
Maradona ante el espejo del "Mono" Gatica
La TV se prende de Diego y podría repetirse la aciaga historia del boxeador
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La caída de un dios pagano en la era moderna no es un simple vuelo solitario desde la gloria hacia la nada. Sentenciado a atravesar un vía crucis personal, frente a medios y públicos ávidos, lo esperan dolorosas estaciones mientras se precipita lenta, pero inexorablemente.
El deterioro físico y psíquico; la murmurante maledicencia de los demás; el resquebrajamiento de la imagen pública hasta grados inauditos; la atomización y el enfrentamiento entre los afectos cercanos y la aparición de los oportunistas de turno listos para hacer negocitos de último momento son potenciados, por sus implicancias masivas, en la televisión. Siempre dispuesta a deglutirse, como sea, y hasta el último bocado, a los "próceres" mediáticos caídos en desgracia, la TV en su afán de ser original y de golpear más fuerte, termina convirtiéndolos muchas veces en verdaderos esperpentos, tanto más patéticos cuanto más expuestos son de manera forzada y caprichosa.
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Sin saber nada de ciertas graves contraindicaciones de la exposición mediática a mansalva, algunas tribus africanas, sorprendidas por exploradores "civilizados", se oponían tenazmente a ser registradas por cámaras y filmadoras, alegando que en la imagen reproducida se escapaba parte de sus almas y sus efectos se volvían incontrolables.
Por tercera vez, luego de los sucesivos y gravísimos resquebrajamientos de su salud corporal y psíquica, que lo llevaron al borde de la muerte, anteanoche el ex astro del fútbol mundial, Diego Armando Maradona, accedió al reportaje televisivo de más extraño formato del que se tenga memoria: una conversación, micrófono y auriculares mediante, con el entrevistador dándole la espalda y, supuestamente, al mando de un helicóptero que sobrevolaba zonas residenciales y countries.
Cuando ese raro efecto aún no debe haberse disipado por completo de su siempre tironeado y frágil estado de ánimo, sometido usualmente a tantas falsas reverencias, esta misma noche -antes de emprender mañana su regreso a Cuba para continuar con su tratamiento de recuperación a la adicción a la droga- tendrá en sus manos otra difícil misión: rescatar de las profundidades a Nicolás Repetto, quien el domingo último, en la segunda emisión de su nuevo ciclo, "Domínico", perdió por 30 puntos de diferencia contra Telefé, que lo apabulló con "Shrek". Antes de trascender la entrevista a Maradona, las huestes de Claudio Villarruel preparaban para esta ocasión a otro ogro verde, "El grinch", pero habrá que estar atentos a las sorpresas de último momento a las que es tan afecto el programador de la calle Pavón.
La entrevista de hoy, a las 21 por Canal 13, promocionada como "Un domínico de Diez", tendrá un atractivo plus para los que siempre están pendientes de las pasiones menores y, sin duda, le agregarán una tensión suplementaria al ex genio futbolero de Villa Fiorito: los memoriosos de minucias recuerdan la irritación que a Maradona le había causado la "vueltita" que Repetto le había hecho dar en "Sábado bus", allá por junio de 2001, para ponderar el estado físico de la entonces todavía esposa de Diego, Claudia Villafañe. Embargado por los celos, voló en su camioneta hacia el estudio desde donde se transmitía el programa, pero entonces no pudo ver a Repetto. Quizás el tema resurja hoy, aunque ya sin tanta pasión. "Claudia también me bajó la persiana", reconoció anteanoche, mientras iba y venía por los cielos porteños y bonaerenses, sin casi mirar hacia afuera.
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Un buen consejo para cualquiera es pensar bien antes de aceptar a qué tipo de exposición mediática se lo quiere someter y qué consecuencias puede tener a futuro sobre sí mismo y sobre la opinión pública, mucho más aún si se trata de un ídolo popular que no está pasando por su mejor momento. La necesidad legítima de Maradona por generar ingresos no debería servir de excusa para aceptar todo lo que se le cruce.
Tras la caída de Perón, en 1955, se terminó el glorioso cuarto de hora del inefable boxeador José María Gatica. Necesitado de dinero, dos años después bajó al escalón del catch para enfrentarse con su figura más emblemática, Martín Karadagian, nada menos que en la Bombonera. Pero ya no un escalón, sino unos cuantos pisos más descendió cuando su gran oponente boxístico, Alfredo Prada, abrió un restaurante céntrico y, por unos pesos, el "Mono" aceptó ser exhibido en la puerta como un fenómeno viviente. Ya se sabe cómo terminó esta historia: en 1963, apenas con 38 años, Gatica murió aplastado por un colectivo, a la salida de la cancha de Independiente, su cuadro favorito, donde vendía patéticos muñequitos, ya al borde de la miseria.
Evitemos que Maradona se convierta en un nuevo esperpento. Si realmente tanto creemos que es un símbolo nacional -y lo es, lamentablemente también en sus flancos más débiles- cuidémoslo un poco más.




