El Cadillac se proyecta globalmente: graba con sesionistas de lujo y canta con Willie Nelson
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En discos como Último acto se gastan la plata los grandes sellos. Lejos de las apuestas jóvenes, las discográficas hoy prefieren apoyar a músicos prestigiosos que siempre venden, tratando de que vendan aun más. Así surge el álbum de autoversiones, grabado en estudios caros con sesionistas e invitados, un estándar en días de inversiones sin margen de error. En estas condiciones parecería no haber riesgos, y sin embargo ahí está Corazón (2014), la aberración con la que Santana rompió el carnet de Woodstock. Y ahí es donde Último acto triunfa: en aprovechar al máximo las comodidades que ofrece este formato, encolumnando la selección de repertorio, los nombres célebres y las ejecuciones brillantes detrás de esa arma infalible que es la voz de Vicentico.
Acá, el frontman de los Cadillacs se pone los mil y un trajes del crooner: el bolerista de salón que susurra sobre un contrabajo ("Algo contigo"), el soulman setentista ("Esclavo de tu amor"), el trovador de los caminos de Nashville ("Solo un momento", con Willie Nelson), el Tom Jones que coquetea con el misterio entre violines y bronces ("Puro teatro") o el rey del salsa con big band ("Culpable"). Hay sólo un exceso: las cuerdas le inyectan a "No te apartes de mí" una grandilocuencia que atenta contra la intimidad, la principal virtud del dueto conyugal con Valeria Bertuccelli.
Por Diego Mancusi





