
Tres generaciones de rock
Dylan-Stones: el público disfrutó a pleno la gran fiesta que protagonizaron dos de las más grandes leyendas del rock and roll.
1 minuto de lectura'
El público stone llegó temprano y se ubicó muy cerca del escenario, aguantando estoicamente la presión de la multitud durante varias horas. Según se anunciaba, sus majestades iban a realizar un show histórico, y no se querían perder ni el mínimo detalle.
A diferencia de lo que ocurre en gran parte de los países del Norte, en la Argentina el público adorador de la banda de rock más grande del planeta tiene entre quince y treinta años. Increíblemente jóvenes para un grupo que ya lleva más de 35 años de carrera, y uniformados con remeras de aquella lengua stone que ideó Andy Warhol, y jeans.
Los nostálgicos seguidores de Bob Dylan, de vieja cepa rockera, arribaron al estadio un poco más tarde. Apenas minutos antes de que el mítico cantautor norteamericano subiera a escena. La mayoría de ellos ocupó las plateas y el fondo del campo. Allí donde se ve el show desde lejos, pero tranquilo.
Y en medio de la masa que colmó el estadio de River Plate eran fácilmente identificables: todos ya habían vivido más de treinta abriles, y se les notaba.
Los Rolling Stones y Bob Dylan, dos artistas de la misma generación, juntaron en Buenos Aires a tres generaciones de argentinos rockeros, agrupados en dos conjuntos de personas con costumbres marcadamente diferentes, pero que conformaron el marco ideal, en una noche mágica e inolvidable para todos los presentes.
Entre aplausos y lágrimas
Cuando Dylan subió al escenario y comenzó con su sesentista lista de temas, los dos bandos se unieron en un respetuoso aplauso. Los stones seguían con palmas clásicos como "Mr. Tambourine Man" y "Lay Lady Lay", mientras que a los fanáticos de Dylan se les escapaba alguna que otra emotiva lágrima.
Luego vendría la reunión cumbre, donde el público ofrecería la mayor ovación de la jornada. La historia viva del rock & roll estaba frente a sus ojos, y no importaban las desprolijidades con las que Jagger y Dylan llevaron adelante el mítico "Like a Rolling Stone".
La gente presenciaba un momento único e irrepetible del rock mundial, y sólo cabía festejar. Con euforia, con emoción, con alegría, con excitación... pero festejar.
Dos puntos de vista
"Dylan es como uno más de los Stones, por eso compuso Like a Rolling Stone", sostenía un grupo de chicos que habían llegado desde el barrio de Floresta, con sus banderas stoneanas. Y la inexacta tesis era casi una ley para una buena porción de la tribu stone.
De allí, el enorme respeto hacia Dylan por parte de un público por demás difícil para cualquiera que no tenga el apellido Jagger, Richards, Watts o Wood, estampado en su documento de identidad.
"Dylan y los Rolling Stones marcaron mi camino musical durante muchos años, pero la diferencia es que en los 90 el viejo todavía sigue haciendo canciones hermosas, mientras que Jagger y Richards ahora viven de sus viejos temas", aseguraba Roberto, de 42 años, en estado de shock emocional al término del show de Dylan.
De todas formas, las dos posturas convivieron a lo largo del sábado sin ningún tipo de problemas. Y aquellos que pensaban que Dylan podría llegar a tener el mismo problema al que se enfrentó Meredith Brooks durante las primeras presentaciones de los Rolling Stones, estuvieron equivocados. No hubo ni abucheos ni indiferencia. Sólo hubo lugar para la fiesta.
Los famosos de siempre
Nadie quiso perderse anteanoche el primer encuentro entre los Rolling Stones y Bob Dylan, dos de las potencias rockeras más poderosas del planeta.
Por eso, los pasillos y las plateas preferenciales estuvieron abarrotadas de caras famosas. Tanto provenientes del palo del rock como de la televisión, el fútbol y la política.
La lista de rockeros que presenció el encuentro entre Dylan y los Stones estuvo encabezada por Luis Alberto Spinetta y su escultural compañera, Carolina Peleritti, quienes siguieron de largo cada vez que en su camino se cruzaba alguien con credencial de periodista. Fabián Quintiero, Skay Bellinson y Michel Peyronel, entre otros, completaron la selectiva audiencia del rock nacional.
Sin duda, la gran ausencia fue la de Andrés Calamaro, confeso admirador de Dylan, que por esas horas se preparaba para ofrecer su segundo concierto en el Luna Park, el último round de "Alta suciedad".
Germán Burgos, arquero de River Plate, de la selección argentina de fútbol y reconocido fanático del blues y el rock, también llegó al estadio para ver el show.
Por el lado de los actores, se pudo ver a Valentina Bassi y a Daniel Fanego dando vueltas por la platea General Belgrano.





