Una gran nave vegetal que da vueltas al mundo

Está tripulada por 16 científicos que aseguran que el aparato vuela
Alejandro Cruz
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7 de febrero de 2014  

SANTIAGO, Chile.- En el marco de la reciente edición del Festival Santiago a Mil llegó Expedición vegetal , la misma que hoy, si las condiciones climáticas lo permiten, estará instalada en pleno centro de Buenos Aires. A Santiago llegó una noche, en silencio, como es su costumbre. "El aterrizaje depende de condiciones meteorológicas muy específicas", advirtió la información de prensa días antes de su arribo. El lugar elegido para el emplazamiento fue a metros del emblemático Palacio de la Moneda, la sede del Ejecutivo, en medio del trajín de toda gran ciudad.

"La compañía La Machine es un consorcio de científicos que desarrollan un trabajo que combina la aviación con la botánica", dice su comandante, que se hace llamar FD. El objetivo de estos señores (16, en total) es investigar la relación entre la energía eléctrica y el desarrollo vegetal.

Cada vez que llegan a una ciudad realizan parte de estas investigaciones a la vista de todos. En la capital chilena, los tripulantes establecen un diálogo permanente con los que pasan rápido por la plaza central y que, de buenas a primeras, se encuentran con este enorme aparato (el Aerofloral II) plagado de plantas, cinco bolas gigantes, cuatro patas enormes e infinidad de elementos para sus investigaciones que se desarrollan alrededor de esta especie de gran araña de hierro y clorofila. A la distancia, podría ser uno de los vehículos de Los autos locos (aunque, claro, ellos aseguran, insisten y repiten que el aparato vuela gracias a la energía misma de las plantas).

Los 16 científicos que están durante todo el día en la tienda de campaña o en la misma nave andan vestidos como si fueran personajes de Daktari (aunque sin Clarence, el famoso león). Hablan en francés (lo son) y siempre hay un asistente que traduce cada vez que algún curioso les pregunta algo o ellos cuentan, sin necesidad de pregunta alguna, sus experiencias. El efecto de toda la situación es extraño. Podría ser el rodaje de un documental de Discovery Channel con doblaje incluido en medio de un paisaje urbano bien "yileno " .

Hay un técnico especializado en fitoacústica y musicólogo al que llaman M. Malan. Hay un fitosexólogo al que le dicen S. Praud. Y hay un fitoterapeuta al que denominan R. Triballier. Uno de ellos se baña a la vista de todos cubierto por unas lonas y plantas en medio de un sol que pega fuerte. La gente le saca foto. "Ufff..., el agua está muy bien. Mucha temperatura, yo estar caliente", dice el francés en un castellano tarzanesco, frente a dos señoras y un joven que lo miran entusiasmados.

Otro de los integrantes de la expedición explica con lujo de detalles lo bien que les hace a las plantas escuchar música. "Sea heavy metal o Bach, las hace crecer", detalla un rubio con su pie derecho apoyado sobre uno de los canteros aplastando a una plantita de perejil (nadie es perfecto). La gente lo escucha con atención, con suma atención. Él asegura que la música baja al estrés de las plantas. Un señor, compenetradísimo con la explicación, le hace infinidad de preguntas que él, más allá del calor, contesta con argumentos que todo el tiempo parecen coquetear entre lo real y lo ficcional.

Las explicaciones que dan, la nave en sí misma, la infinidad de plantas que la cubren, los experimentos que están a la vista de todos -como la maravillosa mecánica de algunos instrumentales-, disparan conversaciones ligadas con lo ecológico y con los problemas ambientales.

Es gracioso (seguramente no es el término más adecuado) porque el esponsor principal del Festival Santiago a Mil es Minera Escondida, gigante dedicado a la extracción de cobre, controlado por una empresa multinacional. La misma empresa que, según un informe de Greenpeace de fines de 2011, es una de las seis compañías más contaminantes del mundo.

Lejos de esas cuestiones, dentro de la carpa de los científicos, el comandante DF cuenta que la expedición fue tomando forma cuando se descubrió que la energía circulaba por las plantas. "Sobre la base de eso, nos planteamos poner en movimiento una expedición que recorriera el mundo recogiendo distintos tipos de plantas que alimenten a la nave y la hagan volar", cuenta.

Aquella idea germinó. De hecho, es el tercer tour que realiza Expedición vegetal, que, en esta gira mágica y misteriosa, ya pasó por Bruselas, Hamburgo, Turín y el corazón del Amazonas. Luego de su paso por América del Sur se irá a la isla Santa Elena, en la costa atlántica africana, para terminar en Madagascar.

De Santiago irá a Buenos Aires. El desplazamiento, insisten ellos, es lento. "A la velocidad de un ciclomotor", ajusta detalles el comandante FD de este objeto volador desconocido.

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