Gustavo Dudamel, músico venezolano: “Cuando nos unimos, las cosas son mucho más fuertes”
El primer latino al frente de la Filarmónica de Nueva York habló en una entrevista sobre este nuevo hito para su carrera
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La espera ha sido larga: de tres años y medio. A las siete y dieciocho minutos de la tarde del 30 de septiembre, Gustavo Dudamel, el niño de Barquisimeto, la estrella del rock and roll que le guiña el ojo tanto a Steven Spielberg como a Beethoven o Coldplay, era presentado como director artístico y musical de la Filarmónica de Nueva York, la más antigua y famosa del país. Los 1100 asistentes del Lincoln Center estallaban en aplausos mientras él sacudía sus célebres rizos y sonreía.
La reflexión de Gustavo Dudamel de cara a ser el director musical de la Filarmónica de Nueva York
24 horas antes, en el descanso del ensayo general, Dudamel se sentaba a charlar con El País sobre este nuevo hito para su carrera y para la ciudad, que pone por primera vez a un director musical latino en el estrado.

Tras 17 años al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, ahora la batuta de Dudamel se moverá en una plaza aún más compleja. Él ha cumplido ya los 45, y en estas casi dos décadas desde que pisó por primera vez las tablas neoyorquinas, su crecimiento ha sido exponencial.
El director reconoce que esta nueva etapa “es muy especial”, por lo que significa para él “en lo personal y lo colectivo, que es lo más importante”. “Hay mucha emoción”, dice.
En sus conciertos previos a la gala ha tocado clásicos de Mahler y Prokófiev. Sin embargo, ya ha empezado a dejar caer esas rupturas con la tradición que caracterizan su estilo.
Los primeros días de Gustavo Dudamel como director musical de la Filarmónica de Nueva York
El primer concierto de la temporada fue el 10 de septiembre en el Radio City Music Hall, templo de la cultura popular neoyorquina, donde sacó al escenario a Lizzo y Joaquina, artistas muy alejadas del lirismo orquestal. Con este encuentro, Dudamel empieza a descubrir las cartas de su baraja.
“Estas primeras semanas están siendo, no digo un abrebocas, sino mostrar un poco el camino hacia donde queremos ir”, explicó la mañana previa a la gala en una sala acristalada del Lincoln Center, frente al ajetreo de los taxis amarillos y las ambulancias.

“Es tender puentes con distintas formas musicales, artísticas, comunitarias, educativas. Son los elementos más importantes de este comienzo”, agregó.
Los puentes a los que hace alusión fueron clave en sus 17 años en Los Ángeles. Allí fue de los primeros en atreverse con piezas populares, bandas sonoras, cantantes latinos, cineastas, artistas visuales e incluso el fútbol.

