Hamburguesas, sushi, a puertas cerradas y cocina por pasos. Conocé el nuevo polo por dentro.
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Por Eleonora Biaiñ. Fotos de Sebastián Pani
CAFÉ URQUIZA
Detrás de una antigua heladera mostrador, sobre un estante, hay una foto de dos adolescentes. Uno es rubio, de flequillo, y se llama Juan Puppo; el otro tiene el cabello moreno, larguísimo, una remera de Iron Maiden y es Gonzalo Benavídez. Ambos estaban de camping en Villa Gesell cuando alguien inmortalizó un abrazo entre amigos, los actuales socios del Café Urquiza.
Gonzalo –quien durante su infancia preparaba panqueques, aspics y otras delicias del libro de Doña Petrona– terminó sus estudios de cocina y se tomó un avión hacia Madrid para trabajar en toda clase de sitios, desde bodegones en recónditos pueblitos hasta lugares de vanguardia, como el vasco Mugaritz. Allí absorbió, con la intensidad de los sabores, las prácticas españolas que una década después utilizaría en su La Plata natal.
Fue a mediados de 2015 cuando, mientras trabajaba en Mirazur –Francia– junto con otro de sus grandes amigos, Mauro Colagreco le pidió que lo ayudara en la inauguración de su hamburguesería Carne, en la misma ciudad que los vio nacer. Gonzalo, entonces, decidió volver.
La idea del restaurante propio surgió al reencontrarse con amigos. “Cuando encontramos el local decidí invertir mis ahorros y realizar un trabajo distinto del que venía haciendo”, explica Gonzalo, quien pasó de la alta cocina europea a las hamburguesas y de ahí hacia una cocina que puede llamarase confortable. “Para Café Urquiza imaginamos platos que nos gustan a nosotros: apostamos a lo sencillo bien elaborado, algo contundente, a buen precio. También a dar servicio todo el día, a hacer nuestro propio pan y pastelería”.

El plato del día, con el frío del invierno, puede ser una polenta con estofado o guiso de lentejas. Después, pensando en hacer algo diferente, surgieron los sándwiches de carne braseada, una de las especialidades de la casa (de cerdo, $145; de ternera, $130). “A la noche servimos raciones tipo picada o tapeo, como papas bravas al estilo mediterráneo (con alioli y pimentón) y gambas al ajillo (desde $60). En estas propuestas, de algún modo, se puede ver la influencia ibérica”, agrega Gonzalo.
¿Por qué se llama Café Urquiza? “Es que la calle 13, en la que estamos, antes llevaba ese nombre”, aporta Juan, especialista en administración. El rostro de Justo José, dibujado en carbonilla, ilustra una de las paredes del local que a mediados de este mes cumple un año.
CALLE 13, ESQUINA 56, LA PLATA
LUNES A SÁBADO DE 8 A 24
(0221) 483-1020
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FOODIE
Desde la cocina, por la ventanita redonda de las puerta vaivén, el cocinero vio a los huéspedes en el salón: festejaban el fin de año con un gran brindis, se reían y realmente parecían felices. Fue en el hotel Llao Llao, durante la cena de celebración de finales de 2007. “Podía hacer dos lecturas de la situación: pensar que mientras otros se divertían yo estaba trabajando o que había valido la pena el esfuerzo. Esto último fue lo que sentí y me dio a entender por qué me gustaba la gastronomía”, explica el platense Leandro Barroso, quien formó parte de la brigada que el cocinero Darío Gualtieri tuvo en el hotel de Bariloche.

Leandro soñaba con tener un restaurante de tapas. Cuando le propusieron inaugurar Masse, en su ciudad natal, decidió tomar un desafío que le abrió las puertas como chef asesor de varios restaurantes. A Punto, la empresa gastronómica que lo gerencia, es propietaria de diversos proyectos en la ciudad de las diagonales. Así, después de un recorrido, llegó a Foodie, local inspirado en la cadena británica Bill’s que ya tiene dos años en City Bell. Barroso hizo la carta, preparó las recetas de los platos, se ocupó de la apertura en La Plata y actualmente realiza la supervisión general del trabajo.
Foodie ofrece comida a toda hora, pero el fuerte son las hamburguesas y la cerveza artesanal, esta última de productores locales ($80, la pinta). En un principio, para la hamburguesa crearon una receta con un 70% de carne vacuna y un 30% de porcina. “Esa fue la que nos gustó y dio identidad a Foodie; después agregamos una hamburguesa 100% de carne de vaca y otra 100% de carne de pollo”. Cualquiera de ellas se puede comer con distintos panes y combinaciones de ingredientes. La propuesta más reciente es con morrones asados, ajíes en vinagre, panceta, huevo, mozzarella, lechuga y tomate ($136), ideal para quienes quieren hamburguesas superpotentes. Para acompañarlas hay papas fritas ($63) o ensalada ($50). Entre los postres, el recomendado es la chocotorta ($90).
El local de La Plata está ubicado sobre un boulevard de árboles añosos, dentro de una nueva zona comercial. Es un inmenso espacio vidriado, con capacidad para más de 200 cubiertos, donde se puede comprar pan y otros productos. Estacionada en la vidriera, hay una Vespa, como la que Leandro estacionó en City Bell, que quedó como parte de la puesta en escena.
AVENIDA BOULEVARD 51, ESQUINA 5, LA PLATA
TODOS LOS DÍAS DE 8 AL CIERRE
(0221) 482-6630
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KUDA SUSHI
A la familia de Edgardo “Edgar” Kuda se la considera pionera en la gastronomía de La Plata y City Bell. Los Kuda son descendientes de habitantes de la pequeña isla japonesa de Okinawa que llegaron a la Argentina en la década del 30. El padre de Edgar se mudó en los 80 al partido de La Plata, donde tenía parientes. Cerca está la Colonia Urquiza, en la que viven muchas familias japonesas, conocidas por dedicarse a la floricultura, como en Escobar.

