
Golpeado en múltiples frentes, Trump vuelve a apuntar sus cañones contra su enemigo favorito: la prensa
La Casa Blanca le vedó el acceso a tres medios de prensa, un patrón que encaja perfectamente en la utilización del Estado para perseguir a quienes se percibe como enemigos
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WASHINGTON.– Como los manotazos para aferrarse al poder no parecen alcanzar, el presidente Donald Trump parece listo para disparar contra un blanco archiconocido.
Ya en su momento presionó implacablemente al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas hasta que colocaron su nombre en la fachada del edificio, todo para que luego la Justicia ordenara retirarlo. También hostigó al extremo a la Reserva Federal para que bajara las tasas de interés, y todo para que el presidente de la institución, al que Trump eligió a dedo, votara como el resto de sus colegas de la junta para hacer todo lo contrario y aumentar el costo del endeudamiento.

Y con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina, la autoridad política del presidente parece estar apagándose, tras años de dominar no solo a su partido, sino el debate público nacional.
Así que después de sufrir derrota tras derrota, la creciente frustración de Trump tuvo que salir a buscar un nuevo culpable y descargó un nuevo ataque contra su enemigo favorito: los medios de prensa.
El sábado, la Casa Blanca formalizó el sorpresivo anuncio que hizo Trump de vedar el acceso a la sede de gobierno a los periodistas de CNN, MSNBC y Politico, lo que representa una nueva escalada en la prolongada guerra del mandatario contra la prensa.
Sin embargo, según exfuncionarios y organizaciones de derechos civiles, la medida también se ajusta al patrón de conducta de Trump cuando se enfrenta a un atolladero político: cambiar el eje del relato, movilizando al gobierno para embestir contra quienes se atreven a cuestionar su poder.
“Cree que puede intimidar a cualquier persona o entidad para que hagan lo que él quiere, y comprobó que eso le funciona cuando todo el Partido Republicano doblegó ante él”, señala Sarah Matthews, exsecretaria de prensa adjunta durante el primer mandato de Trump. “Pero ahora enfrenta resistencias en la Justicia, en la Reserva Federal, y de miembros de su propio partido, y reacciona con agresividad”.
Hace tiempo que Trump insulta y denigra a los medios de comunicación, además de intentar utilizar a la Justicia para aplastar la cobertura periodística que no le gusta. Pero ahora, rodeado del séquito de leales que comparten su ideología desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha ido más allá de las declaraciones altisonantes o las demandas judiciales y ha pasado a los hechos.

Su gobierno le cortó el financiamiento a la televisión y la radio públicas. El Pentágono destituyó al editor y al director de su diario, Stars and Stripes, tradicionalmente independiente, y los periodistas de ese medio sostienen que los echaron por haber informado sobre el deterioro de las condiciones de vida a bordo de un portaaviones de la Marina desplegado en Oriente Medio.
También presionó a su gobierno para que revoque las licencias de las cadenas que emiten noticias o comentarios negativos sobre él, y tomó medidas para modificar la categoría tributaria de las agrupaciones progresistas, vigilar el debate en las redes y negarles la visa a personas que manifiestan opiniones que no le gustan.
La exclusión de la Casa Blanca de los tres medios de prensa mencionados, una decisión que tomó por sorpresa incluso a algunos funcionarios de la Casa Blanca y que se produjo mientras su jefe de gabinete estaba fuera de la ciudad, fue anunciada el viernes por el propio Trump con el argumento de que no le gustaba la cobertura que hacían de su presidencia. No solo eso: señaló que si cedían a su voluntad, les levantaría la prohibición.
“Quizás puedan mejorar, y en ese caso nos gustaría tenerlos acá”, declaró Trump en una especie de ultimátum: si hacen una cobertura más favorable a mi gobierno, les permitiré entrar en la Casa Blanca.
“Algo está mal en un país que permite que la gente escriba historias deliberadamente negativas”, agregó Trump. “Si quieren escribir eso, que lo escriban, pero no tengo por qué dejarlos entrar en mi casa... en la casa del pueblo”.

Los expertos en la Primera Enmienda y las organizaciones de derechos civiles aseguran que la Constitución dice todo lo contrario. Los juristas señalan que la prohibición de Trump resulta claramente inconstitucional, ya que castigara a los medios de comunicación por el contenido de sus informaciones.
Derrick Johnson, presidente de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés), dice que Trump también está intentando desviar la atención.
“A Donald Trump le molesta que la gente sepa la verdad, porque la verdad no lo favorece”, señala Johnson. “La escalada del precio de la nafta no lo favorece, los ‘Archivos Epstein’ no lo favorecen, el debilitamiento de la economía no lo favorece. Lo único que lo favorece es que el público crea sus mentiras, y eso solo es posible si él tiene el control del relato”.
La Casa Blanca no respondió a las solicitudes de comentarios para esta nota.
Los intentos de Trump de reprimir a los medios de comunicación y las voces disidentes no han ayudado a calmar la inquietud de los votantes ni de los republicanos, que en las elecciones de noviembre enfrentan la perspectiva de importantes pérdidas. Los sondeos indican que la mayoría de los votantes norteamericanos considera que Trump no les ha prestado suficiente atención a los problemas más importantes del país.
Douglas Heye, exdirector de comunicaciones del Comité Nacional Republicano, señala que cada vez son más los norteamericanos que se dan cuenta de que la ira de Trump se traduce en ataques hacia afuera. De hecho, después de que un juez federal impidiera que el Kennedy Center lo homenajeara colocando su nombre en la fachada, Trump amenazó con cancelar la renovación prevista del edificio por unos 257 millones de dólares.

Días después, en imágenes captadas a través de las ventanillas del avión presidencial, el Air Force One, se veía al presidente revisando un cartel que decía “Kennedy Center DEMOLIDO”, lo que alimentó las especulaciones de que podría mandar tirar abajo la institución en la que no logró dejar su huella.
Según Heye, lo que quieren muchos republicanos es que Trump se concentre más en tomar medidas que apunten a resolver las preocupaciones económicas de sus seguidores.
“Sin duda recurre a esas tácticas agresivas para acaparar la atención mediática, pero yo diría que eso suele perjudicarlo”, apunta Heye. “Estamos a 45 días de las elecciones, ¿y de qué hablamos esta semana y en la semana que arranca? De nada relacionado con el plan de Donald Trump para que bajen los precios”.
Traducción de Jaime Arrambide
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