
Almanaques de la gomería al museo
¿Pueden ser arte las fotos de mujeres y hombres desnudos? La polémica se ha instalado con fuerza en Gran Bretaña, donde se debate si los calendarios de la firma Pirelli son dignos de ser exhibidos en el ultraconservador Victoria and Albert Museum. Aquí serán mostrados en el Bellas Artes
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The Royal Academy of Porn . Así ha sido rebautizada por los diarios ingleses la tradicional Royal Academy of Arts de Londres. Una muestra sobre los jóvenes artistas liderados por el enfant terrible Damien Hirst, pertenecientes al movimiento V y V (Violento y Vulgar) -hoy llamado Britpack- está causando una profunda discusión sobre los límites del arte. Por ejemplo, Anatomía trágica , de los hermanos Jake y Dinos Chapman, ocupa una sala entera y consiste en varios maniquíes de dos cabezas y cuatro piernas teniendo relaciones sexuales.
¿Se debería exponer arte aun si impacta y ofende? Frente a la polémica desatada por esta y otras obras, la Royal Academy sólo accedió a que se repartieran formularios para que los visitantes respondan a la pregunta. Dos miembros de la Academia ya renunciaron, y varios manifestantes hicieron estrellar docenas de huevos contra una de las pinturas más agresivas.
Mientras la prensa se desvive comentando los pormenores de la muestra, con mucha menos publicidad el aún más tradicional Victoria and Albert Museum se debate por un tema similar: exponer los calendarios Pirelli en sus paredes centenarias o no.
¿Arte con un dejo erótico o pornografía con pretensiones? Son muchos más los que han escuchado hablar de estos objetos de culto que quienes efectivamente los han visto. Y no es para menos, dado que se producen en ediciones estrictamente limitadas, jamás se venden y sólo son enviados a los más altos ejecutivos de empresas multinacionales. Si hay algo de erotismo en su intención -y la hay- es siempre refinado y artístico , aclaran los representantes de la firma. Evidentemente, no son el típico almanaque de gomería al que estamos acostumbrados.
Sin embargo, para muchos éste es exactamente el problema. "Sé que no hay nada de malo con fotos de desnudos si son hechos con buen gusto por fotógrafos famosos -sostiene el crítico de arte británico Philip Henshner en The Times-, pero los calendarios Pirelli son terribles justamente por eso. Una de las grandes cosas sobre los desnudos en la historia del arte es que han sido espantosamente sucios, no pura excitación estilizada."
Colin Ford, director del National Museum of Photography, opina lo contrario: "Estos fotógrafos están trabajando dentro de un género (almanaques para empresa de neumáticos), pero produciendo un resultado que es inteligente, sutil y complejo. Son grandes fotógrafos, no mercaderes de la pornografía, y sus trabajos desafían las expectativas, como toda buena obra de arte debería hacerlo".
Mientras el debate continúa en Gran Bretaña, la muestra ya fue inaugurada en Venecia y comienza una gira que incluirá Milán, Nueva York y Buenos Aires.
Jorge Glusberg, director del Museo Nacional de Bellas Artes, fue uno de los 400 popes del mundo del arte invitados al lanzamiento en el Palazzo Grassi, e inmediatamente inició tratativas para traer los almanaques.
"Son obras de primerísimo nivel, y la gente estaba fascinada. Nosotros ya hicimos una muestra de Pirelli (sobre fotos de Brasil) con mucho éxito."
Con supermodelos como Naomi Campbell, Cindy Crawford y Kate Moss desplegándose en sus páginas, retratadas por fotógrafos del prestigio de Richard Avedon, Herb Ritts o Norman Parkinson, la exposición de los calendarios tiene una concurrencia asegurada de antemano.
Pero la gran sorpresa la trae el almanaque 1998. Encargado especialmente a Bruce Weber -el fotógrafo de las campañas de Calvin Klein-, por primera vez trae retratos de varones.
"Creo que es el tipo de fotografía más difícil", dice la fotógrafa Gaby Herbstein, que desde hace cuatro años realiza sus propios calendarios, inspirados en los de Pirelli. "Muchas chicas me preguntan para cuándo uno con hombres, pero yo al desnudo masculino lo tomo con mucho respeto. Es más complicado que el femenino, porque siempre estás en el límite, bordeando la homosexualidad o lo chabacano. Lo voy a hacer en algún momento, pero todavía no me animo. Pero lo de Pirelli me parece genial, porque la cámara de Weber sabe retratarlos con una mirada casi adolescente, que es perfecta."
