
Rokku mi Rokka
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A los 48 años, el cantante senegalés Youssou N’Dour es uno de los músicos más consistentes de la última década. Su tercer álbum para Nonesuch no es tan genial como Nothing’s in Vain (2002), fuertemente influenciado por la chanson; o Egypt (2004) con sus temas sufíes. Pero N’Dour ha aprendido cómo no dejarse empantanar por su propio internacionalismo, de ahí su estrategia de trasladar a unos pocos músicos al norte de Mali para que adapten el mbalax senegalés que él inventó sin renunciar a su esencia Sahel. Las traducciones revelan letras que hablan sobre la independencia de Senegal, sobre santos sufíes, sobre la importancia de viajar, recordar, pensar. Vale la pena seguirlas, así como a sus transliteraciones fonéticas. Pero cuando se trata de N’Dour, la atracción principal es siempre musical. Es una voz cuya claridad celestial y suplicante sorprendería incluso en un cantante con la mitad de su edad, acompañada de melodías múltiples y diestros esquemas de guitarras-bajopercusión- percusión-percusión. El ladero de Ali Farka Touré, Bassekou Kouyate, le pone banjo a cinco temas de cuerdas ngoni. Y Neneh Cherry propone un dueto en un tema en inglés que bien vale la espera.



