
Anorexia mal de brujas y santas
Una psicóloga, Silvia Fendrik, rastreó en la historia a las mujeres que renunciaron a la comida. Descubrió que no es sólo un problema de fines del siglo XX, que tiene raíces profundas y que no se soluciona con una reeducación superficial
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A mediados del siglo pasado, hubo una epidemia extraña en Morzine, una aldea francesa. Algunas jovencitas de un colegio de monjas -y más tarde, muchas otras mujeres- dejaron de comer. Después, comenzaron a sufrir ataques en los que blasfemaban, insultaban y se arrastraban por el piso, pretendiendo estar poseídas por el diablo.
Las autoridades decidieron alejarlas del pueblo. Las enviaron a asilos y subsidiaron a familiares de otros pueblos para que aceptasen recibir a las enfermas en sus hogares.
Así, favorecieron la migración de las mujeres jóvenes y, sin saberlo, éstas obtuvieron algo que tal vez deseaban profundamente, dado que en Morzine se habían quedado sin futuro. La enfermedad terminó transformándose en un pasaporte hacia la modernidad, en un quiebre de lazos sociales. En el camino del exilio, las campesinas de Morzine lograron romper la rígida tradición.
Esta es una de las tantas historias que relata la licenciada en psicología Silvia Fendrik en su libro Santa Anorexia, un viaje al país del no comer , editado por Corregidor. Allí demuestra que a través de los siglos la palabra transgresión siempre está presente cuando se trata de lo que hoy conocemos como anorexia.
Fendrik se refiere a Santa Anorexia... como a "un viaje a ese extraño país donde sus habitantes sostienen que no hace falta comer para vivir".
Uno de los motivos que la llevaron a escribir el libro fue el tratamiento que los medios daban al tema. "Noté una llamativa insistencia en destacar que éste es un fenómeno actual, ligado a la imagen de un ideal de delgadez impuesto por la moda de estos últimos veinte años."
Obsesionada por esta cuestión, cayó en sus manos un libro sobre la relación entre la anorexia y la santidad, y se encontró con que las universidades americanas habían estudiado el tema en profundidad. "El tratamiento local me parecía de una gran ignorancia y de una gran chatura. Sobre todo, porque se basa en que la anorexia es una respuesta a determinadas pautas culturales actuales, y que hay que trabajar sobre ellas." Entonces se embarcó en la búsqueda de los antecedentes de la anorexia, buscando en archivos y revisando bibliografía.
"Hay una hipótesis global, psicoanalítica e histórica de que el pasado deja sus huellas. Entonces me atreví, sin ser historiadora ni antropóloga, a hacer una investigación sobre textos que en un principio no tienen que ver con un enfoque clínico del tema, sino antropológico, sociológico."
A Fendrik le impactó muchísmo el hecho de que hubiera una especie de moda de las santas en los siglos XIII y XIV (Santa Clara de Asís, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Avila, entre otras). "Había muchas jóvenes que tomaban a las santas como modelo de identificación. La única manera de acercarse a ellas era dejar de comer. Hoy lo sabemos porque a partir del siglo XIII los confesores llevaban registros que hoy son verdaderas historias clínicas."
La voluntad de hierro para sostener que no se trataba de un capricho y para negar la importancia del alimento para vivir parece acercar llamativamente a Catalina de Siena a las jóvenes anoréxicas de fines de nuestro siglo y también pone en evidencia la dificultad de diferenciar nuestra moderna religión diet de los estrictos cánones alimenticios que regían en los conventos medievales , explica en el libro.
"La Iglesia tenía una enorme preocupación por ese estado de privación alimentaria. Las chicas transgredían las normas del ayuno, aquel que servía para purificar el espíritu. La cuestión estaba en el límite. Tanto que la Iglesia temía estados de posesión diabólica.
"La semejanza entre la auténtica religiosa y la poseída por el demonio era muy difícil de establecer, en primer lugar porque ambas acreditaban poderes sobrenaturales y, sobre todo, compartían un lugar común: vivir casi sin alimentarse, con la consiguiente sospecha, cargada de curiosidad y angustia, de clérigos y laicos, de doctos y legos, según las épocas", dice Fendrik.
Esta preocupación existía hasta tal punto que el mismo San Francisco de Asís le pidió a Santa Clara que comiera más, a pesar de que él mismo hacía unos ayunos muy fuertes.
Quizá lo difícil de entender sea cuál es la relación entre la santidad y la anorexia. "La vocación por el convento se despertaba en estas jóvenes muy tempranamente, lo que algunos historiadores que investigan la historia de las mujeres en Occidente interpretan como un importante recurso de la Edad Media para escapar de los designios de esa sociedad patriarcal que las obligaba a casarse muy jóvenes con hombres a los que no conocían."
V olviendo a la época actual, ¿por qué determinados síntomas, como las alucinaciones, no se repiten hoy? "Las visiones ligadas a una mística son culturales" -explica Fendrik-. "Con la brujería sucedía lo mismo. Las chicas creían que estaban poseídas por el demonio. Son fenómenos muy extraños de identificaciones colectivas." La temible Inquisición no fue ajena al tema, pero esta vez con un afán persecutorio. "Cuando la Inquisición puso en la mira a las anoréxicas, comenzó una terrible caza de brujas. Tenía un temor de que a través de determinados signos, incluso la flacura, estas chicas saliesen del circuito reproductivo."