La idea de incluir a varones en el calendario (entre los que estará Ewan Mac Gregor, el protagonista de Trainspotting, devenido en actor de culto) fue principalmente una cuestión de marketing en la compañía, dada la creciente cantidad de mujeres dirigiendo las multinacionales a las que son enviados. Pero, además, la movida es una respuesta a las feministas que acusan a Pirelli de recrear la imagen tradicional de la mujer-objeto.
"El problema es que el desnudo hoy es tan común que hay que desesperadamente conseguir un brote de originalidad", explica Alberto Bellucci, director del Museo de Arte Decorativo. "Lo que estos almanaques muestran es una visión edulcorada, traviesa del cuerpo sempiterno, pero la verdadera medida del arte contemporáneo la hace el que lo recibe. Antes los contextos culturales eran más limitados, pero ahora el receptor es el artista, es el que le da gran parte del contenido." Por esto la calificación ética es tanto más difícil, y la pregunta es quién la aplica.
"Yo estuve en una muestra de los desnudos masculinos de Mapplethorpe en San Pablo -comenta Teresa Anchorena, directora del Centro Cultural Recoleta y vice de la Secretaría de Cultura-, donde había muchas fotos terriblemente agresivas. Pero en la puerta había un cartelito de advertencia, y creo que ésa es una buena política. Nosotros estamos trayendo las fotos de Benetton al Recoleta. Pueden ser muy duras, pero a mí lo que me importa es la calidad."
Evaluar las fotos por su mérito. Esa también es la línea del controvertido sir Roy Strong, antiguo director del Victoria and Albert, para quien los límites entre qué es arte y qué es pornografía se van corriendo todo el tiempo. "Y la solución es un museo inclusivo, con espacio para obras como las de Pirelli", declaró al The Times, enfrentándose a sus pares, que, como Henshner, sostienen que el único lugar para este tipo de muestras son los centros de cultura popular, dado que el calendario "no es arte, sino puro erotismo light sin contenido".
A casi un año de empezadas las negociaciones, en Londres todavía sigue la polémica. Buenos Aires la vivirá en carne propia este año que comienza.
Calidad: en la polémica londinense, finalmente impera el criterio sustentado por Roy Strong, el director del Victoria and Albert Museum: "Sólo cuenta la calidad". Las imágenes de desnudos sofisticados se usan cada vez más en revistas refinadas y en publicidad
Una obra prohibida
Para Herbstein, el debate Pirelli "es de nuevo la vieja cuestión sobre si una foto puede considerarse una obra de arte o no, que se suponía que estaba totalmente superada. Nadie dice nada de un desnudo si está pintado".
No es tanto así: la revista italiana Panorama le dedicó su número de febrero de 1997 a la que titula una obra escandalosa : L´Origine du Monde (el origen del mundo), una pintura de 1866 del consagradísimo Gustave Courbet, que cuelga nada menos que en el Musée d´Orsay, de París.
"En sus 46 por 55 centímetros, concentra en el límite de lo imaginable pornografía y erotismo", declaró el crítico Pasquale Chessa.
Courbet la había pensado como su obra maestra prohibida. Porque es una obra maestra, si pensamos en la calidad de la pintura, la armonía del color o el contraste. Pero el pintor era perfectamente consciente de la fuerza transgresora de este cuadro que, 131 años después, todavía perdura. Siempre cubierta por un aura un poco turbia, su historia comienza cuandor el diplomático egipcio Khalil-Bey, por pedido de una prostituta que quiere ser retratada, encarga a Courbet una obra para jamás ser expuesta; será por siempre conservada en el baño, cubierta con terciopelo verde.
Años más tarde, cuando el egipcio decide vender su colección de arte, el cuadro no figura en el catálogo. Reaparece sólo en 1910, en manos de un noble húngaro. Los nazis la censuran y luego la secuestran, para luego ser vuelta a censurar (y secuestrar) por los soviéticos, y volver a París en 1955, a manos del gran psicoanalista Jacques Lacan, que la compra convencido por Georges Bataille (el filósofo del erotismo). Cedida al Estado francés, desde 1995 domina la sala Courbet en el museo más importante de la Rive Gauche, pero sigue escandalizando a más de un turista desprevenido.
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