
A los 82 años, Valentino es la personalidad más codiciada de Nueva York
En sus visitas a la Gran Manzana sale todas las noches y se pelean por tenerlo en las reuniones
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NUEVA YORK (The New York Times).- Eran las 21.30 de una noche de noviembre, y Valentino Garavani estaba en su salsa. El diseñador acababa de terminar una sesión de preguntas y respuestas de más de una hora sobre sus seis décadas de carrera en el centro cultural 92nd Street Y, en el Upper East Side de Manhattan. Parado en el foyer, justo afuera del teatro y vestido con un impecable traje azul marino con vivaces bolsillos plaqué, el diseñador estaba rodeado de fotógrafos, seguidores y camareros que repartían copas de Dom Perignon. De fondo sonaba una música de jazz, mientras Garavani oficiaba de anfitrión, circulando entre los invitados y posando para fotos con quien que lo tomara del brazo.
Para muchos, esa jornada de homenaje sería el mayor evento social de la temporada. Para Garavani era apenas un evento más en su ocupada agenda de actividades sociales. La noche siguiente, Valentino se dirigió a la Torre Trump y presentó un premio a Franca Sozzani, el editor de la Vogue italiana. Allí conversó con Kris Jenner, se abrazó con el director Baz Luhrmann y posó para las fotos con la modela Coco Rocha.
A principios de ese mismo mes había estado en la fiesta de presentación del libro de Diane von Furstenberg ofrecida por Michael R. Bloomberg en el fundación que el ex alcalde tiene en East 78th Street. En su propio local, Valentino también firmó ejemplares de su reciente libro Valentino: At the Emperor's Table (Valentino: en la mesa del emperador). Además hubo una cena para celebrar la aparición del libro en Christie's. Dos días más tarde, el diseñador estaba sentado en la primera fila de la tan esperada subasta de Bunny Mellon en Sotheby's. La noche siguiente estuvo en la première de Foxcatcher, en el Museo de Arte Moderno (MoMA).
Y eso apenas fue en la primera quincena de noviembre, durante una de sus breves visitas a Nueva York, uno de los cinco lugares que Garavani considera su hogar, junto con Francia, Londres, Roma y Gstaad. En los anales de los fiesteros de Nueva York, entre los cuales se han contado a lo largo de los años a figuras que van desde Truman Capote hasta Anthony Haden-Guest, y que hoy incluye a Chloë Sevigny, Harvey Weinstein y Dereck Blasberg, pocos encaran la escena social de la ciudad con más decisión que este residente de tiempo parcial de 82 años.
Y aunque esquiva cualquier pregunta sobre qué lo impulsa a cumplir con una agenda tan alocada, se permite bromear sobre la cantidad de tiempo que pasa en la Gran Manzana. "Adoro mi departamento en Nueva York -dijo el modisto-. Cada tanto me gusta venir a constatar si la casa se vino abajo o sigue en pie. Acá siempre tengo algo que hacer."
Los gustos que sabe darse Garavani están bien documentados: lujosas propiedades en todo el mundo, estadas de esquí en Gstaad, el yate, la porcelana, los perros de pura raza pug. ¿Pero cómo? ¿No se había retirado? Dejó la marca que lleva su nombre en 2008. Es un octogenario al que le tiembla la mano derecha. Cuando Fern Mallis, su interlocutora en 92nd Street Y, le preguntó cómo se siente, Valentino admitió: "Algunos días, muy viejo".
Otros diseñadores de su generación, como Hubert de Givenchy o Emanuel Ungaro, después de retirarse desaparecieron de la escena. Los diseñadores que actualmente llevan adelante la marca Valentino, Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, no pisan las alfombras rojas con el mismo gusto que lo hace Garavani. "Nos gusta la moda más que el estilo de vida del mundo de la moda", confesó Piccioli el año pasado.
¿Y Garavani? Siempre en el candelero. Tiene que promocionar su libro, por supuesto, ¿pero hay algo más? "A Valentino le encanta salir", dice sin complicarla su amigo de toda la vida, André Leon Talley. "Siempre fue así. Para esta época del año viene a pasarse un mes en Nueva York y sale todas las noches. Es así desde 1970. Lo conozco desde hace mucho tiempo y sigue siendo la misma persona que conocí el primer día: divertido, lleno de energía, la alegría de vivir personificada."
Al parecer, cuando renunció al título de diseñador de moda no renunció al de celebridad de la moda. "Realmente le encanta ser el centro de atención pública", dice Matt Tyrnauer, director del documental Valentino: The Last Emperor (Valentino: el último emperador). "Siempre tuvo una vida de alfombra roja. Es importante para él, y además es algo que lo define. Retirarse a una vida tranquila habría sido una mala idea, lo habría crispado. No aflojó ni un poquito."
Por todas las fiestas a las que sí asistió, también hay algunas en las que estaba anunciado -a los jefes de relaciones públicas les encanta incluirlo en la lista de nombre famosos que agitan frente a los periodistas y fotógrafos cuando anuncian un evento- y a las que finalmente no fue, incluidas una cena y subasta en el Four Seasons, y el estreno de The Imitation Game. Es que tenerlo presente a Valentino es el premio mayor.
"Lo vengo invitando desde el origen de los tiempos", dice Andrew Saffir, fundador de la Cinema Society, en referencia a Garavani y a Giammetti. "Son fanáticos cinéfilos y tienen un gusto implacable para el cine. Desde que llevo adelante esto, siempre han sido invitados fantásticos y mantienen excelentes relaciones con actores y actrices. Aportan una especie de glamour."
"Recuerdo que cuando llegaron al estreno de The Normal Heart fue un verdadero suceso -dijo Saffir-. Como Brad Pitt era el productor y Angelina también estaba, ellos captaron obviamente gran parte de la atención. Pero tengo que decir que había mucha gente igualmente entusiasmada por la presencia de Valentino y de Giancarlo. ¡En serio!"
Traducción de Jaime Arrambide






