
A rodar mi amor
All Stars, el temible equipo porteño que jamás perdió un partido, es ícono argentino del roller derby: un deporte de chicas que se sacan chispas
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La oficina de María Marta Berdiñas queda en la avenida Córdoba y el Bajo. Es un dos ambientes que no llama la atención, con fotos enmarcadas de sus tres hijos y una computadora de escritorio. Hasta ahí todo muy normal para una abogada que pisa los 40 y callejea Tribunales sin pena ni gloria, con los expedientes bajo el brazo. Pero hay algo más, siempre hay algo más en todos nosotros: un álter ego, un superhéroe gritón detrás de la fachada, listo para ponerse el traje en la primera cabina telefónica. Nunca se sabe, en el fondo, cuál es el derecho y el revés de una persona. Berdiñas es abogada en la superficie, pero cuando se calza los patines, las rodilleras y el casco de batalla se convierte en Barbie Turik, una muñequita platinada de labios rojísimos, la Gatúbela dark del roller derby (un deporte de patinaje sobre ruedas que crece en la Argentina), el lado b perfecto, el reverso trash del tailleur.
Ahora los cuadros de la historieta nos llevan a la avenida Boedo al 1100, justo debajo de la autopista, donde una pandilla de chicas patina en círculos, en una canchita de fútbol 5, con aire confiado y semipendenciero. Ellas son las All Stars A, el mejor equipo de roller derby del país, una suerte de dream team que componen las jugadoras de la 2x4, la liga más competitiva a nivel nacional. Son un cardumen de patinadoras muy seguras de sí mismas, pirañas rodantes que no conocen la derrota y que, a nivel seleccionado, se llevaron el título Sudamericano en Colombia, el año pasado; ahora van por el título mundial, que se dirime en Dallas a fin de año. "Jamás perdimos un partido y yo tampoco perdí un juicio", jura Barbie Turik.
Chicas sin freno

Para entender qué es exactamente el roller derby, la referencia más cercana es una película que se llama Whip It (la traducción aquí fue Chicas sin freno), estrenada en 2009, en la que Drew Barrymore y Juliette Lewis son patinadoras salvajes que inician a una tiernita Ellen Page en ese mundo de descontrol. El relato incluye un tercer tiempo de festicholas y ponche de fresa, con nerds, punks, fraternidades alfa-omega y las almas perdidas de siempre. "Cuando vi la peli se me abrió un nuevo mundo; al poco tiempo me compré los patines", cuenta Barbie Turik, cinco años más tarde. "Nunca pensé que iba a tener la habilidad que tengo a esta edad. Hoy tengo dos familias: la mía y el derby", confiesa esta abogada penalista y laboralista, que trabaja con colectividades y visita cárceles con frecuencia.
Aunque en el film se muestra el roller derby como una carrera violenta, en la que las chicas se hacen puré a fuerza de empujones sucios y trompadas, no es tan así en el mundo real. De hecho, esta disciplina tiene 100 páginas de un reglamento estricto, regido por la Women's Flat Track Derby Association (Wftda), que impide dar codazos, cabezazos o provocar el tropiezo intencionado de otra jugadora.

El roller derby es un deporte predominantemente femenino y nació en los Estados Unidos en la década del 20, pero tuvo su revival más fuerte a partir de 2000, en Austin, Texas. Se juega en una pista de circuito y cada equipo envía a cinco jugadoras a la cancha: tres bloqueadoras, una pivot y una jammer, que es la que anota los puntos. El uso del cuerpo es muy específico, porque hay una zona permitida de combate para bloquear al rival –hombros, pecho y hasta la mitad del muslo– y partes vedadas –mitad del antebrazo para abajo, codo, cabeza y espalda–. Los partidos se componen de dos períodos de treinta minutos, pero con las revisiones de los fallos pueden estirarse mucho más. La complejidad del juego requiere hasta siete referís en la cancha para monitorear todo lo que ocurre en simultáneo: en un mismo plano, y en cuestión de segundos, hay diez personas chocando, cayéndose y cometiendo faltas.

En la Argentina, el fenómeno del derby va creciendo de a poco: se calcula que existen unas 30 ligas a nivel nacional, desde Ushuaia hasta Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Necochea, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Salta y Tucumán. Muchos de los equipos del interior se vieron las caras en el último Violentango, el torneo interligas de roller derby más importante del país, que se realizó durante abril pasado. En total se disputaron 20 partidos y se invitó a un combinado de jugadoras de Brasil y Chile, que padeció en carne propia el rigor de los corpachones pampeanos.
La patrulla infernal
En esta tarde de domingo, debajo de la autopista, las chicas de la 2x4 armaron su propia kermés, con buffet y merchandising a escala. Invitaron a Alianza Rebelde, una liga de La Plata, y a sus chicas les dieron para que tengan, porque las pulverizaron en los dos partidos de la tarde. El espectáculo es rarísimo: manadas de chicas ultramaquilladas y tatuadas dándose caderazos, avanzando en bloques compactos. Los hinchas aúllan ¡juntas, juntas...!? De repente, una patinadora se desprende del pelotón y la tribuna estalla: es Rayo McQuad que anota otra vez. Y Bounty Hunter que devuelve la gentileza con otra corrida memorable.

