A mi hijo le cuesta dormirse
Algunos chicos caen rendidos a la noche, y a otros les es muy difícil quedarse dormidos, se angustian, llaman a sus padres -en el mejor de los escenarios- o se pasan a su cama, deambulan, molestan, o quieren seguir jugando porque se resisten a que se termine el día, a veces por miedo a quedarse solos y otras porque quieren seguir pasándola bien, aprovechando, no quieren perderse nada y sienten que dormir es una pérdida de tiempo.
En este sentido influye, y mucho, la visión que tienen sus padres del sueño ya sea que dormir les resulte un "desperdicio" de su tiempo, o que les encante meterse en la cama. En relación con los chicos, es muy distinto cuando los padres quieren que se acuesten rápido para que empiece el horario de "protección al mayor", o cuando en cambio logran cierta entrega personal, paciencia y flexibilidad para acompañarlos en el momento de acostarse.
Algunas dificultades para conciliar el sueño se relaciona con la genética, con lo biológico, ya que vemos búhos noctámbulos y alondras madrugadoras tanto en niños como en adultos. En todos los casos los padres podemos colaborar para instalar un ritual de sueño que facilite esa hora tan temida.
Ir a la cama es el momento de separarse de papá y mamá, de cortar las interacciones con ellos y de quedarse solo con uno mismo. Surgen –o pueden hacerlo- muchas ideas y sentimientos que durante el día quedaron lejos de la conciencia porque los chicos estaban ocupados y entretenidos y además tranquilos de la presencia adulta que los protegía incluso de si mismos.
Cuanto más difícil haya sido el día, por retos, penitencias, enojos, más complicada será el despegue a la noche. Para poder alejarse es necesario que predominen los aspectos amorosos de las relaciones y no los hostiles. A los chicos les cuesta irse a la cama, separarse y dormirse, cuando mamá o papá se muestran (durante el día o la hora de acostarlos) furiosos, hartos, desilusionados, o heridos por el comportamiento de sus hijos. Pueden quedarse quietos y callados por miedo, con el corazón latiendo a toda velocidad, pero no tienen la paz suficiente como para entregarse al sueño.
Parte importante del ritual de a la cama es ir bajando las revoluciones de los chicos al atardecer, ellos no tienen botón de encendido y apagado sino más bien un dimmer, un variador de intensidad, por eso tratemos de hacer las cosas todos los día de forma parecida: un baño relajante, no más pantallas ni juegos bruscos ni carreras después de cierta hora, de modo que sus personitas se vayan apaciguando. Los acompañamos al baño a lavarse los dientes y a hacer pis y a la cama. Desde chiquitos ya en su cama les contamos un cuento, conversamos, cantamos una canción, les damos un beso, los arropamos y nos retiramos dejándolos tranquilos. Hagámoslo con tiempo, nuestro apuro nos quita la serenidad y los chicos se dan cuenta y se contagian de nuestra ansiedad.
Dormirse implica soltar amarras, y en ese soltar se aflojan las inhibiciones, represiones, frenos y a muchos chicos les da miedo lo que puede venir a su mente, por eso les cuesta quedarse solos.
De nuestra mano pueden ir adquiriendo técnicas para ocupar su mente en temas que los ayuden a relajarse de modo que no los invadan las preocupaciones, sentimientos o pensamientos que les quitan el sueño. Un niño no puede ordenarle a su cerebro que no piense en los celos que le tiene a la hermana –celos que lo asustan porque hacen que le desee cosas muy feas cuando los siente- pero sí puede ocupar su cabeza con otros temas, y así relajarse y quedarse dormido, porque en realidad está cansado, muy especialmente ahora que empiezan las clases.
¿Cómo mantener lejos de su mente esas ideas y sentimientos que los asustan? No hablo de masajes o mimos porque requerirían que otra persona se quede haciéndolos hasta que el niño está dormido, masajes y mimos forman parte de la media hora de mucho contacto y presencia de papá o mamá anteriores al intento de conciliar el sueño.
Hay muchas técnicas eficaces que les podemos enseñar para que puedan hacerlas solos cuando van creciendo:
- 1) la respiración profunda: estar atentos a inhalar bajado el diafragma y exhalar vaciando los pulmones requiere toda la atención del niño,
- 2) todo tipo de técnicas de relajación,
- 3) visualizaciones: pensar en un lugar seguro (cueva, altillo, etc.) para ir llenándolo en su mente de sus cosas lindas e imaginarse en ese lugar,
- 4) música relajante: ayuda en el proceso,
- 5) rezar: para los creyentes.
Agreguemos aquellas estrategias que nosotros adultos utilizamos para conciliar el sueño.
Primero las enseñamos y los vamos acompañando a probarlas para que cada uno se quede con la combinación que le resulte más eficaz. Cuando las incorporan ya pueden hacer solos, con el enorme beneficio de que no están con sus padres pero están con esas técnicas que ellos les enseñaron, que es casi como estar con ellos. Van a volver llamarnos, en ese caso acudamos para que confíen en nuestra disponibilidad, ingrediente fundamental para que un chico pueda quedarase dormido. Paradójicamente, cuanto más seguros están de que cuentan con nosotros, menos van a llamarnos.
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