
Rafael Grossi: “Soy optimista, mi candidatura a la ONU proyecta efectividad y mucho realismo, que es lo que hace falta”
El diplomático argentino, que busca ser el sucesor de Guterres al frente del organismo multilateral, sostuvo que su postulación es “muy competitiva”, aunque mantuvo la prudencia sobre el avance del proceso
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WASHINGTON.- El diplomático argentino Rafael Grossi está inmerso de lleno -con optimismo- en la recta final del proceso que definirá antes de fin de año al sucesor del portugués António Guterres al frente de las Naciones Unidas, una pulseada que pareciera encaminarse entre su postulación y las de la excanciller guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y de la exvicepresidenta costarricense Rebeca Grynspan.
“Soy optimista, creo que la mía es una candidatura que proyecta efectividad y mucho realismo, que es lo que hace falta”, señaló Grossi en una entrevista con LA NACION y Clarín en Washington, donde participa del lanzamiento de una iniciativa sobre aplicaciones nucleares marítimas del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), qué él dirige desde diciembre de 2019.
Aunque también se mostró prudente, Grossi dijo que está “haciendo todo lo necesario a nivel de consultas” con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad -Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia, que tienen derecho a veto- y con los diez miembros no permanentes “para escuchar cuáles son sus preocupaciones y tratar de alinear eso lo más convenientemente posible para poder ganar”.

En la última votación indicativa del Consejo de Seguridad, la semana pasada, Rodrigues-Birkett terminó con ocho votos de “apoyo”, seguida por Grynspan y Grossi, con siete, los candidatos con más respaldos para suceder a Guterres en una puja que el propio diplomático argentino definió como de “gran paridad”. La próxima votación informal se realizará en septiembre.
“Lo que está claro es que aún no hay un candidato de consenso, que hay un grupo que se despega un poco del resto, pero eso también puede variar”, advirtió Grossi, que en la entrevista también se refirió a los desafíos urgentes de la ONU, el respaldo del Gobierno a su candidatura y la negociación nuclear con Irán. “Está congelada”, afirmó.
-Luego de las dos rondas del Consejo a puertas cerradas, ¿cómo cree que están sus posibilidades para ser electo como el nuevo secretario general de la ONU?
-Es un proceso incremental y peculiar de elección, de aproximaciones, y por lo tanto es gradual. Está claro que nuestra candidatura es sumamente competitiva, prácticamente hay una igualdad en cuanto al número de votos favorables y varía un poco más en cuanto a los desfavorables. Pero todavía las delegaciones se están expresando de manera informal y, como se vio de la primera a la segunda [votación] hay bastantes variaciones, lo cual puede llegar a continuar ocurriendo. Lo que se ve es que la base de apoyo y sustentación es fuerte y está allí. Tomo este proceso con enorme prudencia y respeto, no soy afecto a decir que estamos ganando o no. Nuestra candidatura es fuerte, es sólida y es muy competitiva. Respeto a todos los demás y estamos haciendo todo lo necesario a nivel de consultas con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y también con los diez miembros no permanentes para escuchar cuáles son sus preocupaciones, sus aspiraciones y tratar de alinear eso lo más convenientemente posible para poder ganar. Así que yo me siento muy optimista.
-¿Qué lectura hace de que de la primera a la segunda votación usted no perdió adhesiones (siete), en tanto que Rodrigues-Birkett bajó de nueve a ocho, y Grynspan, de diez a siete?
-Ninguna en especial, porque tendría que entrar en un terreno de especulación sobre la base de realmente ignorar quién puede haber votado en un sentido o en el otro. Como es un proceso de voto secreto y además que continúa, es un momento de enorme especulación. Lo que está claro es que aún no hay un candidato de consenso, que hay un grupo que se despega un poco del resto, pero eso también puede variar. No creo que se pueda leer mucho más que eso. Hay una gran paridad. Creo que eso demuestra que esto no es 2016. ¿Cómo era el mundo de ese año y cómo es el de 2026? La pregunta es esa. Y la diferencia es abismal. En 2016 [cuando fue electo António Guterres como secretario general] veníamos del acuerdo de cambio climático, lo multilateral y lo global era mucho más aceptado, entonces las preferencias se expresaban de una manera menos polarizada. Lo que se ve en el mundo [actual] es lo que se ve también en esta elección. Hay enormes tensiones y hay mucha prudencia en los miembros permanentes del Consejo en cuanto a sus preferencias o manifestarlas.
-Y si bien el voto es secreto, ¿usted tiene indicios de cuáles fueron los miembros permanentes que de alguna manera no lo apoyaron?