“Es muy difícil decir hacia dónde va o qué queremos hacer de esta institución. Evidentemente, que la gente de la ciudad la sienta suya, cercana. Esa empatía artística tan necesaria en una ciudad con un sinfín de posibilidades. Entonces, bueno, estoy feliz”, ríe.
Dudamel trae aires de cambio, que ya se ven durante el ensayo, con el montaje de una especie de enormes piñatas de colores que cuelgan del techo del David Geffen Hall. Se desplegarán al día siguiente, entre mesas decoradas con manteles y flores de colores.
Cómo fue la llegada de Gustavo Dudamel a Nueva York
La bienvenida a Dudamel arrancaba en la plaza del Lincoln Center, con una alfombra fucsia bajo cartelas de “Nuestra nueva era comienza ya”, en español e inglés, con mariachi y bandas de música latina, con arepas venezolanas y parrillada argentina.
Porque él no es el único latino al frente de la Filarmónica. Llega de la mano de Matías Tarnopolsky, presidente y director ejecutivo de la institución, argentino de nacimiento, familia y acento, aunque criado en Londres.
Ambos, amigos desde hace 20 años, colegas desde hace unos meses, estupendos relaciones públicas y divertido tándem contando anécdotas, estaban deseando trabajar juntos. Ambos esperan que su relación sea duradera.
“Es muy especial, muy conmovedor”, afirma Tarnopolsky en perfecto español sobre trabajar con Dudamel, con quien dice estar “unido en la idea de la música como derecho humano total”.
Tras tres años en esta Filarmónica, de 2006 a 2009, Tarnopolsky pasó por Berkeley y Filadelfia y en enero de 2025 fue nombrado presidente y director ejecutivo.
De ahí que haya visto cómo la ciudad se prepara para Dudamel. “Lo están recibiendo desde hace tres años”, ríe, en su charla con este diario. “La recepción pública, mediática, cívica, de los músicos de la orquesta ha sido impresionante, en su amor, generosidad y alegría”.
Respeto al público y la empatía artística: así trabaja Gustavo Dudamel
El éxito de Dudamel va de la mano de la música popular y del auge de las experiencias colectivas en general. El director ha sabido hacer de ello una oportunidad, uniéndose al pop o a los ritmos latinos, también en auge.
“Sobre el respeto, esa distancia, hay que cambiar un poco el concepto”, reflexiona el venezolano. “Creo que te ganas el respeto cuando te acercas a la gente, cuando la entiendes. No se trata de atraer un público por obligación”.
“Siempre lo abordo desde la empatía artística. Es un trabajo que hay que hacer, porque mucha gente piensa que en la música clásica ese respeto es distancia y no. El arte está hecho para enaltecer y favorecer el espíritu. Cuando lo abordas desde ese punto, las cosas cambian y el respeto se convierte en cercanía”, añadió.
La cercanía cultural es importante, pero las instituciones como la Filarmónica, ópera, o ballet deben ser accesibles, para empezar, por los precios. Tarnopolsky lo sabe y no teme hablar de ello.
“Uno puede conseguir una entrada aquí por US$17. Hay cafés que son más caros”, sostiene. “Entonces no es cuestión de precio, pero entiendo que la percepción es importante. Somos accesibles para todos”.
Dudamel cuenta que ya están al habla con instituciones vecinas, con comunidades educativas, culturales de todo Nueva York. “En un mundo tan dividido, el arte es para tender puentes”, defiende. Esa mirada se alinea con la de su presidente.

