Amor, traición y segundas oportunidades: "Las mujeres tenemos un sexto sentido"
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Algunos creen que cuando una pareja decide romper su lazo no existe un verdadero final porque esa relación, de una forma u otra, nos acompaña toda la vida. Dicen que es como una mochila que nunca se vacía del todo y que llevamos siempre…..
El primer amor de Gladys fue a los 18 años. Un noviazgo que vivió con esa inocencia de creer que su enamorado era el indicado y que lo que los unía sería para siempre. "Fue mi primer novio, mi primer te amo, mi primera relación. Estuvimos cinco años y ya estábamos juntando pequeñas cosas para casarnos algún día, pero algo pasó", comienza, "Yo aún no había escuchado eso de que las mujeres tenemos un sexto sentido, pero puedo dar fe que así es", continúa con calma.
Sucedió un 3 de octubre, Gladys jamás podría olvidarlo. Todavía no se explica por qué al observarlo aquel día, supo que algo había cambiado. Y sin más, en un impulso irrefrenable, lo enfrentó. "¿Qué pasa?", soltó simplemente de la nada y sin decir una palabra más. ¿Por qué le preguntaba?, pensó para sus adentros. ¿Acaso realmente había notado algo?, pero permaneció callada. "Y, ante mi profunda sorpresa, surgió la verdad. Había otra y me dejó. Después descubrí que, hacía meses ya, que estaba saliendo con la otra chica y que ella le había dado el ultimátum. Fue un balde de agua fría. No, fue un tsunami que me dejó muerta en vida, sin nada", revela Gladys.
Volver a creer
Superar su primer amor le llevó dos o tres años. En ese período intentó formar otros vínculos, pero no prosperaron. "Eran relaciones del tipo un clavo saca a otro clavo, hasta que llegó Él. Esa persona que me hizo tambalear la estantería, esa que me hizo ver que hay otro tipo de amor", confiesa.

Gladys jamás hubiera imaginado que podría volver a sentir tanto. Era un amor loco para muchos, ya que él tenía 6 años menos que ella; 28 años atrás, no era todavía algo muy aceptado. Pero siguieron adelante, convencidos de lo que sentían y sin darle mayor importancia al qué dirán. "Yo había pensado profundamente acerca de mis errores en mi primera relación y llegué a la conclusión de que mi próximo noviazgo tenía que asentarse en dos pilares: comunicación y sinceridad", expresa con firmeza.
Y así lo hizo. Gladys le contó todo lo que había vivido en el pasado y le dijo "no me hagas esto nunca, por favor". Se dedicaron a vivir el día a día en el amor y ella sintió que había alcanzado el cielo, era muy feliz.
Una vez más
Hasta que un día, una vez más, el sexto sentido de Gladys se hizo presente, persistente y sin motivo aparente. "Estábamos yendo a su casa, paramos en un semáforo y otra vez salieron de mi boca esas palabras de la nada: `¿Qué pasa?´. Y me contó que había una chica de su edad, que había onda y que me pedía un tiempo", recuerda. Otro tsunami en el corazón de Gladys, que simplemente permaneció muda, con la garganta cerrada, el pecho ahogado, y sin poder creerlo.
Sus días le parecieron años y las semanas, siglos. Trató de verlo, pero él, nada. Pasaron unos meses, Gladys siguió con su vida y comenzó a salir con un compañero de trabajo.
Algunos también dicen que aquel que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. El volvió."Me dijo que se había equivocado, ¡que se quería casar conmigo!", exclama Gladys. "Fue así que me `peleé´ con mi compañero de trabajo, que sabía todo, lo conocía a él y a la historia. No corté para retomar mi relación anterior, sino para pensar. Fueron dos semanas agobiantes: ¿Volvía con mi ex o seguía adelante?".
Gladys decidió seguir adelante.

La mochila del amor
Hace exactamente 24 años que Gladys le habló por última vez. "Mirándolo en el tiempo y casi desde afuera, pareciera que lo que yo sentía no era amor. Que no le di la oportunidad que merecía. Pero después de tantos años, a él lo único que podría decirle hoy es que tal vez mi pasado, mi desconfianza y mi miedo me aprisionaron; mi resguardo y amor propio prevalecieron, pero yo lo que sentía por él sí era amor", afirma por lo bajo.
Luego vuelve a alzar su voz y dice: "No me arrepiento de lo que hice, pero a veces, muy a veces, abro esa mochila que dicen que nunca se vacía y que llevamos siempre, y suavecito le digo: "Gracias por darme ese amor, ese tipo de amor que no se olvida. Diego, no lo dudes, yo te amaba".
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