
Anu Pajala, inmigrante en España: “Tienes que trabajar el doble para ganar el mismo dinero”
Una familia finlandesa dejó atrás su casa y se instaló en la localidad de Fuengirola atraída por el clima, el mar y un ritmo de vida más relajado; sin embargo, el costo de los alquileres, los bajos salarios y los gastos cotidianos complicaron sus planes
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Vivir cerca del mar, disfrutar del sol durante gran parte del año y escapar de los inviernos fríos y oscuros era el sueño de Anu Pajala y su familia. Cansados de una rutina que sentían cada vez más exigente en Finlandia, decidieron vender su casa, guardar sus pertenencias y comenzar una nueva vida en España.
Todo empezó en 2024, cuando Anu, su marido Petri y su hija Sanni decidieron tomarse un año sabático. Reformaron y vendieron su vivienda en Finlandia, se instalaron en una gran casa rodante y emprendieron viaje rumbo a España. Después de pasar seis meses recorriendo gran parte del país, la familia consideró instalarse de forma definitiva en Fuengirola, una ciudad de la Costa del Sol.
Uno de los principales atractivos de la zona era la numerosa comunidad de ciudadanos finlandeses. “Puedes obtener todos los servicios en finlandés. Servicios de salud, servicios dentales, esteticistas, peluqueros y masajistas, agentes inmobiliarios, cualquier cosa que puedas imaginar”, explicó la mujer en diálogo con el diario Iltalehti.

A esto se sumaban el clima y la cercanía con el Mediterráneo. “La luz, el sol y el calor son muy importantes para el bienestar y el estado de ánimo de las personas”, sostuvo. Pero esa calidad de vida tenía un costo que pronto comenzó a pesar sobre la economía familiar.
El departamento que alquilaron costaba alrededor de 1000 euros mensuales. Si bien consideraron que se trataba de una cifra razonable, al ver el interior de la propiedad notaron que estaba en muy malas condiciones.
Según relataron, algunos de los muebles estaban rotos, las puertas corredizas del balcón no cerraban correctamente y faltaban estantes en los armarios de la cocina. También cuestionaron la insonorización del edificio, que hacía que los ruidos de otros departamentos se escucharan durante la noche. A esto se sumaron problemas vinculados con la humedad. En el baño, por ejemplo, una filtración habría alcanzado un armario ubicado del otro lado de la pared y provocado olores en la ropa.

Pero la peor parte llegó con el invierno. Debido a la falta de aislamiento de la vivienda, tuvieron que comenzar a utilizar calefacción de manera constante y, en los meses de mayor consumo, la factura eléctrica llegó a los 300 euros. A este desorbitante monto se sumaron el agua, el internet, los seguros, los gastos escolares y otras obligaciones. “Eso no deja mucho dinero”, reconoció Pajala.
El otro gran inconveniente apareció en los ingresos. Anu trabajaba como teleoperadora en ventas corporativas, mientras que su marido hacía trabajos de albañilería en viviendas de otros finlandeses. “En España hay que trabajar el doble para ganar lo mismo que en Finlandia”, explicó la mujer, aún sorprendida con su experiencia.
La situación llegó a un punto en el que prácticamente el salario completo de uno de los adultos debía destinarse a cubrir la vivienda. La familia comenzó entonces a utilizar los ahorros que había llevado para emergencias. Después de algunos meses en esta situación crítica, llegaron a la conclusión de que continuar en España no resultaba económicamente rentable.

Así fue que en junio de 2025 volvieron a su país de origen. “Nuestro objetivo ahora es calmar la situación y, sobre todo, reactivar la economía. Hemos tenido que recurrir a nuestros ahorros, aunque, por supuesto, esa no era nuestra intención”, reconoció.


