
Audrey II, la plantita carnívora
Producida por Alejandro Romay y con la dirección de los creadores de La Bella y la Bestia , en marzo se estrenará en Buenos Aires la versión teatral de La tiendita del horror
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Nueva York, década del 50. En Skid Row, un barrio destartalado de Manhattan, la cosa pinta para la depresión. La florería de Mushnik no zafa de la malaria aunque la chica que atiende, la dulce Audrey, tenga buenas formas; aunque el chico que atiende, Seymour, posea buenas intenciones. Pero, como ya sabemos, las intenciones no alcanzan...
La malaria se revierte la tarde que la rubia platinada decide poner en vidriera la nueva planta de Seymour, Audrey II, que es "un cruce antropomórfico entre una planta carnívora tropical y una palta". Dicho de otra forma, a la florería le llega el blindaje y las caras cambian. Claro que para que la plantita en cuestión crezca necesita de sangre humana, de carne humana. Un detalle que transforma a la destartalada tiendita de Skid Row en territorio del horror.
Contada de esta forma, la historia puede parecer tonta, simplota. Sin embargo, La tiendita del horror se convirtió en un verdadero clásico. El que sembró la primera semilla fue el director de cine Roger Corman, que filmó La tiendita... en dos días y medio. No es de asombrarse, era su costumbre, su marca estética. Corrían los años 60 y la película, en la cual actuó un joven actor llamado Jack Nicholson, se convirtió en un clásico del cine de clase B, un imperdible de cualquier batea del cine bizarro.
La cosa no quedó ahí. En 1982, los jóvenes Howard Ashman y Alan Menken (señores que ganaron varios Oscar y Tony) trasladaron la historia a un teatro del off-off-Broadway (algo tan marginal como el mismo Skid Row). Así, esta historia simplota trasladada a clave de comedia musical prendió. Tanto que se la llevaron (cuan si fuera una germinación escolar) al circuito off-Broadway y hasta cruzaron el charco y la plantaron en Londres.
Tres años después, Frank Oz dirigió la segunda versión cinematográfica con Steve Martin, Rick Moranis, Ellen Greene y Vincent Gardenia en los papeles principales, la misma que suele pasarse en los canales de cable locales. Para ese entonces, la planta carnívora aprendió a hablar en distintas entonaciones del inglés, en francés, en italiano, en japonés y hasta en catalán. También en castellano, ya que en 1990 llegó a las playas marplatenses.
Ahora, la tienda desembarca en Buenos Aires con la actuación de Diego Ramos, Sandra Ballesteros, Humberto Tortonese y Omar Pini. Y quienes cuidan esta germinación teatral son el director Robert Jess Roth, el escenógrafo Stanley Meyer y el coreógrafo Matt West, el trío que hizo La Bella y la Bestia . Es decir, gente experimentada que le dicen, gente ganadora de los mejores premios. Gente talentosa.
"La película que se ve acá es un tanto rara ... Como dirían algunos: de culto. Te gusta mucho o te vas del cine a los 10 minutos", sintetiza Tortonese, que hará del dentista sádico, novio de Audrey. En relación con el film, el director yanqui también tiene sus reparos aunque se confiesa un apasionado de la trama original. "Es que a la segunda versión cinematográfica le cambiaron el final porque los testeos de audiencia dieron que la gente prefería un final feliz. Pero lo interesante del original, disparador de esta versión, es que aunque el mal gana, es un final feliz", apunta.
En los Estados Unidos la obra se convirtió en un objeto de culto. "Todo es muy kitsch, tiene onda, mucho rocanrol y eso atrae a la gente joven. Es como The rocky horror picture show , aunque en este caso la historia tiene un gran corazón, tiene emoción. Por eso La tiendita... pega en todo el mundo..." Eso espera Alejandro Romay, que pone la plata para estrenarla el 7 de marzo en su Teatro Broadway.
