
Atahualpa Yupanqui Cartas de amor
El artista más grande del folklore argentino mantuvo con su mujer, Nenette Pepin, una luminosa correspondencia durante medio siglo. Ahora tiene forma de libro
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El hombre corriente suele ser superior en sus cartas, porque allí sobre el papel, donde de una u otra forma se representa, afina su espíritu en el esfuerzo por comprender, por entenderse y por expresarse. Atahualpa Yupanqui, que no fue un hombre corriente, se muestra tan superior en su manifestación epistolar como en su arte innato de poeta y músico. En las innumerables cartas que durante cinco décadas envió a su mujer, Nenette Pepin, desde cuanto sitio visitó llevado por sus compromisos de actuación, hay un alma grande, abierta a otra que es capaz de contenerla como a la guitarra su estuche.
Son cartas cariñosas, intimistas, líricas siempre. En ocasiones, su atractivo se empina en lo simple con cumplimientos de viejo cuño: "Me apresuro a saludarte... Estoy cansado, pero quiero enviarte mi saludo... Me gustó mucho saludarte esta tarde..."
Por lo general prefirió Atahualpa un "querida Nenette" como encabezado, y al pie, un apocopado Ata que pronto devendría un paternal Tata, muy criollo; y entre ambos extremos de la carta, algunas veces el tratamiento de "mi hermana" o "mi amiga", que parece haber jugado levemente a templar en nuevos tonos las cuerdas de la vida conyugal. Ya entrado en la vejez, Yupanqui, con renovada ternura, encabezaría sus cartas llamando a su gran compañera: "Querida Mamá".
Esas cartas, que fueron llegando durante casi 50 años, han sido ahora, en su mayoría, compiladas por el periodista Víctor Pintos y editadas por Sudamericana con el título de Cartas a Nenette. Retratan a su autor en sus sentires más profundos, en la humanidad que los rebasa, y en esa sensibilidad de gran artista y de gaucho esencial que impregna las introspecciones de Yupanqui y sus observaciones acerca del mundo y de los individuos.
Este impar creador argentino, nacido como Héctor Roberto Chavero el 31 de enero de 1908, en Campo de la Cruz, partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires, tocó la guitarra desde lo 7 años, se dio a los 13 el nombre de Atahualpa, en homenaje al último inca, y a los pocos años tomó por apellido Yupanqui, el nombre de la dinastía que mayor esplendor infundió al Imperio Incaico. A los 19 años compuso esa maravillosa canción doliente que es Camino del indio. En 1942 conoció a Nenette, nacida en Francia el mismo año que él. Se enamoraron, convivieron desde 1946, tuvieron un hijo, Roberto Héctor, el Kolla, se casaron en 1979 y entre los dos escribieron Luna tucumana, El arriero, El alazán, Chacarera de las piedras y El vendedor de yuyos, entre mucha otra música memorable que Nenette -sustento teórico del arte de Yupanqui y la callada fuerza de su camino- firmó con el seudónimo Pablo del Cerro.
Nenette falleció el 14 de noviembre de 1990, y Atahualpa la sobrevivió hasta el 23 de mayo de 1992. Murió en Nimes, Francia, durante la noche, en una habitación de hotel. Y no tuvo en ese trance una voz que lo nombrara, lo mismo que su cantado alazán en la soledad del abismo...
En 1945, desde Tucumán, un joven Atahualpa le escribe a Nenette: "(...) Mi viaje, precipitado, y luego la paz de los cerros me llenan de fuerzas nuevas y me voy a vagar libremente por esas sendas que tienen para mi espíritu un lenguaje claro y hondo.
"En estos días estoy en la ciudad, con un pie enfermo a causa de una espina maligna. No puedo salir ni calzarme. Me lo paso leyendo y pensando.
