Un Coward con la mano de Alezzo
Lo que no fue / Autor: Nöel Coward / Intérpretes: Alejandro Giles, Cecilia Chiarandini, Tomás Pinto Kramer, Agustina Sáenz, Sol Fassi, Mariano Ulanovsky, Fernando De Simone, Seba Giménez, Lucas Álvarez, Ayelén Depirro y Marta Albertini / Escenografía y vestuario: María Julia Bertotto / Música: Mirko Mescia / Iluminación y dirección: Agustín Alezzo y Nicolás Dominici/ Funciones: sábados, a las 21, y domingos, a las 19 / Sala: El Duende, Aráoz 1469 (4831-1538) / Duración: 55 minutos.
Nuestra Opinión: Buena
En esta obra, el ferrocarril y su entorno son utilizados como un símbolo y una metáfora de la situación que viven los protagonistas: dos personas desconocidas, ambas casadas, y que, ante el despertar imprevisto del amor, deben tomar la decisión de tomar el tren o dejarlo pasar.
Los trenes entran y salen ajenos al drama humano. Entre sus paralelas, la vida de los pasajeros transita marcando una rutina que, a veces, empaña la existencia.
Un pequeño incidente en la cafetería de una estación de tren enfrenta a dos seres insatisfechos, aunque aparentemente felices. Es un breve encuentro que irá a modificar su futuro. Es una historia de amor clandestino, y no consumado, entre dos desconocidos, Laura y Alec. Él, médico con ideales altruistas, casado, y padre de dos hijos. Ella, esposa aburrida y con dos hijos.
El marco, un quiebre en la espera de un tren, es un bar de la estación de Milford, cuyo personal, tan anónimo como extraño, será testigo y cómplice de un amor tan breve como imposible. Allí se encuentran casualmente Alec y Laura, a quienes un pequeño incidente, una basurita en el ojo, los enfrenta a un destino inesperado. Contribuye la relación marital de cada uno, que se ha convertido en motivo de aburrimiento, vacía de sorpresas. Pero la realidad de dos trenes que van en sentido opuesto va anticipando el fin de una relación que no pudo ser.
La mano de Alezzo se nota en el trabajo que realiza con los actores para afinar sutilmente la composición de cada personaje. Si algún reparo se puede mencionar es la voz de Alejandro Giles que, por momentos y a causa de la emoción, se convierte en un murmullo apenas audible.
El diseño del espacio es el ideal para el desarrollo de las acciones y para la creación de un ámbito intimista, donde se permite al espectador ser partícipe del amor imposible de la pareja. Ayuda, y mucho, el clima que logra el juego lumínico con sus contrastes.
Allí, la dirección trabaja permitiendo que el público se sienta ubicado detrás de una cámara imaginaria que va siguiendo el devenir de los personajes.
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