
Underworld, el sabor del reencuentro
El dúo inglés tocó en Southfest frente a 15.000 personas
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Muchos autos, demasiados para que el estacionamiento de Costa Salguero diera abasto. Y eso que apenas había pasado la medianoche cuando la capacidad (también de público) se colmó en el pabellón 4 del complejo ribereño, donde hacía un par de horas, no más, un nombre nuevo de la electrónica, Cagedbaby, le había puesto proa a la quinta edición del vernáculo festival Southfest.
En un rincón de mundo donde las huestes danzarinas no salen a copar las pistas hasta después de las dos de la mañana, se daba una excepción. Probablemente, porque allí dentro, y desde las 23.45, el DJ argentino más convocante, Hernán Cattaneo, había hecho su aparición en escena y prometía encender los motores de una noche a la que, finalmente, le faltaría algo de combustible musical. De hecho, los más fanáticos del género, esos que no pueden contener su opinión sobre el desempeño de uno u otro artista ni tampoco callan sus pareceres sobre el contexto (si escasea o no el agua, si los precios son disparatados, si el montaje es el más apropiado) el domingo, al alba, ya vociferaban, en la calle y en la Web, un agridulce veredicto.
De cualquier manera, las 15.000 personas que habían comprado alguno de los tickets agotados, como también los invitados a un vip cada vez menos glamoroso (la novedad en la tribu parecieran traerla, ahora, una generación de jóvenes tenistas cuasi retirados), estaban allí convocados principalmente por el regreso de Underworld. El influyente dúo inglés que desde hace más de dos décadas aviva la escena dance con propuestas inteligentes, llegaba con disco nuevo. Sin embargo, no era un concierto de presentación formal de Oblivion with Bells lo que el carismático Karl Hyde (voz, guitarra y perillas) y el cerebro creativo de Rick Smith (tecladista, programador y productor) vinieron a ofrecer. Ellos -más un tercer hombre que, en vivo, ocupa el lugar que alguna vez tuvo Darren Emerson- propusieron un picadito de su historia aggiornada con buenas nuevas, como "Crocodile". A esa selección no le faltaron los himnos. Trece años después, el público -uno que, salta a la vista, se renovó tras el fenómeno devenido popularidad del género- sigue esperando que suene "Born Slippy", aquel track compuesto por encargo del director de cine Danny Boyle para Trainspotting , y el rendidor hit publicitario que fue "Cowgirl".
Como en Creamfields 06, Underworld sonó a los noventa y demostró su interés y buen tino en el desarrollo visual de su puesta. Tanto que la imagen fue lo mejor del show.
Una vez más en el país, Paul Oakenfold cerró la noche.
Del lado de afuera
- Cuando el cartel de sold out destella, los códigos parecen apagarse. El público, tanto o más que el personal de seguridad, se pone nervioso, y hasta puede quedar preso de una situación de la que es cómplice, sin quererlo: estacionar en la vía pública, aun donde no está permitido, está liberado a cuidacoches que cobran $ 20 para luego dejar los vehículos encerrados en dobles filas inamovibles. Vale el ejemplo para preguntarse: ¿cuáles son las reglas del entretenimiento hoy?



