
Un ex Puma de novela
Juan Soler, un exitoso rugbier tucumano que triunfa como galán junto a Verónica Castro en México.
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Es argentino, tucumano para más precisión; fue rugbier, Puma para ser más específicos; y hoy, a los 31 años, es un reconocido actor de México con varios premios cosechados por sus trabajos en novelas y obras de teatro. Pero para ser justos, habría que decir que Juan Soler es, además de todo eso, el galán de "Pueblo chico, infierno grande", la telenovela mexicana que protagoniza Verónica Castro y que se verá en los próximos días en canal 9.
Quizás porque la vida según Soler es "movimiento continuo", siempre se fijó unas metas que quedaban unos cuantos kilómetros más allá del suelo que habitaban ese momento. Quizás por eso también se siente tan extranjero en Argentina como en México, su patria adoptiva desde seis años, cuando decidió que tenía que probar suerte en la cadena Televisa. Y quizás por eso, además, hace todo lo posible para perder primero el acento argentino y lograr la tonada mexicana y para aprender más tarde un inglés neutro y olvidar todo lo anterior. Quizás por eso, sobre todo, quiso ser actor.
Lo cierto es que en 1991, tentado para grabar un comercial en México, Soler preparó sus valijas con la idea de no volver al país. Y no volvió.
"Hice el bolso y me fui. Al principio fue muy duro porque siendo argentino entrás con varios puntos encontra. Llegué a México con pico y pala, con mucha conciencia de que todo se hace trabajando y de que lo que estaba sacrificando era demasiado grande como para no darle importancia. Y hoy, finalmente, no soy argentino ni mexicano. Tengo un pasado de 24 años que no pertenecen a México y tengo otro pasado de seis años que tiene unos agujeros negros muy grandes: no estuve con mi familia en momentos fundamentales. Fueron seis años que a mí se me hicieron eternos porque dije que no a muchas cosas que iban a perjudicar mi imagen", cuenta Soler.
En estos días, Soler está de paso de Buenos Aires. Pero son apenas unas horas antes de viajar a su Tucumán natal para volver luego a México. En el hotel donde descansa, el actor recibió a La Nación para hablar sobre su carrera, su protagónico en "Pueblo chico, Infierno grande" (donde protagoniza un desnudo junto a Verónica Castro), y sus primeros pasos en México.
-¿Por qué elegiste México para hacer tu carrera actoral?
-Eso fue a los 23, mientras estudiaba teatro. En ese momento, investigando, descubrí que en México estaba la empresa televisora más grande de habla hispana. Entonces me dije: ahí quiero estar. Y cumplí. Yo siempre tuve metas muy claras y precisas. Siempre supe adonde quería llegar. Eso tiene que ver con la disciplina. A los 14 años, por ejemplo, dije quiero ser Puma.Y a los 15, mientras mis amigos salían de noche, yo entrenaba para jugar en el equipo. Siempre fui así. Yme gusta tener una línea de conducta.
-¿Cuál es esa línea de conducta?
-Soy serio, tranquilo, muy ermitaño y muy trabajador. Y así quiero que se me conozca. Yo no acepté, por ejemplo, hacer el papel del enfermero argentino porque ese era el camino fácil. La línea difícil era que me acepten para el papel de enfermero mexicano. No es que niegue el hecho de ser argentino, pero en pantalla quiero que me conozcan como un mexicano más. Y eso no es fácil porque a los mexicanos no les gusta nuestra tonada. Por eso tuve que cambiar mi forma de hablar y eso me llevó tres años.
-Fuiste rugbier, incluso jugaste en los Pumas ¿por qué decidiste ser actor?
-Creo que la vida es movimiento continuo. Y yo necesito el cambio. No puedo estar en la misma dirección más de un año: me ahogo, siento que me estoy quedando atrapado. Y no se trata de no comprometerme, sino de una necesidad muy grande de desarrollarme para llegar a donde quiero llegar. Y para eso tengo que estar en movimiento, intercambiando y absorbiendo todo lo que me rodea. Interiormente siempre busqué vivir muchas vidas en una sola. Y hay tres formas: ser inmortal, que es imposible; ser esquizofrénico, que no me parece bueno, y la tercera es ser actor. Esa es la que más gustó. Eso es la que me permite vivir muchas vidas: un día soy ladrón, otro policía, un día empresario, otro peón. Y sobre todo, es lo que me permite aprender.
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