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The Clash – London Calling – 5 estrellas
Hasta ahora, nuestras expectativas con The Clash podían parecer exageradas e imposibles de satisfacer. No se trata simplemente de que sean la banda de rock más grande del mundo, después de años de ver demasiadas superestrellas transando, desperdiciando oportunidades y vendiéndose, ser los más grandes es sinónimo de ser la última esperanza de la música. Aunque la banda rechaza esa clase de etiquetas, dicen exactamente cuán alta es la apuesta y cuán urgente la necesidad. The Clash comenzó su carrera en la cima de lo que parecía una revolución, para luego ver al movimiento punk pulverizándose en su propio ímpetu violento o siendo absorbido por la maquinaria comercial que se había propuesto destruir. Ahora, contra su voluntad, ellos son los únicos que quedan.
Give ‘Em Enough Rope, el anterior disco de la banda, iba en contra de la noción de que ser héroes de rock es un martirio. Aunque el álbum se presentaba como una última posición que creaba un dilema casi insoluble: después de haber desatado el Apocalipsis en tu mente ¿cómo es posible continuar? En el nuevo LP de The Clash, London Calling, hay una canción titulada "Death or Glory" que parece dilucidar el problema. Por encima de un áspero y tormentoso riff de guitarra, Joe Strummer recita una sombría letanía sobre el fracaso. Luego, su compañero Mick Jones, se adelanta para clavar lo que parecería el último clavo en el ataúd. "Death or glory", anuncia amargamente, "Become just another story" [Muerte o gloria, volverte sólo un cuento más].
Pero "Death or Glory" –en muchos sentidos, la canción principal de London Calling – retrocede a mitad de camino. Luego de que el angustiado grito de Jones se desvanece, la música parece dispersarse en el eco de sus palabras. Strummer vuelve a entrar, silencioso y sin dramatismo, hablando para sí mismo, como si no le importara si alguien más estuviera escuchando. "We’re gonna march a long way" [vamos a andar un largo camino] susurra, "Gonna fight – a long time" [a luchar mucho tiempo]. Las guitarras, distantes como grillos en alguna lejana llanura, empiezan a repuntar. La batería se concentra en un ritmo, y Strummer lentamente va ganando autoridad y energía y canta:
We´ve gotta travel – over mountains
We´ve gotta travel – over seas
We´re gonna fight – you, brother
We´re gonna fight – till you lose
We´re gonna raise – TROUBLE
La banda vuelve al frente, y cuando los cantantes surcan el coro final de "Death or glory… just another story", uno entiende realmente lo que están diciendo: ¡demonios, es esto! Alegre y duro, apasionado y enérgico, London Calling celebra la rebelión del rock en una escala épica. No solamente confirma el compromiso de The Clash con el rock entendido como revolución. Más bien, el disco extrae su sonido atravesando toda la historia del rock & roll, y se sumerge profundamente en las leyendas, mitos y visiones políticas del rock para construir sus imágenes y temas. Todo ha sido reunido en una vasta y conmovedora historia, una historia que, The Clash nos dice, no les pertenece solo a ellos sino también a nosotros. Con todo ese estilo de grabado en una toma y su producción guerrillera, estos dos LPs –los cuales, por insistencia de la banda, se venden por no mucho más que el precio de un solo disco- son música destinada a perdurar. Son tan ricos y tan ambiciosos que te dejan no sólo excitado sino trinfualmente vivo.
Desde el principio, sin embargo, uno sabe cuán dura será la pelea. "London Calling" abre con una nota ominosa. Cuando Strummer comienza a cantar tras el compás de entrada suena desesperado y cansado: "The Ice Age is coming/The sun is zooming in/Meltdown expected/The wheat is growing thin" [La era de hielo está llegando, el sol se acerca, el derretimiento esperado, el trigo crece más fino].
El resto del disco nunca regresa de esa inicial visión de pavor. Es más, te arrastra a través del horror para terminar llevándote hasta el otro lado. La clase de heroísmo de The Clash puede ser extremadamente romántica, aún ingenua, pero su completa negativa de sentimentalizar su propio mito – y su determinación de vivir en el mundo real según un código de honor, sin minimizar nunca los riesgos- hace que ese romanticismo parezca no sólo valiente sino además absolutamente necesario. London Calling suena como una serie de insistentes mensajes enviados a dispersos ejércitos nocturnos, advertencias y consuelos, exhortaciones y recomendaciones de mantenerse en movimiento. Si comenzamos con la desolación de la canción que titula el disco, terminamos, cuatro lados después, con Mick Jones lanzando un heroico desafío en "I’m Not Down" y encontrando una maravillosa metáfora en el fondo de su depresión que lo conduce – y también a nosotros – a la superficie. "Like skyscrapers rising up", grita Jones, "Floor by floor–I´m not giving up." En ese momento Joe Strummer invita al público, con un guiño y una sonrisa, "To smash up your seats and rock to this brand new beat" [a golpear los asientos y bailar con este nuevo ritmo] en la alegre invocación de "Revolution Rock".
