Adiós a la barba: el ícono de la cultura hipster se transforma

La popularización entre personajes del mainstream hace que muchos de los que adoptaron este look temprano se vuelquen a la cara despejada
Soledad Vallejos
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14 de marzo de 2015  

"Hasta Jared Leto se afeitó la barba después de que se la dejó Fantino." En la ironía de la frase que tiene como protagonista al conductor de Animales sueltos, y que se viralizó por Twitter a principios de este mes, hay un trasfondo que excede la burla: la barba hipster, que en nuestras latitudes llegó a su pico máximo este verano, agoniza. Esta tendencia, que copó la escena porteña y delineó un lifestyle vanguardista, se transformó en algo mainstream, ya popularizado. Y muchos de los que impusieron la barba ahora buscan otros caminos para distinguirse: la cara lampiña o el bigote a lo Dalí son algunas de las opciones que empezaron a verse en las calles.

El 27 de enero pasado, desde la cuenta @fantinofantino, llegó el cambio de look. Casi de inmediato, llovieron las críticas. Al día siguiente, el conductor insistió y preguntó a sus seguidores: ¿ustedes notan mucha diferencia? Más comentario en contra y otros a favor. Pero la nueva apariencia duró poco, y hace algunos días el conductor volvió a mostrarse afeitado. La razón de peso, según esgrimió, fue respetar la continuidad de la grabación de Escuela de maridos, para la señal de cable Fox Life.

"Hubo un boom este verano, y cuando un fenómeno se populariza siempre sucede lo mismo. Es cierto que muchos comenzaron a sacarse la barba y ver de cuál otra tendencia pueden colgarse -dice Paul Fava, productor y bloguero de moda-. Están los que la usaron siempre, la adoptaron y no piensan afeitarse porque ahora ya no se use, y los que se suben a una moda sin darse cuenta de que, en este caso la barba, no le queda bien a cualquiera."

Y agrega: "Hay cosas que la moda sólo tiene permitidas a ciertos personajes, hay que entender que los modelos están genéticamente agraciados para mutar, para cambiar radicalmente de look. Pero no todos tienen esa misma suerte, y lo que puede quedar bien en la pasarela no es fácil de replicar en la calle".

En dirección opuesta

En el diario londinense The Guardian lo habían anticipado a mediados de 2014. El fin de la era hipster había llegado y uno de sus símbolos más representativos, la barba, ya no era tan cool. Como aseguran también en el sitio NY Racked: "Cuando una tendencia se convierte en mainstream, pierde todo su atractivo para quienes han sido sus impulsores, y lo que suele suceder es que ese mismo grupo luego reacciona en dirección contraria".

En la factoría de estética Roho, la peluquería que dirige Oscar Fernández, también notaron el cambio de signo. Allí, por lo bajo, confiesan que "se viene el hombre sin pelo, sin barba y rapado; y en algunos quedará sólo el bigote tipo Dalí".

En definitiva, la barba dejó de ser un signo para distinguirse, como dijo un oficinista porteño al regresar de sus vacaciones. "Éste fue el verano en que todos volvieron de la playa con barba, como una regla general. Con decir que hasta el gerente de la empresa ahora la usa."

La barbamanía se impuso en actores, deportistas, conductores de televisión y también en la selección de los modelos publicitarios de varias marcas de indumentaria, tanto locales como del exterior. En los Estados Unidos pueden mencionarse a Urban Outfitters y American Apparel, las marcas que atrajeron hace algunos años a sus clientes con sus masivos outfits arquetípicos de corte hipster: remeras desgastadas, camisas a cuadros, skinny jeans que se usan con el dobladillo arremangado y zapatos que, no importa la ocasión, siempre van sin medias. Pero la moda ya pasó y las marcas también declinaron la tendencia en sus vidrieras y ventas.

Viral y peyorativo

La moda, ya se sabe, tiene sus ciclos, y los fashionistas siempre van detrás del último grito. Más acorde con los tiempos modernos, ese hipster arquetípico se viralizó, y la historia es otra. Lo que antes era un término genérico para una tribu contracultural de jóvenes creativos de Brooklyn, en Nueva York, y Hackney, en Londres, se transformó en un término peyorativo para las personas que buscaban, vivieron y actuaron de una manera determinada. El diccionario urbano define a los hipsters como "una subcultura de hombres y mujeres, por lo general entre los 20 y 30 años, que centran su valor en el pensamiento independiente, la contracultura, la política progresista". En realidad, y como algunos deslizan, la palabra ahora equivale a un insulto.

En el mismo diccionario pisa ahora con más fuerza el término fauxhemian, que refiere al individuo que formando parte de una clase media acomodada pretende mostrar una imagen más bohemia, tan sólo una pose.

En una de sus últimas ilustraciones para la tapa de la revista New Yorker, el ilustrador argentino Liniers retrata a una pareja de hipsters caminando por las calles de Brooklyn, en pleno invierno. Él lleva un libro bajo un brazo, usa sombrero, un montgomery como abrigo y, por supuesto, luce una tupida y rizada barba (que de tan larga envuelve el cuello de su chica como si fuera una extensa bufanda). Y el artista argentino, filoso, hace una reflexión al respecto: "Ya lo veremos. En veinte años, las barbas serán recordadas como las polainas de los ochenta". Liniers, cabe añadir, usa (por ahora) barba.

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