dice las cosas! ¡Qué hijo de puta, cuánto oficio que tiene! Disfruto de que me sigan pasando esas cosas, de que este trabajo me siga deslumbrando", termina diciendo el actor que mañana cuando se estrene Herederos de una venganza , como siempre le pasó, preferirá no mirarse en pantalla. Algunas cosas nunca cambian.
LLAMANDO A VERONESE
PARRAFO>Tal vez sea porque está trabajando en los estudios Baires en los que se filmaron cantidades de recordadas películas del cine nacional que uno supone que cuando Castro habla de directores con los que le gustaría trabajar se está refiriendo al cine. Pero no. Habla de teatro.
"Pienso en teatro todo el tiempo. Si Veronese me escucha -se acerca al grabador y sube la voz- Daniel, ¿Me escuchás? Me gustaría trabajar con él porque sé las puestas y las apuestas que hace. Creo que los que estamos catalogados de galanes necesitamos la oportunidad de mostrar que, además de hacer de bonito, podemos actuar."
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