
Wedekind: adelantado a su época
El entorno geográfico y social que rodea la vida de Frank Wedekind (Hannover, 1864 - Munich, 1918) influirá en la obra de este dramaturgo alemán, precursor del expresionismo. Era hijo de un médico que estuvo diez años radicado en Turquía y de una actriz californiana de origen húngaro. Además, Wedekind creció en Suiza, en un ambiente muy liberal. Su vocación juvenil no encontraba un cauce certero, por eso inició estudios de germanística en Lausana y de derecho en Munich, pero no pasó mucho tiempo antes de que abandonara ambas carreras. Sin rumbo fijo y con una ajetreada vida, fue, entre otras cosas, jefe de publicidad de una empresa de Zurich; secretario de un circo; secretario del pintor, escultor y falsificador danés Willy Grétor, y redactor de la revista Simplicissimus . Más tarde, trabajó como actor y actuó en varios cabarets, oportunidad que le permitió dar a conocer sus propias canciones y baladas, producción que provocaba rechazo de un sector de la sociedad, ya que sus temas principales estaban centrados en la liberación del amor sensual en lucha contra las convenciones burguesas y la falsa moral, enemiga del amor libre. Frente a todos los intentos de rechazar y demonizar lo impulsivo, celebró la fuerza elemental de la vida y glorificó la naturaleza humana y la belleza de los cuerpos.
* * *
Wedekind inició su labor como dramaturgo abordando problemáticas relacionadas con el mundo juvenil, a las que enfrentó con la acendrada moral burguesa de su tiempo. Escrita en 1890 y estrenada en 1906, Despertar de primavera sigue siendo una de las piezas más emblemáticas del teatro mundial, que habla del universo de los adolescentes, y en algunos aspectos, a pesar del tiempo transcurrido, aún tiene vigencia. Un diálogo sobre sexo entre padres e hijos no siempre encuentra el momento oportuno; a esto se suma la angustia que experimentan los jóvenes por las represalias que sufren cuando deciden enfrentar con rebeldía ciertos esquemas de una sociedad que no los contiene.
Otras obras muy representadas son El espíritu de la tierra (1895) y su continuación, La caja de Pandora (1904), piezas que presentan la fuerza sexual instintiva en figuras y acciones simbólicas. El personaje central de ambas tragedias es Lulú, que Alban Berg recreó en la ópera de este título (1937).