“City Bell cambió en los últimos años porque más gente busca vivir en esta zona algo más residencial en la que abrieron nuevos emprendimientos de cocina y de a poco se transformó en un polo alternativo”, dice Edgar. La casa con jardín donde está Kudasushi es una propiedad con historia: allí funcionó uno de los primeros restaurantes de la localidad, El Perro Verde, a principios de 2000. Luego, el hermano y la cuñada de Edgar llevaron adelante el negocio con dos locales, hasta que en 2013 se hizo cargo el cocinero, quien venía de trabajar en Morizono, Moshi Moshi, Murasaki, Neko, Danzón, Belushi y Kika. “Lo que hacemos es cocina fusión, el concepto norteamericano del sushi que funciona a nivel comercial. Es amable al paladar y poco invasivo para quien no está acostumbrado a los sabores y texturas asiáticas”, dice. También sirven algunos platos japoneses como las gyozas ($90), empanaditas –o ravioles– de cerdo al vapor, selladas en la plancha, ceviches y tiraditos.
Como en todo circuito en crecimiento, el público en La Plata se atreve a descubrir nuevos y distintos ingredientes de manera paulatina, dice el chef. “Desde que existen lugares como Osaka, en la Capital Federal, y gracias a su buena repercusión, los restaurantes de sushi estamos más habilitados a innovar en los sabores”. La carta ofrece una variedad imoprtante de rolls: entre los más populares, está el Sweet Mango ($110, cuatro unidades) con langostinos, queso, palta, mango, azúcar mascabo y semillas tostadas. El Pasión, con salmón, queso, verdeo, condimento togarashi y salsa de maracuyá, un roll caliente que se pasa por masa de tempura, panko y luego se fríe ($120, cuatro unidades).
El sushi de los Kuda se sirve en un salón pequeño con entrepiso. En verano, las mesas salen a la calle y ya es un clásico en el corredor gastronómico que comprenden La Plata y City Bell. Sushi de autor con aires nikkei para buscadores de delicias asiáticas.
CALLE 472, NÚMERO 1426
MARTES A DOMINGO DE 20 A 24
(0221) 480-3931
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ATELIER, COCINA Y CAVA
Santiago Palma superó una dura prueba para poder acceder al espacio en el que tiene su restaurante de City Bell. Después de una vuelta por Italia y España, donde realizó experiencias en La Rosa de Oro y Mugaritz, recaló en Buenos Aires para trabajar en Nectarine, y abrió, luego, uno de los primeros lugares a puertas cerradas en La Plata. Sin embargo, con su currículum y algunos inversores en su agenda, no logró convencer a Pietro De Porcellinis de vender su negocio.

Después de varias charlas, el ingeniero italiano –quien tenía como hobby la cocina– le propuso al chef definir el asunto con una comida. “Cociné para él y su mujer una cena en mi casa. Uno de los cinco pasos fue un cochinillo entero, presentado del hocico a la cola”. En aquel momento, parece, se produjo el hechizo que sedujo al italiano. “Creo que con ese plato logré finalmente ganarme el traspaso”, dice Palma.
El restaurante abrió a fines de diciembre de 2014 en una esquina arbolada de City Bell, con una arquitectura moderna, cuya gran pared vidriada deja ver los hermosos árboles del exterior. ¿Qué se puede comer? “Propuestas elaboradas con productos estacionales, sobre todo ,con vegetales producidos en la zona. Buscamos contrastes de sabores en la boca, distintas texturas y temperaturas para poder expresar lo mejor de los alimentos”, explica Santiago. “Le damos, también, muchísima importancia al vino. Ofrecemos botellas de bodegas pequeñas y seleccionadas”, dice. Botellas que se cuidan a la perfección en la bellísima cava del restaurante.
Para quienes desean probarlo todo, se puede hacer una degustación ($590) con maridaje ($790) o comer a la carta. Algunas de las más sabrosas opciones son: langostinos grillados y en ceviche, con emulsión de kimchi, vinagreta de alga nori y kale ($185), entraña de ternera, quinoa roja y vegetales asados ($295), mollejas, puré de hinojos caramelizados y rúcula ($185), ciervo Axis, zapallo, repollo colorado y chocolate blanco ($310).

Pietro De Porcellinis, el ex dueño del local donde funciona Atelier, volvió al restaurante como cliente varias veces durante los primeros meses . “Pietro es un perfeccionista y quería chequear que lo estuviéramos haciendo bien, con mucha pasión”, resume Santiago. Cocina contemporánea ejecutada con precisión y una excelente oferta de vinos para los paladares más exigentes.
DIAGONAL 93, ESQUINA 474 Y 13 B, CITY BELL
MARTES A SÁBADO DE 20 A 24 Y DOMINGO DE 12 A 15.30
(0221) 472-4640
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