"Leo tu carta y quiero decirte que no pienso tristemente en el porvenir. Ya volveré pronto para grabar mis músicas. Y te veré, levantada y amorosa, trabajadora y buena, como sé que eres. Y besaré tus ojos, compañera de tantas horas lindas y tristes. Mi cariño, Ata"
En abril de ese mismo año, Yupanqui le confirma a Nenette que se reunirán antes del 15 de mayo y le dice: "(...) ¡A qué le llaman distancia...! Sólo duele cuando el alma reduce su horizonte. Pero el alma abarca espacios infinitos, y todo lo abraza en lo ideal, en lo perdurable (...). Lo de afuera puede ser lindo o triste, cambiante siempre, tedioso a veces, pero lo de adentro, las alas mágicas, ésas cuídalas, que no hay otras una vez rotas. Y ésas han de salvarte, corazón mío, porque sé que tienes pasta y eres dulce, y alcanzarás la paz interior y el amor que anhelas (...). Yo estoy lleno de ternuras para ti, Nenette (...)" En 1947 escribe desde Chile que está algo deprimido aunque su gira tiene éxito: "(...) La distancia, el tiempo, dicen, apacigua los dolores y serena el alma. Debe ser cierto, y según el grado de sensibilidad de cada uno. Yo siento aún muchas cosas que me ofenden y que antes no me herían. Y la distancia en tiempo me aclara detalles y acontecimientos ya irremediables. Y me refugio en la música y me aíslo del mundo, internamente. Unas porque aman y otras porque no saben amar, las mujeres siempre se prenden al hombre y terminan por devorarlo o por envilecerlo.
"Hasta pronto, Nenette. Y perdóname esta confesión. Ata."
La preocupación de Atahualpa por la maduración de su hijo, nacido en 1947, era frecuente. En 1964 escribía desde Tokio acerca de la amistad de aquél con dos muchachos a quienes Yupanqui llama Los Marabuntas por una capacidad para comer que habría sido enorme en ambos: "(...) Pienso que la etapa actual del Kolla es peligrosa para esa relación. Hay momentos de definición, y la pasta de esos muchachos no anda pareja. El Kolla, a pesar de la era deportiva y atómica, es un ser espiritual y fino. Y deberá buscar o hallar amigos afines. Y nosotros deberemos atender mucho ese aspecto (...)".
Y en 1964 y desde Buenos Aires, a Nenette en Cerro Colorado: "(...) No puedo quitarme la preocupación por el Kolla en esta etapa. Me gustaría ser un tanto indiferente a sus cosas, modalidades y reacciones. Pero no puedo. La ceremonia de la mesa, o se adquiere en plena conciencia, o simplemente se toma como la hora de morfar (...)".
Ese mismo año y desde Tokio: "(...) Kollita no debe abandonar la gimnasia. Todos los días, en el club o en la casa, debe hacer flexiones para mantenerse en forma. Sobre todo trabajar brazos, hombros y tórax, y aspirar por la nariz y espirar por la boca. Tú te encargarás de que no se siente curcuncho en la mesa. ¿Verdad...? (...)" El mismo año y desde el mismo sitio: "(...) No veo la hora de estar contigo y mi Kolla. Debe haber crecido bastante mi Petizo querido. Le llevo cositas para su atuendo personal, que va a lucir bien. Unas corbatas primorosas, unas medias paquetas, unas camisas de miedo, como dicen los andaluces (...)".
El mismo año y desde Tánger: "(...) Mi cariño al Kolla, y ruego a Pachamama para que se desenvuelva con línea. Es su etapa de formación definitiva (...)".