Contra toda la brutalidad, injusticia y las grandes y pequeñas traiciones narradas en este disco canción tras canción – los fascistas de "Clampdown", los publicitarios de "Koka Kola", el dealer que resulta ser el único amigo del cantante en la hipnótica e insomne "Hateful" – the Clash solamente puede ofrecer la fe, la inocencia, el humor y la camaradería corporizada en la banda misma. Esto reluce en todas partes, contrarrestando el horror que el LP aborda una y otra vez. Puede tomar formas tan simples como dejar que el bajista Paul Simonon cante "The Guns of Brixton"; o más sutiles como cuando Strummer comienza a cantar para ayudar a la frágil voz de Jones en la desolada "Lost in the Supermarket". Puede ser, también, algo íntimo y simpático como el momento en que Joe Strummer desinfla cualquier atizbo de portentosidad sobre la igualdad sexual en "Lover´s Rock" soltando un "I’m so nervous" para cerrar la canción. En "Four Horsemen", que suena como el soundtrack de una versión rock de Los Siete Samuráis, el orgullo marcial de the Clash resuena abiertamente. Las guitarras y la batería comienzan un galope estruendoso y cuando Strummer canta, "Four Horsemen…", los otros miembros de la banda se van a la carga gritando alegremente: "…and it’s gonna be us!".
London Calling es amplio y extravagante. Está repleto de personajes y episodios dignos de una gran novela, y los novedosos agregados estilísticos – bronces, órgano, un ocasional piano, algo de blues y de pop más la influencia del reggae y del dub que resuena en casi todos los temas- agregan densidad y riqueza al sonido del disco. Del desenfrenado rockabilly-mezcla con la calidad de the Ventures de "Brand New Cadillac" ("Jesus Christ!" le grita Strummer a su ex novia, divirtiéndose tanto que se olvida de su rabia, "Whereja get that Cadillac?") saltamos al tema de cuerdas arrastradas de "Jimmy Jazz", una escena callejera al estilo Nelson Algren que se arrastra tan lentamente como su protagonista, sólo un paso más adelante que los policías. Si "Rudie Can´t Fail" (la "She´s Leaving Home" de nuestra generación) celebra una iniciación en la vida bohemia con afecto y estilo, "The Card Cheat" vuelve a lo que sería el mismo personaje 20 años después, derribado a balazos en un último intento de permanecer "More time away from darkest door" [más tiempo lejos de la puerta oscura]. Un increíble trasfondo orquestal le da a esta anécdota del submundo una densidad sombría que va más allá de su alcance original. Al final de "The Card Cheat", la canción explota subitamente en una magnífica panorámica – "from the Hundred Year War to the Crimea" – que convierte el efímero pathos en una tragedia permanente.
Otros temas abordan la historia frontalmente y la convierten en parte de la historia misma de the Clash. "Wrong ‘Em Boyo" retoma la vida de Stagger Lee en clave reggae, forjando una ligazón entre esa leyenda cantada por el rock & roll y las propias raíces politizadas del rock de la banda. "The Right Profile", que trata sobre Montgomery Clift, realiza una transformación diferente. Por encima de unos sarcásticos vientos, Joe Strummer se burla y se ríe del colapso del actor debido a las píldoras y la bebida, para después cerrar con una inesperada y asombrosa nota de admiración reticente. Tal como dice el cantante: sin importar cuán horrible y patética haya sido la vida de Clift, el era – a pesar de todo – uno de los nuestros.
"Spanish Bombs" es probablemente la mejor y más ambiciosa canción de London Calling. Una intro repiqueteante y en ascenso te mete en la canción, y antes de que te des cuenta Strummer ya está a mitad del relato. Solo y perdido en su "disco casino", él es incapaz de decir si los disparos que escucha vienen de las calles o están dentro de su mente. Fragmentos de español, trozos de escenas de combate, guitarras de flamenco y cadenciosos cantos de niños se funden en un caleidoscopio de coraje y desilusión, de antiguas guerras y corrupción contemporánea. La evocación de la Guerra Civil española es suntuosamente romántica: "With trenches full of poets, the ragged army, fixin´ bayonets to fight the other line." canta Strummer, mientras Jones lanza unas notas suaves y punzantes a su espalda. Aquí, como en el resto del disco, el pasado heroico no es resucitado simplemente por amor a la nostalgia. Más bien, the Clash nos dice que las lecciones del pasado deben ser asumidas antes de que podamos aplicarlas al presente.
London Calling ciertamente aprueba ese desafío. Con su grisácea foto de tapa, su sonido elaborado sobre la marcha y sus canciones crispadas de nombres y frases de actualidad, es tan coyuntural como ambicioso. Pero el álbum también reclama ser nada menos que el último campo de batalla de una guerra de rock & roll, política y cultura que, sin duda, continuará eternamente. "Revolution Rock", el epílogo formal del LP, celebra la alegría de esa lucha como un carnaval permanente. Un órgano se eleva formando círculos alrededor de la voz de Joe Strummer, mientras la sección de vientos se tambalea como si se tratara de una banda de mariachis ebrios. "This must be the way out," dice Strummer por sobre su hombro, tan alegre por su suerte que casi parece no creerlo, "El Clash Combo", murmura como un padre orgulloso, rodeándolo, haciéndolo sentir como en casa. "Weddings, parties, anything... And bongo jazz a specialty."
Pero es Mick Jones quien tiene la última palabra. "Train in Vain" aparece como un huérfano tras la estela de "Revolution Rock". Ni siquiera figura en la lista de temas, y suena débil, casi lejana. El deseo, la ternura y el arrepentimiento se mezclan en la voz de Jones cuando habla de esa chica a la que está perdiendo como si perdiera todo, aunque de algún modo se las arregla. Aunque su dolor se total, su orgullo le permite cantar sobre eso. Una canción melancólica y simple sobre el amor, la pérdida y la perseverancia. "Train in Vain" parece un extraño final para ese tumultuoso himno que es London Calling. Sin embargo es absolutamente apropiado, porque si este disco nos dice algo es que una historia de amor y una revolución – las pequeñas batallas tanto como las grandes – no son tan diferentes. Ambas son parte de la misma larga y maldita marcha. (RS 314)