-Diría que no, porque ellos mismos son enormemente cautos. Lo que sí se vio es a candidatos que han dicho de forma aventurada y errónea “me apoya tal país”. Eso no hay que decirlo, porque los países justamente lo que quieren es observar cómo el proceso avanza, y en particular los miembros permanentes del Consejo. Ellos pueden tener sus ideas, sus afinidades con un candidato o candidata más que con otro, pero es muy difícil que ellos vayan a revelar abiertamente a quién están apoyando o por quién están votando. Al menos yo como candidato, los tomo a todos igual, considero que puedo tener el apoyo de todos y, por lo tanto, me muevo de esa forma. No con a prioris. Si hay algo que me diferencia de los otros candidatos es que yo estoy tratando temas muy sensibles y muy delicados con todos ellos hoy, ahora. Lo que está pasando en Irán, en Siria, en Ucrania. Entonces considero que esa metodología de trabajo que logré establecer con todos me permite pensar que puede reproducirse en las Naciones Unidas, pero con gran prudencia.
-En este mundo diferente respecto a 2016 hay una variable importante que es Donald Trump, que descree del sistema multilateral. ¿Cómo influye Estados Unidos en esta votación?
-Todos los miembros permanentes del Consejo tienen una configuración política diferente y muy marcada. Quizá también impuesta por la realidad internacional, que los ha hecho tomar posiciones sobre distintos aspectos que a veces no son convergentes. Cuando analizamos la guerra en Ucrania, la situación en Medio Oriente, en Gaza, etcétera, hay una enorme tensión en general. Con relación a Trump, yo he trabajado muy bien con él en su primera administración y estoy trabajando muy bien con él en temas del OIEA. Reitero muy claramente, trabajé muy bien con él en aquel momento, trabajo muy bien con él y con sus equipos en este momento. De hecho, estamos hoy aquí en Washington lanzando una iniciativa muy importante con el secretario de Energía [Chris Wright], cuando no creo que ellos estén lanzando muchas iniciativas con ningún organismo internacional. Es muestra de un buen trabajo, muy concreto, que nosotros tenemos con ellos.
-¿Eso puede ser algún tipo de indicio respecto al respaldo a su candidatura a la secretaría general?
-No lo excluiría, pero tampoco lo afirmo.

-Se habló mucho de que Rusia o China podrían ser dos de los miembros del Consejo que objeten su candidatura por alguna posición que ha tomado en el marco de su trabajo con Irán o Ucrania. ¿Qué visión tiene de eso?
-No, creo que no hay ninguna base para eso. Creo que, por supuesto, quienes digan eso, probablemente lo digan porque no favorecen mi candidatura. Recuerden que con Rusia tenemos un trabajo muy delicado, muy sensible con relación a la guerra con Ucrania. Y soy un interlocutor frecuente de las más altas autoridades de Rusia. Con China puedo decir lo mismo con relación a cuestiones delicadas que tienen que ver con la situación en [la planta nuclear japonesa] Fukushima. Tengo una relación de trabajo muy constructiva con ambos.
-Y este tipo de iniciativa que lleva a cabo aquí con Estados Unidos, ¿no puede ser vista de manera recelosa por estas dos potencias que pudieran verlo a usted como el candidato de Trump?
-El año pasado estuve lanzando una reunión muy importante sobre fusión en Chengdú, China. Y también estuve en Moscú en la semana nuclear organizada por el presidente Vladimir Putin con jefes de Estado de África y de otros países. Quizá en Occidente se ve menos, porque los medios por ahí no lo informan tanto como lo que sucede acá. Pero yo estoy en todos lados con la misma imparcialidad, que es una de las palabras que en mi mensaje de campaña he mantenido siempre. Yo estoy con todos.
-En las últimas semanas emergieron renovadas tensiones en la disputa entre la Argentina y el Reino Unido por las Malvinas. ¿Sigue creyendo, como sostuvo hace unos meses, que esa situación no será un obstáculo para su candidatura dado que Londres es otro integrante del Consejo con derecho a veto?
-Puedo repetir eso. Porque todas estas externalidades futbolísticas, periodísticas, yo las llamaría así, son eso, son externalidades. Hay un hilo conductor de un trabajo muy serio con el Reino Unido en todos los temas de la agencia que es excelente. Yo creo que no hay ningún a priori negativo. Por supuesto, los países luego eligen. Pero yo me siento muy confiado.
-¿Y por qué, dado que como usted dice tiene buenas relaciones con todo el mundo, tuvo algunos “no apoyos” en las dos votaciones en el Consejo?
