
Un viaje a ningún lado
"Lisboa" (España-Argentina/1999). Presentada por Distribution Company. Música: Víctor Reyes. Fotografía: Aitor Mantxola. Intérpretes: Sergi López, Carmen Maura, Federico Luppi, Antonio Birabent, Laia Marull, Miguel Palenzuela y Saturnino García. Guión: Enrique Brasó y Antonio Hernández. Dirección: Antonio Hernández. Duración: 97 minutos. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: regular
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"Lisboa" tiene un interesante planteo inicial, una inteligente estructura narrativa, pero resulta una película deshilachada, forzada y hasta con errores en la construcción espacio-temporal. Tiene un excelente reparto, pero sus intérpretes nunca llegan a lucirse. Ofrece algunos climas atractivos, pero los principales conflictos dramáticos no funcionan. Así, este film de Antonio Hernández, un director formado en la televisión y la publicidad, es una suerte de crónica de algo que pudo haber sido, pero que en pantalla casi nunca se concreta.
La trama de "Lisboa" se va conociendo a medida que transcurre el film y, por lo tanto, no es conveniente adelantar demasiado. La historia gira en torno de una tradicional y otrora poderosa familia, cuyos integrantes apelan a todo tipo de maniobras (como corromper funcionarios o ejercer la violencia) para mantener el rumbo de sus negocios turbios. De ese ámbito decadente surge (o intenta surgir) Berta (Carmen Maura), la esposa maltrecha que trata de escapar de ese núcleo nefasto cuando conoce en plena ruta a Joatilde;o (Sergi López, el notable protagonista de "Western"), un portugués que se gana la vida vendiendo videocassettes eróticos en decadentes bares ubicados cerca de la frontera luso-española.
La idea central del film es mixturar en el contexto de una clásica road-movie (película de caminos) distintos elementos, situaciones y personajes de varios otros géneros (desde el policial negro hasta el drama familiar). Y si bien en algunos pasajes la mezcla alcanza momentos tensos, jugosos, logrados, en muchos otros resulta un cocoliche que reúne a típicos perdedores, mujeres fatales, gángsters corruptos. Una fórmula previsible con un poco de psicologismo barato, persecuciones, violencia y degradaciones varias, tanto físicas como morales, una buena dosis de sexo y un suspenso prefabricado a través de oscuras confabulaciones y secretos que algunos esconden pero todos intuyen.
Actuaciones a la deriva
La artificialidad, la falta de ritmo y ciertas torpezas narrativas en el manejo de los tiempos, la música y el sonido conspiran contra el trabajo de los intérpretes. Si López y Maura tienen el suficiente tiempo en pantalla y la variedad de recursos como para dotar de cierto espesor psicológico y algo de credibilidad a sus dos antihéroes, eso no ocurre con los personajes secundarios. Antonio Birabent y la bella Laia Marull (cuya única función en el film parece ser la de exhibir sus generosos atributos físicos) interpretan a los hijos de Berta y resultan meros elementos decorativos. Pero todavía peor es la suerte de Luppi, cuyo José Luis aparece apenas a los 70 minutos de película. En el papel de un padre capaz de apelar a cualquier exceso para tapar las miserias de la familia, resulta una caricatura, un estereotipo que desmerece la carrera de este gran actor argentino.
Entre escenas insólitas y por momentos grotescas y actuaciones en muchos casos intrascendentes, las múltiples posibilidades de un guión que ofrecía unas cuantas puntas atractivas para ser desarrolladas se van desmoronando una tras otra. Buenas ideas que Hernández no supo explotar, pero terminan en escombros.