“Solo vemos puentes, no fronteras, y más allá de los proyectos específicos, es crear conexión, comunidad, alegría y dar esa reflexión que solo ocurre cuando uno está en la sala de conciertos”, afirma Tarnopolsky.
Dudamel prevé que su agrupación conecte “aún más con la comunidad”. Sacarla a la calle y hacer que la calle llegue a ella. Y que la música, en un momento de tensión global, sea unión y bálsamo. “Cuando nos unimos, las cosas son mucho más fuertes”, asegura.
“Mucha gente piensa que en la música clásica ese respeto es distancia, que es inaccesible, inalcanzable, intelectual. No. El arte está hecho para enaltecer y favorecer el espíritu”, agregó.
Así fue el show inaugural de Gustavo Dudamel en Nuevs York
La gala inaugural muestra el espíritu de los nuevos tiempos. Lejos de apostar por antecesores en el cargo, como Mahler o Bernstein, el director optó por una mezcla muy personal.
La “PanAmericana” del argentino Alberto Ginastera; el estreno en Estados Unidos de “Circus” del actor y compositor Anthony Hopkins; “Mujer Arena”, de su colaboradora habitual Gabriela Ortiz; pedazos del musical “Company”, interpretados por un solista; y un remate con “Harlem”, de Duke Ellington, en un gran despliegue técnico de la Filarmónica.
Una introducción progresiva de nuevos sabores para el exquisito gusto neoyorquino. “Es un proceso en el cual no soy solo yo. Formo parte de un universo de más de 100 músicos, más toda la institución, más todo lo que significa. Esto es un trabajo de equipo”, destacó el director.
Luego agregó. “Esta institución nació en 1842, la orquesta más antigua de Estados Unidos, una de las más antiguas del mundo. “Tiene una historia, una tradición profunda, hermosa”.
Esta es la tradición que viene a seguir tras más de 1300 días de espera desde el anuncio de su llegada, allá por febrero de 2023. Conocedor de las ansiedades de la industria cultural, conoce las expectativas y les quita hierro.
“Tienes que enfocarte en lo importante, que es trabajar con una orquesta tan maravillosa en una institución así, y en llevar a cabo todas estas ideas desde la generosidad, desde el amor, desde la entrega”, dijo.
La primera vez que Dudamel visitó la Filarmónica de Nueva York fue en 1994, con apenas 13 años, “un imberbe muchachito de Barquisimeto”, recuerda riendo.
Voló con la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela y el maestro Abreu, que les anunció con solemnidad que actuarían en la ONU. A él, en ese entonces, le pareció el Olimpo.
“Nos llevaron a un museo, a una juguetería. Éramos unos niños, la ilusión, Nueva York, estos edificios, esta locura, esta cacofonía tan excitante que tiene esta ciudad y nos trae aquí al Lincoln Center. Recuerdo que el maestro, nosotros niñitos a su lado, nos iba mostrando el Metropolitan: este es el ballet, esta es la Filarmónica. Y decía: ‘Algún día, no muy lejano, estaremos aquí”, rememora, aún emocionado.
“Por eso mi sueño no es un sueño individual. Este no es un logro personal, es un logro colectivo. Son mis compañeros con los que crecí haciendo música, divirtiéndonos, sufriendo, llorando, riendo, celebrando todo lo que significa crecer, desarrollarte como ser humano”, asegura.
Primera gira europea en una década
Si en los últimos meses ya vivía y trabajaba entre Los Ángeles y Nueva York, no dejará de estar presente en la costa oeste. Lejos de atomizar la cultura estadounidense o de crear comparaciones vanas entre ambas ciudades, su intención es unirlas.
Dudamel va a regresar a California en diciembre para tocar Beethoven, y también el próximo verano a la sede estival de la Filarmónica, su querido Hollywood Bowl.
Dirigir esa filarmónica ha cambiado su vida. “De las experiencias más profundas y hermosas que he vivido, y que llevaré conmigo. Seguiré siendo parte de la familia de Los Ángeles. Y ahora la ampliamos”, dijo. Ha sido nombrado con el nuevo cargo de Director Laureado Artístico y Cultural de la Filarmónica de Los Ángeles.

Mientras, prepara las maletas con sus 100 nuevos compañeros. La Filarmónica de Nueva York realizará una gira por Europa, la primera en una década. Del 9 al 22 de octubre pasarán por París, Barcelona, Madrid, Berlín, Hamburgo y Viena.
“No se trata de viajar por viajar. Es conectar con la comunidad, con cada cultura. Enriquece tanto a la orquesta como institución como a las ciudades donde vamos”, asegura.
Seguirá siendo director laureado de la Joven Orquesta de Los Ángeles, que fundó, y estará presente en la de su país natal. En noviembre viajará a España con la Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela, de la que también es director.
“Es mi hogar primigenio”, se enorgullece. “Esos son mis muchachos, son nuestros muchachos”.
La gira tuvo que retrasarse por los dos terremotos de junio en Venezuela. “Es una oportunidad maravillosa porque los chicos se han estado preparando por tanto tiempo”, explica sobre su paso por Zaragoza, Valencia, Madrid, Barcelona y Alicante.
“Es una gira muy bonita, muy especial, que muestra lo que es el Sistema y que, a pesar de las dificultades que estamos viviendo, sigue allí, y siguen todos esos jóvenes talentosísimos teniendo la oportunidad de hacer música juntos y llevándola al mundo. Es un mensaje de lo hermoso que puede significar el arte en momentos tan complejos”, agregó.