-Es muy lógico. Porque creo que las grandes potencias se sitúan en estos procesos tratando de maximizar en sus conversaciones entre ellos sobre los candidatos los resultados que a ellos los favorezcan. Lo que se puede ver es que hay un número parecido de apoyos, y hasta diría de desalientos, entre todos los candidatos del pelotón superior. Nadie puede decir que acá hay un claro front-runner [favorito]. De hecho, los rusos y los chinos están acá con delegaciones en esta reunión que convoco en Washington. Plantee como algo que era indispensable para el OIEA que hubiera una invitación abierta. Y estoy muy agradecido con el gobierno norteamericano de que así lo hicieron. No hubo discriminados aquí.

-¿Puede haber un candidato sorpresa, o una jugada de último momento que no sería raro viniendo de Trump?
-Siempre puede haber. Hubo casos de candidatos que se presentaron al final en los procesos y les fue muy mal generalmente. ¿Por qué digo esto? Porque normalmente los candidatos actuales, y acá me incluyo en un colectivo, nos tenemos que someter a una serie de Horcas Caudinas. Entonces, las candidaturas sorpresivas no diría que caen mal, porque están en todo su derecho, pero dan una sensación de querer cortocircuitar el proceso y no darle posibilidad a los países a hablar con ellos, a conocerlos. Y además hay una cosa que me causa mucha gracia, porque hay muchos que dicen que hay peligro de un candidato que sea elegido a mano a último momento. Si hay una fragmentación por las diferencias que existen entre los países, objetivas y políticas, ¿dónde está esa persona que, mágicamente, podría hacer que dos capitales que están en guerra o muy tensionadas, de pronto digan “ah, sí, descubrimos la piedra filosofal, y acá está la persona que nos va a llevar adelante”?
-¿En qué ejes está poniendo el mayor foco para recabar apoyos en lo que resta del proceso de elección?
-Creo que no hay nada muy diferente. Es decir, basé mi campaña en decir que necesitamos muchísimo a las Naciones Unidas, y que para ello hace falta elegir a una persona que tenga un récord de gestión que muestre que sabe utilizar la herramienta multilateral. Y para mí eso no ha variado.

-Una de los aspectos que se mencionan en este proceso es que la ONU nunca tuvo una mujer como secretaria general, y sus principales rivales parecen ser Rodrigues-Birkett y Grynspan. ¿Eso complica su candidatura?
-No creo que sea una desventaja. Si algo prueba es que no hay ninguna discriminación. Es decir, los países se están pronunciando y finalmente convergerán en torno a un nombre. Y lo que he dicho antes lo vuelvo a decir ahora: para mí tiene que ser la mejor persona, individuo, ser humano. Hombre o mujer.
-El programa nuclear de Irán ha sido un tema central en su gestión al frente del OIEA, con posiciones muy distintas entre Teherán, Washington y las potencias europeas. ¿Cómo cree que ese historial pesa en su candidatura, siendo además que el conflicto entre Estados Unidos y el régimen aún no está resuelto?
-Creo que con relación a la candidatura lo que importa es el proceso más que los resultados. En el sentido que las potencias, yo espero, que lo que juzgarán es cómo el director general del OIEA se ha comportado frente a este tipo de negociación.
-¿Y cómo se comportó?
-Con imparcialidad. Tuve momentos en los cuales fui criticado por unos y después por otros. Porque mantuve una línea donde yo sostuve lo que creo que debe ser, no lo que pienso que le va a gustar a los norteamericanos o a los rusos. Hasta hubo momentos en que Irán me ha elogiado mucho, ahora no tanto. Es decir, creo que la prueba ácida está en la imparcialidad que uno ha tenido.

-¿Usted cree que la alianza tan estrecha entre Estados Unidos y la Argentina, y la personal entre Trump y Javier Milei, no complica su candidatura ante otras potencias, como China o Rusia, que podrían identificarlo mucho con el presidente norteamericano?
-No, en absoluto. Porque no olvidemos que soy un funcionario internacional. Soy argentino, muy orgulloso de serlo, y además lo he dicho, a los candidatos tienen que presentarlos su propio país. Entonces, yo por eso le pedí al Presidente que me presente, porque soy argentino. Pero no soy el canciller de la Argentina. No lo soy. Entonces, creo que eso es una diferenciación que para los países es bastante clara. No soy el vocero de mi país. Yo tengo que ser una persona absolutamente imparcial. El gobierno argentino ha juzgado que mi candidatura es una candidatura lo suficientemente meritoria para ser presentada.
-¿Y lo está ayudando en este momento?
