Amor clandestino. Tenía 22 y él 43: “Estábamos vacíos, buscábamos ser amados”
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Se saludaban y sonreían. Él estaba casado, mientras que la relación de Florencia estaba a punto de llegar a su fin. En aquel momento nada sabían el uno del otro, se miraban de lejos en el gimnasio y coincidían con un hola y ojos brillantes. Flor apenas tenía 22 y Charly ya había cumplido los 43.
Ambos ansiaban esas coincidencias, sin embargo, comenzaron a conversar casualmente muchos meses después. Entre charla y charla, Florencia supo que el matrimonio de Charly era pura ficción. "Tenía una vida exitosa, socialmente hablando. Y no podía evitar sostener fachadas que acompañaban esa imagen, como un matrimonio acorde y ser un padre ejemplar para sus dos hijos", revela ella con mirada nostálgica. "Tenía mucha plata de la mano de un negocio relacionado al deporte de elite. Yo apenas llegaba a fin de mes; trabajaba en un local de ropa y mi círculo de amistades era lo opuesto a su vida. Veníamos de mundos diferentes".
Rock nacional y mentiras
Pero la necesidad de verse y compartir conversaciones creció con el paso de las semanas. Aquellos instantes llenaban sus corazones, "porque en el fondo estábamos vacíos y buscábamos ser amados", reflexiona ella hoy.

Una noche de lluvia coincidieron en un festival de su ciudad. Florencia había llegado como casual visitante y él formaba parte de la organización. Charly la invitó a sentarse en su mesa, desde la cual cobraba las entradas. Entre risas y pensamientos compartidos, se dieron cuenta cuánto se hacían falta. Esa noche se despidió de él con una sonrisa plena, cargada de promesas.
"Me escribió al finalizar el evento y me preguntó si quería verlo", recuerda Florencia. "A partir de ese día compartimos una gran historia, sin sus lujos acostumbrados, solo afecto profundo, charlas infinitas y la simpleza de tan solo querer estar el uno con el otro. No necesitábamos más, por aquella época mis regalos para Charly eran CD´s grabados de rock nacional, que él atesoraba como lo más preciado".
Los meses transcurrieron mágicos para ambos. Se iban al río a contemplar las estrellas y soñar despiertos; a veces, solo permanecían en silencio. Flor, incapaz de sostener más mentiras, hacía un tiempo que había finalizado su noviazgo. Charly, un buen día, e inspirado por el coraje juvenil de su amada, se separó.
"Pero seguimos viviendo un amor clandestino por sus hijos, y por nuestra diferencia de edad y social. Esto último tenía tanto peso sobre él, que presionado por el qué dirán y la aprobación familiar, volvió con su mujer".

La mirada social, un saludo y una sonrisa
Florencia está convencida de que juntos fueron felices hasta donde pudieron serlo. Juntos soñaron fantasías que nunca llegaron a concretar, pero volaron y se amaron.
"Yo me quedé en nuestra ciudad, en la provincia de Buenos Aires, y él se mudó a 600 kilómetros, a un lugar en el mundo donde pudo escaparse de la tentación de tirar por la borda su vida `perfecta´, según su entorno social y familiar", asegura Florencia. "Mi amor por él no cambió. Aunque estoy en pareja nunca olvidé a esa persona que me hacía volar con una mirada. No me arrepiento de lo vivido juntos, creo que es una fortuna haber podido sentir algo tan fuerte", concluye.
De tanto en tanto, Charly vuelve a su ciudad. A veces, se cruza con Flor y ella descubre que sus ojos, al verla, brillan. Se saludan y sonríen.
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