
"Tuve que aprender a caminar de nuevo"
Recuperada de una enfermedad que la tuvo cinco meses postrada, Mercedes Sosa rompe el silencio con una gira por América latina y con un nuevo CD
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Soy feliz por sentirme mejor. Y estoy agradecida con mis médicos." Con estas palabras, Mercedes Sosa está poniendo fin al encuentro. Estamos otra vez en ese living que otrora la encontró feliz o preocupada, eufórica o agotada, bendecida por los triunfos o abrumada por la responsabilidad del canto; velando siempre por la suerte de los suyos, su familia, sus amigos, los músicos.
Mercedes acaba de atravesar el largo calvario de una obstinada enfermedad que la postró por cinco meses. Ella está allí con un vestido oscuro de preciosas guardas rojas que le regalaron.
Es de lino y suelen usarlo para las fiestas las mujeres campesinas en el desierto de Israel.
Porque sabe que el vivir exige más coraje que el morir, ella, que ha gozado heroicamente de la vida, buscó más que conservarse transformarse y ascender, por el canto, hacia la belleza y hacia el ser humano.
"Tenía una obesidad tremenda. Y el sobrepeso -me dolían las rodillas- era ya un alerta.
Esta enfermedad me quitó treinta y dos kilos. Y ahora me cuido para no subir de peso. Aquello fue terrible. La debacle. Tuve que aprender a caminar de nuevo -aprender a vivir- como un niño.
Y eso es doloroso. Además, uno tiene miedo de caerse. Yo debí usar andadores para trasladarme en esta casa. Había días que no podía llegar al balcón. Yo sentía que el verde de las plantas me hacía bien."
Mercedes debió llamarse a silencio. Silencio profundo como el silencio mismo, conminada por el peso de una carrera infatigable de cantante internacional y por haber asumido los riesgos de luchadora contra la injusticia, la insensibilidad y prepotencia de los poderosos.
"Pero todo pasa en la vida. Y viene el remedio.
Violeta Parra cantaba "vivan los estudiantes". Yo ahora digo que vivan los especialistas. Ellos me han salvado. Llegué a tener diez vómitos diarios. Ni siquiera soportaba el agua. Y me estaba deshidratando. En el tema alimentación yo fui muy provinciana. Los guisos, los pucheros, el chanchito asado. No me gustaron mucho las carnes rojas. En cambio, comía mucho, porque me encantan, las pastas, pero sin salsa."
Ella, que se encuentra en ese período maduro de la recapitulación, que es el de la sabiduría, la bondad, la serenidad, la pureza, no puede olvidar aún sus pasados tormentos.
"Mi punto débil fue el esófago, donde se radicó lo que se llama "depresión enmascarada", algo no consciente, algo que no se puede manejar.
En mi caso es el resultado de un cansancio de años. Cuando me enfermé estaba a punto de iniciar una nueva gira internacional que demandaba dos cruces del océano. De Vancouver, Dallas, Nueva York a festejar mis treinta años en París; de allí a México, Puerto Rico, Miami, Washington.
De nuevo todo el tiempo en aviones, actuaciones, ensayos y al día siguiente a viajar para otro concierto Mi cuerpo dijo ¡basta! Porque eso se puede hacer hasta los cuarenta, cincuenta años. Entonces -esto ocurría en agosto del año último- me agarraron unas ganas enormes de dormir, de estar en cama y descansar."
Mercedes acaso adivinaba la consigna helénica "acuérdate de vivir". Porque es un desafío para el hombre el renacer varias veces de sí mismo. Pero su realidad era cruel.
"Tuve miedo de tener cáncer. No tenía fuerza para nada. Y no quería vivir así. Pero mi hijo Fabián me pidió llorando que no lo deje solo. Y María, mi compañía, se desvivió atendiéndome.
Yo ya había preparado todos mis asuntos por si me pasaba lo peor.
Pero ellos dos y los médicos me salvaron. No me había agarrado anemia, pero sí se me liquidaron todas las reservas físicas.
Allí comprendí mejor que nunca que más importante que el canto es la vida y esas pequeñas cosas a las que no se da importancia cuando se está sana."
-¿Cuándo empezó la mejoría?
-Exactamente el 21 de diciembre. Ya habían pasado cinco meses de postración, en los que me atendió un eminente gastroenterólogo, el doctor Costa. Siempre me gustó estar en casa, pero otra cosa es sentirse prisionera entre estas paredes. A mí no me gustan ni los bailes ni las fiestas; sólo el cine.
Por eso fue una alegría cuando fui a ver una película en las Galerías Pacífico, aunque faltan rampas para gente con dificultades para desplazarse, como yo ahora. Y disfruté de varias películas, entre otras, una preciosa, "Tocando el viento". Siempre elijo las que me dejan un mensaje.
Es hermoso ir al cine. Uno disfruta en compañía de muchas personas. Y me alegro de que la gente se esté hartando del video, ahora que las películas inglesas o norteamericanas levantaron la puntería.