-Sí. La parte que le corresponde al lobby diplomático lo está haciendo impecablemente, el canciller Pablo Quirno y los diplomáticos argentinos. Y Quirno con un gran sentido de liderazgo en cuanto a los temas. Y además quiero decir otra cosa: mi visión la escribí yo, de acuerdo a mi criterio de lo que debe ser la herramienta multilateral. Se la entregué a Quirno y así como se la entregué, él la presentó a las Naciones Unidas. Y eso es un acto de enorme honestidad intelectual de parte de nuestra candidatura. Yo no estoy vehiculizando una visión particular de un Estado.
-¿Qué ganaría la Argentina, en términos de política exterior, si usted llegara a liderar la ONU? Y hablando en términos futbolísticos, ¿si le tocara asumir debería sacarse la camiseta?
-Creo que ganaría muchísimo, porque es la expresión más alta de la diplomacia internacional, encarnada por uno de sus hijos. Resultado de la diplomacia profesional argentina, de una vocación de paz, de entendimiento que es propia de nuestro país. No por nada los países luchan por eso. Con todo respeto y sin compararme en absoluto, es como si uno dijera, ¿de qué le sirvió a la Argentina haber tenido al papa Francisco? Obviamente, es el pastor de los católicos, pero también es una expresión de la capacidad de un país de proyectar su valoración de la paz, del multilateralismo. Encarnamos una manera de ver la diplomacia internacional. Creo mucho en eso y la Argentina tiene una noble tradición. Nobel de la Paz a uno de nuestros cancilleres [Carlos Saavedra Lamas, en 1936], tuvimos grandes personalidades que con papeles importantes en el plano internacional. Es lo intangible. Siempre cuando en mi tarea internacional, por más que soy totalmente imparcial, me siento en un lugar, soy argentino. Siempre hay esos cinco minutos de la Argentina que están ahí, sobre la mesa.
-¿Y no siente que vaya a ser la voz de este gobierno en particular?
-En absoluto, y nadie me lo ha pedido. Ni siquiera la voz de la Argentina.
-Y no con la camiseta puesta.
-La camiseta no te la sacás nunca. La tenés en tu ADN, la tenés en tus recuerdos, es tu alma. Y nosotros somos un pueblo de inmigrantes, que fundamentalmente no tiene enemigos. Nosotros tenemos una enormísima cantidad de calidades. A mí me pasa que en muchas de estas negociaciones difíciles, el hecho de ser argentino me ha ayudado muchísimo. Porque uno tiene esa empatía de saber que el otro nunca es el otro, que puedo ser yo también. Entonces eso es una gran, gran, gran cosa que tenemos los argentinos. Por eso pienso que uno tiene que ser, pese a que sea universal [el cargo de secretario general], la expresión de su país. A mí nunca se me ocurría ir a pedirle a alguien que nació en otro país que me presente. Nunca. No lo podría entender. Soy optimista, creo que la mía es una candidatura que proyecta efectividad y mucho realismo, que es lo que hace falta. Y una gran preocupación porque a las Naciones Unidas las necesitamos más que nunca.
-Si usted asumiera como secretario general, ¿cuáles serían sus primeras medidas?
-Lo primero que hay que hacer, desde el día uno, es estar encima de los conflictos internacionales. Y los tengo muy claros en mi cabeza. ¿Qué es lo que está haciendo el secretario general en Medio Oriente, en Sudán, en relación a Ucrania y Rusia? Eso es lo que va a dar un tono diferente, de ver a un secretario general que se mete, y que lo dejan que se meta. ¿Y por qué? Lo dejarían sobre la base de conocer que es una persona imparcial, que no estará empujando agendas nacionales. Creo que ahí está el gran déficit en este momento de la ONU. Mucha gente dice, “pero se olvida del desarrollo”. No, no me olvido de nada. Pero estamos en un mundo que está en llamas.
-Usted mismo llegó a decir que la ONU “navega hacia un mar de irrelevancia”. Si Estados Unidos siguiera recortando fondos, ¿qué margen real tiene un secretario general para revertir esa tendencia?
-Sí, hay que evitarlo eso. Otros exageran y dicen, “este tipo es un negativista”. Yo creo que justamente es desesperante que navegue hacia la intrascendencia. No podemos permitirlo. Tenemos que salvar a las Naciones Unidas. Creo que es toda una cuestión de confianza. Estoy convencido de que en el momento en que Estados Unidos y otros tengan un secretario general en el que confían, y lo digo por mi experiencia en el OIEA, porque si bien tenemos momentos difíciles, en última instancia yo sé que puedo hablar con el gobierno aquí y que darán los recursos necesarios. ¿Por qué? Porque ellos sienten que hay una gestión que va en la dirección correcta, administrativamente hablando. Acá no estoy hablando de política.