U no de los puntos sobresalientes del libro es la referencia a las falsas anoréxicas. En invierno de 1807, apareció en un pueblito de Estados Unidos el primer caso de esta anorexia ficticia. Un día se hizo público que Ann Moore, una mujer que había tenido una vida bastante tumultuosa, vivía sin comer. Al hacer de esta capacidad un signo de redención por su vida pasada, convenció a mucha gente de que se trataba de una facultad milagrosa. Hasta logró que se intentase demostrar científicamente que existía la posibilidad de que una persona pudiera vivir del aire. Incluso logró reunir una pequeña fortuna con las donaciones de gente que la creía una especie de santa. Pero la mujer en realidad se alimentaba a través de pañuelos empapados en aceite y vinagre que su propia hija le alcanzaba a escondidas.
La pregunta que se cae de madura es: ¿qué lleva sobre todo a las mujeres jóvenes a ser anoréxicas? "Es un enigma -dice Fendrik-, y te digo que lo investigué a fondo. Hay un punto donde las explicaciones se agotan. Yo creo que hay cuerpos portadores de mensajes inmemoriales, que los llevan sin saberlo. Mediante la privación alimentaria se está expresando algo que tiene que ver con pautas culturales ligadas con la femineidad.
"Las feministas le dieron mucha importancia a la anorexia, la actual y la del pasado, por creer que está ligada a un mensaje de rebeldía femenina frente a los designios, mandatos, órdenes, pautas culturales establecidas..."
Según Fendrik, hoy en día hay un negocio de la anorexia. "Creo que el tratamiento está muy comercializado. Hay equipos interdisciplinarios obsesionados por lo mismo: que la chica coma. Así eran los tratamientos psiquiátricos del siglo pasado: por domesticación a través de distintos métodos coercitivos. Lo que no se dice es cuáles son las consecuencias del comer a la fuerza.
Como alternativa, Fendrik ideó un tratamiento al que llama clínico literario, donde el hecho de saber, de conocer, de interiorizarse en historias de vida y en testimonios no sólo de la época actual, sino también del pasado, produce una apertura. "Porque hay algo escrito en el cuerpo de una manera misteriosa, ignorada. Poder llegar a descifrarlo es importante."
Es decir, pensar que una chica es anoréxica porque quiere imitar a las modelos es, según la licenciada, trivializar la cosa. "¿Qué tiene que ver un esqueleto con una modelo? Cuando las chicas llegan al nivel esqueleto y pierden el pelo y el color de la piel, no son modelos de nada, sino radiografías. No están pareciéndose a aquello que fue la causa de su privación. Están en un estado que es la antítesis del que querían."
P ero, ¿por qué son las mujeres jóvenes a lo largo de la historia las que explican, a través del no comer, privaciones que tienen que ver con su época? "En determinados momentos históricos, hay ciertos modos de mostrar qué es ser mujer. Esto se transforma en un estereotipo y se pone de moda. En el siglo pasado, fue la histeria; en la época de las santas, ser santa. Yo te diría que hoy es la anorexia, como una especie de estereotipo muy ligado con la femineidad. Lo primero que aparece en el tiempo en que una chica pasa de la pubertad a la adolescencia, haciendo una dieta estricta, es el fantasma de la anorexia. Como si ser mujer fuera ser anoréxica."
El siglo pasado fue uno de los más investigados por la psicóloga. "En ese entonces, la flacura estaba asociada con un especie de modelo cultural de elegancia. La conjunción entre el modelo poético y el modelo de la aristocracia está nada menos que en La dama de las camelias , que fue un best seller.
Para qué sirve ser anoréxica hoy es algo que todavía no se ha descifrado. "Para averiguarlo se necesita tomar distancia y tener una perspectiva histórica. Aunque en estas últimas décadas hubo una redefinición de lo que significa ser mujer, también en la Edad Media y en el siglo pasado se redefinió su lugar en la sociedad."
Según la licenciada, el tema despierta alarma, más que curiosidad. "Hay que salir un poco de la angustia que produce esa chica que no come, sea hija o paciente. No hay una respuesta de tipo causal. Yo me encontré con que los cuerpos femeninos son portadores sanos o enfermos de algo que los trasciende y que tiene que ver con una historia inmemorial. Tiene que ver con mensajes culturales, familiares y con cuestiones de las que la joven que la padece no tiene la menor idea."
Por esto, a los padres, la licenciada les diría que la anorexia es un mensaje de algo que hay que aprender a descifrar. "Me parece fundamental que sepan que esto tiene una historia. Su hija no es una chica a la que hay que obligar a comer. Lo peor que pueden hacer es recurrir a la domesticación y a la urgencia."
Consciente de la polémica que esta declaración puede traer aparejada, aconseja no creer en un ciento por ciento en las estadísticas. "Tienen un aspecto comercial. Exageran el problema, tratándolo como una cuestión de vida o muerte, cuando en realidad un porcentaje mínimo llega a estos límites. Hay profesionales que con sólo dos elementos, como falta de menstruación e hiperactividad, diagnostican anorexia. No tienen ningún derecho a alarmar tanto a las chicas y a los padres. La verdadera anorexia es un estado de privación absoluta."
Claro que lo que asusta es que una chica comience a bajar de peso y llegue a un punto en que no se pueda volver atrás. "La alarma se tendría que transformar en una señal para tratar de ayudarla a encontrar una respuesta a lo que le está pasando, y por qué se produjo ese estado de identificación con lo que sería una pauta cultural. Pero no debe ser una alarma desesperada. Son mínimos los casos en los que es irreversible."
En definitiva, lo que propone es que las mismas chicas se hagan cargo de lo que les está pasando mediante un conocimiento histórico del tema. "No sirve de nada parar algo en función de la alarma. No sirve de nada transformar a las chicas en robots a los que hay que abrir la boca para que coman. Trabajando estas cuestiones en los momentos previos, cuando no se llega a constituir un cuadro grave, se evita la llegada a un punto de no retorno".
Texto: Paula Urien
Ilustraciones: Carlos Nine
Fotos: Daniel Pessah
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