Los nombres de las jugadoras meten miedo: Juanita Bella Muerte, Hulka, Sophie Fatale, Fénix Furia, Busca Pleiton, Panda Fisura o Sonia Wyns, una bloqueadora que haría pedir piedad a cualquier rugbier presumido.
De fondo suena una especie de rock industrial, mezclado con The Cure, y el lado oscuro de la fuerza brilla de gritos y sudor gótico. Es una especie de futuro imposible (un no future, dirían los punks): pandillas de mujeres en patines patrullan las calles y aterrorizan a una humanidad devastada, en una noche que no termina nunca.
Todo el show, la carpa entera de este circo subterráneo, se levantó a fuerza de autogestión. La Liga 2x4 Roller Derby nació en 2010 –es la primera del país– y está integrada por unas 50 personas, que se organizan en comisiones. Los equipos que participan en esta divisional metropolitana son cuatro: Bully Chicks, Cowgirls from hell, Wild Girls y Bloody Furias, sumados a dos combinados viajeros: el 2x4 All Stars (que en 2012 ganaron el primer torneo interliga de la Argentina) y Las PiBas. Para tener una idea del peso de la 2x4, hay que decir que diez jugadoras de las All Stars integran el seleccionado argentino que viaja al Mundial de Dallas.
El equivalente al Tata Martino, pero sobre patines, es Martín Blousson, un editor y guionista que está filmando, desde hace tres años, un documental sobre el roller derby mientras dirige la selección. "Es un juego apasionante desde el punto de vista de la estrategia y el trabajo en equipo", explica el DT. Y agrega que desde el vamos lo emocionó la idea de meterse en un territorio completamente virgen, en el que estaba todo por hacer. Muchas veces, asegura, tuvieron que mendigar para que les cedieran un espacio en donde las chicas pudieran patinar.
Aun así, las miraban de costado, sin entender demasiado de qué iba ese asunto de los caderazos y las jammers. "En las pistas de patinaje artístico se asustaban un poco cuando les decías que era un deporte de contacto y en las canchas de fútbol 5 pensaban que se iba a armar quilombo", recuerda Blousson. Hoy, no existe una locación que cumpla con las condiciones básicas para que el seleccionado ni los equipos de las ligas puedan entrenar. "Hay un grupo que se junta en la plaza de Medrano y Costa Rica, pero a veces las chicas discuten con los pibes que juegan al fútbol y ligan algún pelotazo", afirma el guionista. También están las que se juntan en un playón de Parque Chacabuco, pero las prácticas son casi a oscuras, sin baños ni vestuarios. "Recién ahora logramos que un club de Berazategui nos deje patinar ahí los domingos a la mañana", agradece.
Ir al frente

"En la 2x4 todo es ciento por ciento autogestionado: hacemos de tesoreras, presidentas y hasta somos nuestros propios sponsors; solucionamos problemas y activamos las cosas a medida que se presentan", comenta Martina Romínez, alias Turbonegra, una temible patinadora de las All Stars A, que también integra el seleccionado albiceleste. Tiene 28 años, es técnica en indumentaria y se gana la vida como cadete.
"Para estar en la cancha hay que darlo todo. Es muy simple: la que no entrena no juega", avisa Turbonegra, que, pese a tener los meniscos rotos, jamás falta a una práctica. "Si te lastimás por un golpe es que no estás preparada", advierte.
Lo curioso es que, pese a captar al público femenino, el roller derby no es para jovencitas recién salidas del colegio. La mayoría de las jugadoras del circuito tienen más de 25 años y abundan las que rondan entre 30 y 40. En este paño, la juventud no es el bien más preciado.
"Las más chicas quieren salir y divertirse, pero este es un deporte muy sacrificado y muchas no toleran la exigencia", sostiene Barbie Turik, que todos los miércoles inicia a las principiantes, las Fresh Meat (carne fresca), y entrena cuatro días a la semana. En la cancha juega de pivot o mediocampista y también es referí. "Tanto en el derby como en la vida, voy siempre al frente. Lucho por lo que quiero y sé sacar a relucir lo mejor de la gente", dice.
Sin demasiados recursos, sin sponsors de peso, el roller derby es una tribu urbana que subsiste y se ramifica a pulmón. No ayuda el hecho de que el equipamiento es carísimo: comprarse patines competitivos, casco y protecciones llega a costar hasta 1000 dólares por jugadora.
Pero nadie se preocupa demasiado por esos detalles. Lo que se celebra aquí es una suerte de camaradería de chicas que van camino a convertirse en hermanas de sangre, en alegres conductoras suicidas. El espíritu del derby se glorifica en el famoso tercer tiempo, en versión criolla: con los patines puestos, las guerreras de la liga 2x4 se encuentran los domingos a la noche en el Parque Chacabuco, después de jugar. Piden cervezas de litro y arman jugadas entre ellas. El que pase por ahí a esa hora, en ese momento preciso, pensará que esa fantasía futurista, la humanidad regida por poderosas chicas en patines, finalmente está entre nosotros.

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