-Al mejorarse probó de cantar...
-Sí. Felizmente no se habían dañado mis cuerdas vocales. Por eso en febrero empecé de nuevo a estudiar canto. Cuando comprobamos con mi profesora desde hace diez años, Carmela Giuliano, que tenía mi voz, nos pareció increíble.
Lloramos de alegría. Ella ya había llorado antes, cuando me vio temblando. (Lo mismo que Colacho, mi guitarrista, al que quiero tanto.) Luego encaré las dos primeras pruebas públicas: primero con la Federación Universitaria de Rosario, y luego en la Quinta Trabucco. Me cansé mucho, pero me sentí muy feliz con el cariño de la gente. Fue muy lindo mi regreso a la vida.
-No pudo ir a Cosquín...
-Aunque quería no pude. Pero sufrí viendo Cosquín. ¿Qué puede mostrar un artista con sólo dos canciones? Siempre hay dos Cosquín. El de la plaza y el de la televisión, donde salen cosas espantosas. Yo creo que al folklore le va bien por la gente del interior. Si fuera sólo por Buenos Aires, los artistas fracasarían.
En las provincias se conserva la memoria sobre ese patrimonio de canciones. Por eso, un artista debe darse -con la emoción y no con alaridos-, y no debe quedarse solamente con las ovaciones.
La chacarera es cosa seria, que merece, como los otros ritmos nuestros, el cariño y el respeto de los músicos. Yo debuté en Cosquín con zambas muy difíciles.
Por eso no me aplaudieron mucho. Y nunca fui una artista de gran éxito en el público. Siempre me presenté con el pelo lavado y mi ponchito. No creí necesario una especial puesta en escena para mí, ni tampoco me gustó decir chistes o contar cuentos. El hablar mucho nos aleja de la gente.
-El canto también continúa...
-De a poco, sí. Ahora participaré para una filmación sobre la yerba Cruz de Malta. Luego iré a Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. Tranquilamente. El 24 me condecoran con una orden importante en la embajada de Brasil por todo lo que hice en favor de la amistad de nuestros pueblos, y me espera un nuevo disco -el último que me queda por grabar en Polygram-, en el que estrenaré canciones como la que me escribió Peteco Carabajal y cantaré zambas antiguas y también hermosos temas olvidados, como "Viejo corazón", de Polo Giménez.
Estoy en plena etapa de elección de temas. Me faltan unos seis para terminar de definir el repertorio.
Mercedes ha reflexionado también sobre los Rolling Stones, Bob Dylan y el rock como espectáculo, pero insiste en que sólo asistiría a un recital de Pink Floyd, porque ama a los artistas humildes y sencillos. Habla del desafío de los cantautores, obligados a cantar sus propias canciones, y de la libertad e independencia de los simples cantores.
Amiga de pintores y escritores, ama la placidez del acto creador, sin estridencias ni urgencias.
Mercedes Sosa regresa desde el silencio para que la música renazca en su garganta. Para entregar mensajes de vida, porque en su convalescencia le ha sido revelado el profundo sabor de sus palpitaciones.
La voz de la Argentina y de América está de nuevo entre nosotros. Y la abrazamos como el mismo amor que sienten por ella los músicos y la gente, repitiendo junto al poeta Horacio: Non omnis moriar. No moriré del todo.
"Bob Dylan tuvo actitudes de soberbia"
"Hay desafíos físicos que un artista puede asumir hasta cierta edad -dice Mercedes-. Los Rolling Stones, que ya son veteranos, llegaron aquí como diez días antes de sus actuaciones.
Han tomado esto casi como un paseo. Claro que los empresarios lo pueden hacer porque el negocio es muy grande. Los que no somos del rock no actuamos siempre en grandes estadios, sino en salas de dos o tres mil localidades. Muchos hemos corrido de avión en avión, de país en país, de hotel en hotel, mal dormidos, a veces mal comidos.
Y así uno va destruyendo poco a poco las reservas físicas. Por eso hay que parar a tiempo, para no enfrentarse a una prueba como la que sufrí a causa del stress.
"En cuanto a los recitales de River, yo no hubiera ido, aunque me encontrara bien, a verlo a Bob Dylan. Porque sé que tuvo actitudes de soberbia, de mala educación para con la gente. Por más excelente creador que sea un artista, yo no me presto a ese juego.
Creo que uno abraza esta profesión y debe asumir con humildad el oficio de artista. Por eso amo a los artistas humildes que dan todo de sí mismos arriba y abajo del escenario. Que responden al pedido de la gente."
Distinción
Una filmación sobre la yerba Cruz de Malta; visitas a Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú; disco nuevo. Pero lo más inminente que le espera a Mercedes sucederá el viernes, a las 19.30, cuando el embajador del Brasil la condecore con la Ordem do Cruzeiro do Sul, por su contribución a la unión, a través de la música y el canto, de los pueblos de la Argentina y el Brasil.