En 1966 y desde Tokio: "¿Así que nuestro hombrecito está estudiando a Bach? ¡Aleluya! Siempre lo esperé. Ahora sí va a penetrar en un mundo cautivador. ¡Bien, Kolla! ¡Un gran abrazo de tu Tata!" Y en 1969 y desde Caen, Francia: "(...) Esta noche es mi recital. Cantaré parta ti, Nenette. Para ti, y para aquel Kollita que era niño y buscaba mi mano en la noche para dormir seguro, custodiado. La vida del corazón humano tiene muchas historias, laberintos quizá. Pero siempre hay una historia verdadera, la que se escribe con la conciencia, con el desvelo, con el más limpio propósito. Desde el claro camino, te saludo, Nenette. Y bendigo a mi hijo, y le deseo muchas cosas buenas. Y ruego porque así sea su vida: un camino alto, y limpio (...)" Ya anciano, Yupanqui solía sentirse de nuevo muy hondamente hijo. En 1978, le escribía a Nenette: "(...) Ayer, 15 de noviembre, fue un aniversario más del gran silencio de mi padre. Lo he sentido intensamente. Para mí, no pasa ese tiempo. Todo está como detenido. Cada día amo y respeto más a mi tata. El sentido del honor lo justificó yéndose. Ese se llamaba Un Hombre. Un Hombre de Verdad. Que no se repite; y su bondad, su criollismo profundo, su alma libre, es ejemplo que no conozco en otros. Algún día hablaré a Kollita del abuelo que tuvo, de lo que dio, de lo que sacrificó, de lo que sembró.
"Y me conmuevo aún recordando cuánto me quería. ¡Qué amigo perdí! Jamás tuve un amigo parecido (...)" En las cartas de Yupanqui hay una melancolía subyacente, la cual podría atribuirse a su romanticismo y a la distancia física que vivía poniendo con su familia y su tierra. Resultan, en el conjunto, escasas aquellas cartas donde manifestó rasgos de humorismo, y cuando lo hizo fue brevemente, siempre a través de ingeniosas salidas:
- "(...) Era mejor que Mr. Ed el caballo que arreglaba Ante-nor (...)"
- "(...) y al fin Tokio (...). Como siempre, flores y fotos. Nakamishui, Nakashima, Shiga, Hiro, Hamada, Presidente Kawasaky, Mr. Morioko y choferes de uniforme blancos. El coche con Welcome atrás parecía manejado por el almirante Rojas (...)"
- "(...) ¡Milanesas! ¡Quiero milanesas! Aquí (Japón) hace un mes que no como carne. Tiene un gusto a ballena muerta a patadas (...)"
- "(...) ¡Comieron de todo, como operados! (...)"
Yupanqui se había afiliado al Partido Comunista en 1947 y en 1953 se desafilió desilusionado y desengañado. Pero en su época de militante fue perseguido en la Argentina y sus temas estuvieron prohibidos. Innumerables veces estuvo preso. En los calabozos de la seccional 2da. le pusieron una máquina de escribir sobre la mano derecha y encima se sentó un policía. El peso le rompió el dedo índice. Desde agosto de 1949 hasta agosto del año siguiente anduvo por Europa, refugiado. Había huido de la Argentina, ayudado por sus camaradas comunistas, porque le habían retenido los documentos y lo buscaban para reprimirlo.
Con la Revolución Libertadora, Yupanqui pudo retomar plenamente a su actividad artística. Desde Santiago del Estero, escribió en 1956: "(...) En Tucumán, al final de mis cuatro días de renguera, hubo una alarma de tipo contrarrevolucionario (activistas peronistas, obreros y oficiales retirados). Felizmente fue descubierta a tiempo y todo está tranquilo, aunque se suspendieron reuniones y espectáculos en toda la provincia".
Sus opiniones y observaciones sobre la política y las ideologías eran frecuentes en sus cartas, y constituyen un elemento importante en la composición del propio retrato que surge de su correspondencia.
Desde Santiago de Chile, escribía en 1947 de un célebre colega y camarada: "(...) Estuve ayer en la casa de Neruda. Muy cordial; la casa es preciosa, frente a las montañas; el ambiente, raro, muy raro.
