Relajados, los dueños de estas casas se dejaron atraer por el imán del agua y amarraron sus hogares de fin de semana en el delta de San Fernando
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FABIÁN Y VICTORIA. Son el alma del barrio. Diseñador gráfico, fanático de la vida de río, pero por sobre todo emprendedor nato, Fabián fue quien ideó y llevó a cabo el proyecto del Eco Barrio Flotante. Su mujer, Victoria, lo acompaña como administradora del lugar, alquilando las casas cuando los dueños no las ocupan.
La idea de armar un barrio con casas flotantes se abrió paso en la cabeza de Fabián de Martino estando en Ámsterdam. "Allá las casas flotantes son moneda corriente, pero no las montan sobre estructuras nuevas sino sobre viejos barcos", dice. De vuelta en el país, reformuló ese concepto y buscó los materiales idóneos para la construcción. "Una vez que tuve todo diagramado, armé una reunión en casa y les presenté la idea a todos mis amigos".
Los compradores empezaron a aparecer y, una a una, las seis casas que hoy conforman el Eco Barrio Flotante se construyeron en un astillero de la zona, se transportaron, y se lanzaron al agua en el Yacht Club Buenos Aires, en San Fernando (una ubicación de fácil acceso, a pocas cuadras de la Avenida del Libertador y con salida al río Luján).
Amarradas a un minuto de lancha de la orilla, las casas del Eco Barrio Flotante son dúplex con 42m2 cubiertos y 30m2 descubiertos. Cómodas, tienen agua corriente, luz, aire acondicionado, anafe eléctrico, conexión Wifi y televisión satelital. Hoy, ya asentados, Fabián y su mujer, Victoria Carrasco, consiguieron socios inversores, siguen construyendo casas, proyectan agrandar el barrio y –por qué no– reproducirlo también en otros pagos.
MARIANA. Oriunda de Adrogué, conocía poco y nada de la dinámica del río. Cuando vino por primera vez, se enamoró del lugar y la mística que lo rodea. Ahora fanática confesa, se agenda una escapada cada vez que puede, sea sola o con sus hijas Delfina y Sofía, que ya se mueven por el lugar como peces en el agua.
Mariana es amiga de Victoria y Fabián, de allí que conoció –y amó– tempranamente el barrio flotante. "Vengo siempre que tengo un huequito, en la semana también. Vivo en Adrogué, y si hay tráfico me lo banco porque sé que no bien llego acá desconecto, y después vuelvo con otra predisposición: es sanador", dice. Sus dos hijas también aprendieron a disfrutar de cada visita al río y a sacarle provecho.
Si bien no es dueña de una casa, es habitué del complejo. Socia vitalicia, podría decirse. Los propietarios de las casas suelen alquilarlas (o prestárselas a conocidos) cuando están de viaje o saben que no las van a usar; y ésta no es la excepción: su dueña, la artista plástica y joyera contemporánea Monique Lecouna, está más que feliz de que alguien más aproveche su pequeña parcela de paraíso.
KAROLINE Y GABRIEL. Publicista y dueño de la marca de anteojos Infinit, le agarró el gustito al agua de grande, cuando se compró una lancha para navegar los fines de semana. Íntimo amigo de Fabián, se encantó con la idea de las casas flotantes ni bien la escuchó: fue el primero en comprar una, y disfrutarla junto a su novia Karoline.
"Me compré una lancha hace un par de años, y ahí descubrí el encanto del río", dice Gabriel. "Cuando venís a navegar, siempre terminás encarando la vuelta alrededor de las siete de la tarde: la gente se quiere pegar un baño, tomar algo, o simplemente esquivar el tráfico. Cuando Fabián vino con la idea de las casas flotantes me pareció que era perfecta, es la forma de extender el programa y aprovechar la caída del sol, el mejor horario para disfrutar en el agua", sentencia el dueño de Infinit y primer vecino del Eco Barrio Flotante.
Tanto él como su novia, Karoline, son de Palermo, por lo que la cercanía y accesibilidad del lugar fue carta definitiva para decidirse y elegir el lugar cada vez que Febo asoma un poquito. "Para mí fue clarísimo el encanto: por mucho menos plata de lo que costaría una casa de fin de semana, tenés un lugar que no sólo da al río, sino que está sobre él. Eso es inigualable".
Texto: Bárbara Orlando.






