
Varios puntos brillan en la oscuridad, como una vía láctea, y trazan líneas que se vuelven cuerpo. Son bailarines: por momentos, siluetas digitales; por otros, de carne y hueso, que interpretan una danza de realidad virtual inspirada en la física solar. La obra, grabada en 360° con captura del movimiento, se titula Celestial Motion y se exhibe en Espacio Byte, el único museo de arte digital de Argentina.
Se puede recorrer la plataforma a cualquier hora de cualquier día y permite abrir los sentidos a nuevos lenguajes y códigos estéticos. Fundado en 2013 y con afán divulgativo y educativo, el museo –virtual– exhibe una treintena de muestras tanto sobre trabajos pioneros como contemporáneos en los que confluyen arte y tecnología.
Los modelos computacionales vinculados a la ciencia, telares y ciudades digitales, experiencias sinestésicas, videojuegos, transfiguraciones del cuerpo a la red o la dimensión matemática del arte son solo ejemplos de un amplio compendio expositivo con detalles concretos de piezas, corrientes y autores locales e internacionales.
La propuesta curatorial busca dar cuenta de la diversidad de prácticas y posibilidades dentro del "desafío de organizar la multidimensionalidad de la creación digital", explica Enrique Salmoiraghi, director y creador del museo junto con el diseñador David Bianco.

Bailando en otra dimensión es la última exposición inaugurada por el espacio. De carácter colectivo, la muestra exhibe la forma en que varios creadores articulan artes visuales y danza mediante técnicas de animación en 3D, captura volumétrica, realidad virtual inmersiva y machinima. Entre sus propuestas, figuran la mencionada Celestial Motion, coreografía interactiva del teatro Sadler’s Wells de Londres, creada por Alexander Whitley sobre un paisaje cósmico; El Performer, explosivo viaje de un curioso ser –el bailarín holandés Jon Ole Olstad– sobre campos de partículas animadas; ¿Vestirse para moverse?, performance en vivo del avatar Save Me Oh –alter ego virtual del actor holandés Oscar Wagenmans– con trajes geométricos en una animación de evocación Bauhaus; y No hay tiempo para volar, adaptación de un baile de Deborah Hay en el que figuras abstractas se mueven por sonidos fragmentados y crean esculturas de líneas expansivas con juegos cromáticos.
Junto a la obra de artistas foráneos, el museo ha sumado estos años la de creadores argentinos como Eduardo Pla, precursor del arte digital en el país; Agustín Pérez Fernández (Tembac), desarrollador de videojuegos; Gabriel Rud, especialista en lógica y técnica de la forma; Joaquín Fargas, experto en bioarte; Luciano Salerno, con ciberliteratura; Ignacio Guerra, dedicado al net art, y Oblinof Kohara, con música y modelado en 3D.
Las exposiciones permanecen en el archivo de la plataforma, creada con el mismo lenguaje de las obras que exhibe, investiga y conserva, señala el director, que además destaca el incremento exponencial de artistas de nuevos medios.
"En el mundo, hay muy pocos museos de estas características con funcionamiento únicamente en línea", matiza. Espacio Byte surgió tras observar lo inadecuado de prácticas expositivas de arte digital en espacios de arte y museos de todo el mundo en la primera década del 2000. "Recuerdo ver obras de ilustración digital impresas y colgadas en paredes como si se tratara de una acuarela o trabajos de net art que nunca funcionaban porque los visitantes utilizaban las computadoras para revisar mails", agrega el director.
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