
"Trabajo para lograr ¡el primer santo arquitecto!"
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"Siempre tuve una preocupación profunda por conseguir una unión entre mi profesión y mi fe cristiana. Lo logré recorriendo dos caminos. El primero, cuando ingresé en la Fundación Flexer de Ayuda al Niño Enfermo de Cáncer, a causa de la pérdida del menor de mis hijos", recuerda el arquitecto Juan Carlos Barros.
"Uno de mis trabajos en la fundación fue la remodelación del servicio de hemato-oncología del Hospital del Niño Jesús, en la ciudad de Tucumán. Los chicos internados, y sus padres y familiares pasan largas temporadas en el hospital, entonces los espacios deben ser amplios, cómodos, muy luminosos y atractivos. Convoqué a los estudiantes de Bellas Artes y les propuse que sugirieran temas para pintar las puertas de las habitaciones. Imaginamos que todo el pabellón era un gran ferrocarril con las puertas de los compartimientos con dibujos de muchos colores. Y para que la permanencia en las habitaciones fuera más entretenida, decidimos aprovechar las paredes y transformarlas en enormes planos para jugar a algo muy tradicional y conocido: el veo-veo."
-¿Cuál fue el segundo camino para unir su profesión y su fe?
-El descubrimiento de Antonio Gaudí como creyente y arquitecto. Cuando lo criticaban porque desde hacía 40 años trabajaba en la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, en Barcelona, y todavía no lo había terminado, respondía: El cliente no tiene apuro . Es que, para Gaudí, el cliente era Dios.
- Muy irónico.
-En realidad, Gaudí era un cristiano practicante, y eso asombraba a sus contemporáneos. Cuando se recibió de arquitecto, en 1878, el director de la Escuela Técnica Superior de Barcelona, Elies Rogent, dijo: "Hemos dado un título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá". El domingo 18 de marzo de este año se cumplieron 125 años desde que se colocó la piedra fundamental del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. El primer proyecto era del arquitecto Francisco de Paula del Villar, que lo abandonó por desavenencias un año más tarde. Entonces, Gaudí, que era su ayudante, se hizo cargo de la obra. Tenía 31 años e hizo un replanteo total del proyecto original. Continuó trabajando en él junto con otras obras, pero cómo sería su pasión que, en 1910, abandonó todo para dedicarse exclusivamente al templo de la Sagrada Familia, que de todos modos sigue sin terminarse. Pero incluso su muerte es curiosa.
-¿Cómo murió Gaudí?
-El atardecer del 7 de junio de 1926 cruzaba la Gran Vía de les Corts Catalanes a la altura de la calle Bailén, un camino que hacía habitualmente para llegar a la iglesia de San Felipe Neri y desde allí caminar hasta la Sagrada Familia, cuando fue atropellado por un tranvía. Lo llevaron inconsciente al hospital de la Santa Creu y nadie pudo reconocer en ese anciano pobremente vestido al gran arquitecto, creyeron que era un pordiosero. Todo lo que llevaba encima eran algunas monedas, y un ajado y subrayado Evangelio. Murió tres días después y fue enterrado en la cripta del Templo Expiatorio. Soy un estudioso de la obra de Gaudí y habitualmente doy conferencias explicando su obra. Pero, además, como otros entusiastas, trabajo para lograr ¡el primer santo arquitecto! La canonización del maestro catalán. Una historia larga, pero así son los tiempos en la Iglesia. ¿Vio El gran silencio ?
-No, ¿de qué trata?
-Es un documental sobre la vida en una abadía cartuja de Grenoble, en los Alpes franceses. Dura cerca de tres horas y no tiene música, salvo el canto gregoriano de los monjes. El resto son sonidos: pasos, el toque de una campana, el viento, una gota de agua que en el silencio cobra una presencia extraordinaria. A su director, el alemán Philip Gröning, se le ocurrió la idea en 1984, pero cuando se comunicó con el abad éste le dijo que todavía no era el momento, porque en el interior de la abadía el tiempo transcurría de otra manera. Pasaron 14 años y una mañana, cuando Gröning había casi archivado el proyecto, recibió una llamada del abad autorizándolo para filmar. La vida de los cartujos es muy rigurosa, viven aislados en su celda, salvo una vez por semana en que se encuentran para almorzar. Gröning tuvo que filmar sin técnicos, todo lo que le aprobaron fue una videocámara Sony con la que filmó 120 horas de película. Durante seis meses hizo vida de novicio, siguiendo el severo reglamento de la orden. Hay una parte en que el monje sastre confecciona el hábito de un recién llegado. Se oye el roce de la mano alisando la tela, luego la tijera cortando el género. Ellos sostienen que sólo cuando se hace el silencio se puede ver lo que ocurre en el mundo. Recuerdo una anécdota.
-¿Cuál?
-Una vez hice una remodelación en el Convento de las Carmelitas, en Belgrano. La superiora, una mujer muy anciana, pero muy lúcida, me comentó que habían aparecido goteras, algo inexplicable porque la membrana que cubría la terraza era nueva. Subimos para ver que ocurría y entonces comprendí el porqué de las goteras: de la membrana no quedaba prácticamente nada. Se lo dije y me miró extrañada. "¡Cómo puede ser! No hace tanto que la pusimos. ¡Guardo la boleta!" Bajamos y me mostró un recibo amarillo donde constaba que la membrana había sido colocada hacía 12 años. "Pero hermana, ¡eso es mucho tiempo!" exclamé. "Mucho tiempo para usted, aquí adentro... ¡es un suspiro!", respondió misteriosa.




