
Aburrimiento sí, tedio no
Señor Sinay:
Me gustaría leer alguna reflexión sobre el tedio, que según un personaje del cuento Ligustros en flor, del inolvidable Juan José Saer, "es más temible que los supuestos peligros desconocidos que acechan al explorador del espacio". Leyendo este cuento con mis alumnos de la escuela secundaria, caímos en la cuenta de que este ¿sentimiento? muchas veces nos asalta.
Analía Caciarelli
En su Diccionario del uso del español, pieza vital para la comprensión y el disfrute del idioma, la lexicógrafa zaragozana María Moliner (1900-1981) propone una subacepción de la palabra tedio: "Estado de ánimo que no encuentra interés en lo que lo rodea o en la vida en general". Creo que el aburrimiento y el tedio no son sinónimos aunque lo parezcan. El aburrimiento nos suele aquejar cuando, durante un lapso, no tenemos algo que hacer o cuando lo que hacemos se vuelve monótono y repetitivo. El tedio se origina en el vacío de una vida sin propósito, de un viaje existencial carente de brújula. Es lo que lleva a Meursault, protagonista de El extranjero (novela cumbre de Albert Camus y obra literaria y filosófica imprescindible) a matar a un hombre del que ignora todo y, simultáneamente, a no sentir nada ante la muerte de su propia madre. Cuando ya es tarde para él, Meursault comprende que quien ha vivido realmente, aunque fuera un solo día de su vida, podría vivir fácilmente cien años en la cárcel. Tendría suficientes recuerdos para no aburrirse.
Podríamos decir, en síntesis, que el tedio cae sobre quien hace de su vida apenas el cumplimiento de funciones vegetativas (respirar, comer, dormir, reproducirse, consumir, trabajar automáticamente y al día siguiente reiniciar el ciclo). Vivir y vegetar son términos opuestos. ¿Pero qué es, entonces, vivir? ¿Cómo se trasciende el tedio? ¿A través de la diversión? Divertirse parece ser una consigna obligatoria de la vida contemporánea: las personas, las cosas, los trabajos, las relaciones tienen que ser "divertidos". ¡Qué divertido!, decimos aun en situaciones de una patética vacuidad. Es una frase automática. Confundimos diversión con falta de esfuerzo, de compromiso, de consistencia, de profundidad. Es "divertido" lo que no nos obliga a pensar, a sentir, a trabajar por un vínculo, a examinar nuestra interioridad.
Cuando la vida, inevitablemente y a través de diferentes situaciones, nos pregunta qué pensamos hacer con ella, cuál será el sentido del que la preñaremos, cuáles serán nuestro compromiso y la responsabilidad que asumiremos ante el otro y ante el mundo, nos sentimos agobiados por el interrogante y nos sumimos en el tedio. El aburrimiento se anestesia con "diversión": basta con llenar cada segundo de nuestro reloj con una actividad o una persona. Aun así, aburrirse es parte de la vida, como enfermarse, como el dolor, como sufrir pérdidas, como golpearse y, en fin, como morir. No es una anomalía. Sólo se divierte de verdad (no compulsivamente) quien también acepta aburrirse. El aburrimiento es inevitable. El tedio no. El tedio es la consecuencia de una actitud existencial. El rabino y filósofo Harold Kushner dice, en Cuando nada te basta: "Pensamos que la culpa reside en lo que hacemos o en con quién lo hacemos y que el remedio consiste en cambiar de trabajo, de pareja, de barrio. En ocasiones es necesario un cambio, pero a menudo el problema está en nosotros, que, por miedo a sufrir, optamos por una vida de chatura emocional. Nos inyectamos una dosis de «novocaína espiritual» para sobrellevar las tormentas de la vida sin salir dañados, y después nos llama la atención sentirnos tan embotados".
Eso es el tedio. Meursault lo entendió tarde. Los alumnos de nuestra amiga Analía, y tantos otros, están a tiempo de hacer de su vida proyectos que vayan más allá del propio ombligo, que incluyan al otro, que mejoren el mundo. En sus Enseñanzas espirituales, Marco Aurelio, emperador de Roma desde 161 hasta 180 d.C. y filósofo estoico, advierte sobre "la necedad de malgastar la vida estando siempre ocupado pero sin un propósito hacia el cual enfocar los pensamientos y acciones". En el vacío de sentido es donde florece el tedio.
sergiosinay@gmail.com
El autor responde cada domingo en esta página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Se solicita no exceder los 1000 caracteres.