"Desde Sofía, Bulgaria, en 1950: "(...) Yo soy un opositor de frente, honesto y limpio. No abrigo odios contra la persona de Perón, y tú sabes bien que he condenado los chistes y los chismes alrededor de él. Y en Chile le paré el carro, rotundamente, a un mendocino que se permitió un brindis de insulto al presidente Perón. (...)" Desde París, en 1971: "(...) Perón es, ha sido y será siempre un fascista, cobarde y ambicioso. Cuenta con mucho pueblo porque la inmadurez de nuestros criollos es evidente. (...)" Desde París, en 1974: "(...) Recibí un paquetón de diarios (leía La Razón y La Nacion). Leí bastantito. Es muy confusa la situación de mi país y yo lamento ese estado de guerra entre civiles, con o sin brazaletes, pero que demuestra odio, pasión, fanatismo, y casi resumiendo, error en la concepción de la vida. Puesto que no se respeta lo fundamental del hombre: su libertad, su vida, su decisión de hacer o decir cosas a favor o en contra de la situación de mando. (...)" Desde París, en 1976: "(...) En buena hora llegan los hombres del Ejército. Tengo esperanza de que, sin hacer de magos, puedan arreglar algo de ese derrumbe económico y moral de mi tierra. Será tarea lenta, pero si hay mano firme, que la hay, los criollos volveremos a respirar el aire antiguo y sagrado de sentirnos en paz, trabajando, y las familias con niños en las escuelas y tranquilidad en el corazón. (...)" Desde París, en 1976: "(...) Pienso que la alimentación de los habitantes de vida moderada, sencilla o sencillamente pobre de nuestro país, debe ser, o debería ser, la preocupación fundamental del actual gobierno. La gente que ha tomado el poder tiene las mejores intenciones. (...)" Desde París, en 1976: "(...) Se debe publicar el nombre de las personas detenidas, y la razón exacta del motivo de tales detenciones. Si se sostiene el misterio de algunas desapariciones o no se aclaran ciertos dolorosos acontecimientos, es muy difícil atajar la creciente ola de rumores, de exageraciones o de sospechas que nunca serán del todo injustificadas. (...) En Europa, como en los países americanos, hay exiliados, refugiados y también tramposos, aventureros, macaneadores, gente que hace la industria del destierro. (...)" Desde París, en 1978: "(...) Los peronistas de izquierda nunca tuvieron nada grande que defender, sólo actuaban para su fanatismo, su odio a la buena paz de las gentes. Toda guerra injusta deshace a sus guerreros. Eso pasó con ellos. (...)" Desde París, en 1978: "(...) Pues cada dos días salen las fotos, en la cárcel, de los jefes de las Brigadas Rojas, muy sonrientes, barbudos, con cuidada barba y melenita intelectual. (...) Los tienen como vedettes, y eso es muy mal ejemplo en estos tiempos en que el 60% de las familias del mundo se ha quedado sin la tradición del sillón del abuelo, la paz de los años, el respeto a las vidas cumplidas. (...)" Desde París, en 1978: "(...) Ya sabemos que en mi tierra prohíben a los pecadores y también a los no pecadores. El prohibir es lo característico de todo poder sin amor de pueblo. Por eso sigue eterno Jesucristo, que amaba y aconsejaba amor, a pesar de ser explotado luego por los falsos cristianos a través de los siglos. (...)" Desde París, en 1983: "(...) Avisan que ganó Alfonsín ¡¡¡Hurra!!! (...)"
Después de la muerte de Nenette, este hombre, Caballero de las Artes y de las Letras de Francia, que era el artista pobre que soy, con tres guitarras, tres nietos, una compañera, un hijo que quiero, y un sueño que siempre se convierte en coplas para la Patria, anticipaba un adiós definitivo en una de sus últimas cartas: "(...) Aún vive fuertemente en mi corazón la mano de Mamá con una rosa clara entre sus dedos, y el rostro plácido, de amor, como un ruego profundo, total. Quiso decir algo que no pronunció. No sé decir más. Ruego, espero, anhelo. Sé que soy el próximo en partir al silencio.
Primera carta
París. Noviembre 11.1985.
Querida Mamá.
Hoy ha sido un día de grandes recordaciones en Francia. El armisticio de la guerra 14-18. La guerra horrible que sacude a los pueblos cada tiempo.
La TV, los diarios, las radios, no tuvieron otro tema. Ví por TV a miles de civiles en el Arco de Triunfo. Estaba lloviznando y hacía frío. Varios cientos de viejitos fueron condecorados con la cruz de la guerra. Eran ex combatienes que con sus portafolios llenos de fotos de cuando tenían 18 o 20 años. Y allí estaban sin dientes, apenas erguidos, apoyados en sus bastones o en sus nietos. Felices, emocionados, algunos sin expresión definida.
