
Un garante con deudas pendientes
Nuestra opinión: Muy buena
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"El garante", miniserie de suspenso escrita por Sebastián Borensztein y Marcelo y Walter Slavich. Con Leonardo Sbaraglia, Lito Cruz, Eleonora Wexler, Juana Hidalgo y elenco. Dirección: Sebastián Borensztein. Por Canal 9, los miércoles, a las 22.
La vida se convirtió en una pesadilla para Martín. Nada es igual para el joven psicólogo desde aquel encuentro con una suerte de enviado del diablo. Allí se enteró de que se había convertido en garante de un pacto incumplido que habría suscripto en el pasado su abuelo con el mismísimo Satán, por el cual Martín debía vender su alma al demonio.
Desde ese momento, Martín comienza a experimentar en carne propia todo lo que hasta allí podía ver externamente entre sus pacientes: desequilibrio, angustia, ansiedad y hasta la ominosa cercanía de la locura. Como si esto fuera poco, para obligarlo a cumplir el pacto, el "diablo" _por medio de su singular enviado_ acosa a las personas más cercanas al pobre Martín, que se ve cada vez más rodeado de peligros y de sangre.
"El garante" es, pues, la historia de un hombre común, cuya racionalidad _que mueve su vida personal y profesional_ se ve totalmente cuestionada por un hecho extraordinario e imposible de explicar con la razón.
Y es, al mismo tiempo, una de las más felices aproximaciones de la TV a las historias de suspenso con elementos fantásticos. No abundan en la historia de nuestra pantalla chica productos de este género, y la mayoría de ellos no logró un recuerdo perdurable.
No aparecen en "El garante" recursos grandilocuentes para atrapar en una intriga tan genuina como sostenida. Sí, en cambio, hay una narración clara, precisa, que lleva las situaciones con naturalidad hasta los momentos de mayor tensión.
Tampoco se recurre a esos efectos especiales, visuales o auditivos, tan usuales cuando falta ingenio y lo que se quiere es "asustar". El único efecto (si puede llamárselo de esa manera) que aparece en "El garante" es la falta de artificialidad en la construcción de los personajes y en la ambientación de la historia.
Moviéndose en una Buenos Aires actual y reconocible de inmediato, y con actitudes y comportamientos con los que es fácil para el espectador identificarse, los actores de "El garante" se enfrentan ante un mundo desconocido con la misma perplejidad que podría experimentar cualquier espectador.
Con todos estos elementos en funcionamiento, el primer capítulo de esta miniserie fue un modelo de precisión narrativa y de exactitud en los climas. Hubo suspenso al por mayor, los personajes no dijeron una sola palabra de más y ninguna de las secuencias se estiró más de lo necesario.
Al frente de un sólido equipo técnico y artístico (ya es un lugar común elogiar la perfección de todos estos rubros en miniseries como "El garante"), el director Sebastián Borensztein eligió ponerse al servicio de la historia y colocar cada una de las piezas en su lugar. Su trabajo, por ahora, no se desmerece, más allá de algunos traspiés en el segundo capítulo, como el uso innecesario de recursos de "grand guiñol" o un par de escenas resueltas con morosidad.
Actuaciones destacadas
Y también le cabe a Borensztein un mérito adicional: el de saber aprovechar el talento de sus actores, verdaderos puntales del resultado que el programa consigue hasta ahora.
Entre ellos (todo el elenco es sólido y parejo), la calificación más alta se la lleva sin duda Lito Cruz. Lejos de la afectación de otras apariciones televisivas, construye al enviado del diablo (un porteño típico que esconde sus satánicas intenciones) con humor, desparpajo, cinismo y una enorme personalidad. Lo mejor de Leonardo Sbaraglia, en tanto, es su capacidad de mostrar cómo el andamiaje científico y racional de sus conocimientos comienza a desmoronarse ante la presencia de lo que está fuera de la realidad.
Con personajes entrelazados en situaciones límite de angustia y tensión , "El garante" se vislumbra como uno de los mejores ejemplos de relato televisivo vistos a lo largo de este año.
Tal vez porque, detrás del suspenso, de la intriga y de no pocos apuntes sugeridos sobre los límites del psicoanálisis, asoma la eterna lucha entre el bien y el mal.