-¿Y qué haría con la agenda de género, de cambio climático, de desarrollo, que de pronto a Trump no le gusta financiar?
-Hay que escuchar a todos. El error es condenar a alguien porque no le gusta el cambio climático. Hay que escuchar por qué, hay que tener un diálogo, hay que saber cómo encarar esas temáticas que siguen existiendo y son muy válidas para otro grupo importantísimo de países. Pero si Naciones Unidas se arroga una especie de carácter de predicador, apóstol del pensamiento único, es un error político. No estoy hablando de un error ideológico, es un error político. Si yo voy en contra del primer contribuyente que paga el 25% del presupuesto de la organización, entonces yo me tengo que sentar. No puedo decir, “usted es un sátrapa, es un loco”. No, tengo que escuchar por qué. Esa es la tarea finalmente. El mundo nunca va a ser unívoco, aún en épocas más pacíficas. Tengo que tener la sabiduría de ir por el camino del medio.
-¿Y la identificación del gobierno de Milei con Israel podría complicar de alguna manera su candidatura?
-No, porque soy un candidato independiente, soy un funcionario internacional y trabajo con todos. Trabajo con todos los miembros de la Liga Árabe, de la conferencia islámica y trabajo también con Israel, que es lo que debe ser. La política internacional es caleidoscópica en muchos momentos. Los países, las democracias sobre todo, en momentos históricos determinados van variando en sus afinidades y en sus alineaciones. En la función internacional hay que saber navegar eso. Yo estoy muy cómodo con todo el mundo. Tengo los mejores amigos en el grupo árabe y, por supuesto, en Israel. Y a mí me verán hablar con todos.
-Respecto a la situación en Irán, después de casi seis meses de guerra y negociaciones que vienen fracasando, ¿cómo está la situación nuclear hoy?
-Está congelada la negociación nuclear y congelada la situación en Irán. Porque mientras el tema de fondo del estrecho de Ormuz y otras cosas no se aclaren, el tema nuclear pasó a un segundo plano. Entonces en este momento no tenemos un canal de discusión.
-¿Y cuál es el panorama nuclear?
-Está igual que la última vez que conversamos. El uranio está donde estaba, básicamente, en el momento de la Guerra de los 12 días. Las instalaciones han sufrido daños importantes. Quizá hay un pequeño matiz en los últimos meses, en los cuales se comienza a hablar de que Irán ya estaría probablemente en un sitio que se llama Pickaxe Mountain comenzando a reconstruir parte de su infraestructura. No se puede negar, pero tampoco hay elementos muy sólidos que permitan afirmar que eso se hace. El tema está donde estaba, sigue siendo un gran pendiente. Nosotros estamos listos y espero que podamos volver a trabajar lo antes posible.
-¿Ustedes están interviniendo de alguna manera?
-Conversamos con Estados Unidos, inclusive con Irán. El diálogo existe, pero es un diálogo que se limita a que ellos [por los iraníes] dicen que hasta que no haya una evolución general en la negociación, ellos no van a avanzar. Esta es la realidad.

-Y en Ucrania, ¿cómo está la situación de la central nuclear de Zaporiyia?
-Está en una situación delicada porque la alimentación eléctrica externa está muy comprometida. Tenemos una sola línea actualmente que está también caída. En este momento estamos negociando el séptimo cese de fuego para poder repararla. Así que la situación es delicada. Hablo con los ucranianos y con los rusos para lograr un alto el fuego bien modesto, pero indispensable.

-¿Y respecto a Siria, donde el OIEA encontró toneladas de material nuclear en un sitio que no había sido declarado por el anterior gobierno?
-Es una buena noticia. Es un tema que ha estado dentro de la agenda internacional como un grave pendiente. Estuve allí personalmente, en el sitio donde había un reactor que estaba siendo construido de manera clandestina, pero mucho más importante, tuvimos acceso a más de 50 toneladas de uranio que iban a ser el combustible de ese reactor fallido. Y ahí fui con mi jefe de inspectores, estuvimos en unos túneles, una situación casi que de una película de ciencia ficción. Ahora esperamos avanzar para poder tener todo eso bajo inspecciones. Independientemente de que el gobierno sirio está en una política de reconstruir su relación con la comunidad internacional, ese material estaba ahí, en un lugar secreto. Tuvimos que treparnos, romper con un martillo una pared, caer del otro lado con unas linternas, y había más de 200 cajas con combustible para ese reactor fallido. Esa parte del territorio sirio estuvo mucho tiempo bajo el control de Estado Islámico.
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