Decían las gentes o los locutores: ¡Era tiempo! o ¡Era tarde ya para ese festejo! El Presidente puso las cruces sobre el pecho de esos franceses casi centenarios, y la TV seguía filmando campos y pantanos, trincheras y barriales, Verdun, las colinas, las aldeas rotas. El silencio y el país rotos, los restos de aviones y tanques, y por ahí, cruces con gastadas inscripciones.
¿Esto será el mundo? ¿La vida? ¿La luz? Pienso que todo tiempo pareciera como el ensayo general de otro holocausto similar. Fue para mí, un día de tristes cavilaciones. Nada tenía esperanza. La solemnidad era como el desarrollo de un inmenso funeral. Todas las músicas, las marchas, los himnos, quedaban como remiendos de una infinita mortaja, deshilachada y sucia. ¿Es eso el hombre?
Y a lo largo de la avenida niños y chiquillas estirándose para alcanzar el saludo -al paso- del señor Presidente. ¿Qué se ganó? ¿Qué se premió, 65 años después de ese combate? ¿Qué se perderá dentro de poco, sin marchas ni ejércitos, porque todo será tecnología y satélites? ¿Cuántos millones de gentes serán menos que polvo y aire? ¡Y aquí, en este París desierto en los barrios, uno busca ordenar melancolías en el Re Menor de la Vidala!
Ya es medianoche y voy a dormir.
Te bendigo, Mamá. Hasta mañana.
Tata
Segunda carta completa
Frankfurt, Miércoles 20 de abril.88.
Buenas tardes, Mamá:
Son las 18 casi. Ya descansé algunas horas y estoy esperando a los amigos para el ensayo de luz y sonido en el Teatro de la Opera, donde tocaré por cuarta vez en seis años. Desde el ángulo de la resonancia y buena acogida, Alemania está superando a Holanda y España. Enorme cordialidad entre el público y las gentes de la ciudad, donde parece que ya soy muy conocido. Generalmente, estudiantes de todo tipo y matrimonios mayores. Esto me da seguridad, y un placer que está muy distante de la vanidad. Ya pasaron los días en que uno se sentía tonto y casi superior, precisamente porque era tonto. Ahora, con trigales maduros y peldaños gastados, comprendo que todas las coplas escritas en 60 años no eran errores baratos e inútiles, sino el fruto de una búsqueda, a veces ingenua, a veces rebelde, pero siempre unida al amor por la tierra y sus recónditos mensajes, que no siempre se encuentran así no más, sin desvelo ni pena.
Y en todo esto, Mamá, siempre has estado tú muy cerca de mis extrañas horas, cuando me daba cuenta que la impetuosidad no es camino para un logro firme y claro. Sólo el amor y la confianza ayudan en tal combate. En esas horas te he visto a tí junto a mi desvelo, y mucho me has ayudado con tu colaboración, con aclararme el sentido de un acorde. Hoy puedo ser justo y comprenderlo cabalmente, Mamá.
Te bendigo y quizá nunca te lo pueda agradecer con toda la justicia que te has merecido, Nenette.
Ya estamos en el peldaño alto, cuando comienza a entenderse el secreto del pasto y su raíz, aunque los pájaros ya no le canten cerca. Ochenta años nos han dado la gracia de escuchar 70 años la bendición de Bach, y ser así, porque sí, los amigos de su alma, los centinelas de sus invenciones. Tú lo has estudiado ordenadamente. Yo sólo podía acercarme a una ventana para respirar mejor sin que nadie viera brillar mis ojos. Me abarcaba un infinito indescifrable. Me dolían las alas que la música agitaba, y no sabía volar; sin rumbo, sin camino ni cielo señalado, me sentía desdichado y feliz, como un potrillo galopando en praderas inventadas por Dios.
Mamá, debo irme. Me llaman desde portería.
Cuidate. Te amo y te extraño. ¡Nuestros mates!
Hasta mañana. Te abrazo
Tata