Pero si de fanáticos se trata, nadie le gana a Juanjo Ubiría. En 1986 hizo su primer viaje a Nueva York, experiencia que le partió la cabeza. Allí vio La tiendita... y se enamoró de la obra. Tres años después de aquella noche, convenció a los hermanos Spadone, dueños de varios teatros, puso todos sus ahorros y la estrenó en el Teatro Alberdi, de Mar del Plata. Según la puesta de Julio Baccaro y dirección musical de Ricardo Barrera, La tiendita... se convirtió en un éxito que acaparó tres Estrellas de Mar. Pero nunca llegó a Buenos Aires, aunque hubo varios intentos. Por si acaso, Ubiría cada dos años compraba los derechos esperando poder estrenarla en esta bendita ciudad. ("¿Fanático yo?") En este lapso, entró a trabajar en la productora del ex zar de la tele. Una tarde, Romay le hizo la soñada pregunta: "¿Qué querés hacer?" Respuesta obvia: "Montar La tiendita del horror ". Y acá está este señor con toda su ansiedad a cuestas y disfrutando como si fuera un sueño de Sorpresa y media .
Los protagonistas
Para Diego Ramos, el fanático número dos de esta obrita llena de humor, es casi su primer proyecto de peso en un teatro comercial. "No reniego del título de galán, pero sí creo que los personajes que hice en tele son casi los mismos", afirma. Será por eso que le picó el desafío y ahora anda poniendo cara de pavote o arrastrando un pie para dar con su personaje. De todos modos, se lo ve tan lindo, tan bien vestido y en tan buena forma... "Es que Diego tiene percha Armani", comenta Sandra Ballesteros.
En la vereda opuesta a ese look está Humberto Tortonese. El llegó a esta tiendita de una forma insólita. Una tarde sonó el teléfono de su casa, era el mismísimo Romay, que le dijo: "Mirá, no quiero que nos diviertas vos a nosotros. Ahora nosotros te queremos divertir". Al principio, para el ex chico under la idea de formar parte de un musical no le iba. Pero Romay le ofreció hacer varios papeles y ahí se entusiasmó. Es más, hasta va a hacer del macho sádico que tiene a maltraer a Audrey: "Está todo muy raro, muy dado vuelta. Me parece que voy a tener que hacerme heterosexual", se ríe de sí mismo.
"El dentista es un tipo sádico, una especie de Elvis Presley que goza con el dolor. Y yo sé de eso porque en mi familia son todos dentistas: mi padre, mi tío... Pero nunca me imaginé que iba hacer de un dentista. Es medio raro, pero está bien", apunta este apasionado de los tornos.
Y a la que le toca torturar es a Audrey, la chica que vestida al mejor estilo Betty Boop encarna Sandra Ballesteros. "Audrey me resulta cercana porque en un punto sueña con las mismas cosas que yo: el chico tierno, la casita con mucho verde alrededor y el perro. Es tan simple como eso, como imaginarse la casita blanca en el Barrio Evita. Pero no es tonta, a lo sumo no tiene luces. De todos modos, es la promotora del avance de la historia." Una trama que avanza según los pasos de Seymour y Audrey. A él le gustaría parecerse a James Dean. A ella le coparía tener algo de Doris Day. Una postal cuyo marco perfecto es la canción Un verde lugar , en la que ella enumera los elementos representativos de esa felicidad hogareña: un lavarropas, una plancha de vapor y una tostadora. Y mientras Audrey limpia, cocina y lava, él ve a Yo amo a Lucy junto a los chicos. En fin, cartón lleno para un suspiro kitsch.
"OK. Esto no es un Beckett -apunta Ballesteros- pero es una historia de amor perfecta. Tiene elementos de ciencia ficción, de terror, mucho de comic, humor, rock, blues y tiene ese elemento maravilloso de una planta extraterrestre que viene a conquistar la Tierra." Omar Pini, el más baqueteado en el paño de las comedias musicales, hará del dueño de la tiendita en la que se exhibe esta maravillosa planta carnívora. "Mi personaje es el de un judío aprovechador que cuando le viene la buena le agarra la desesperación por quedarse con toda la torta", apunta.
Con estos cuatro personajes en juego, más un coro griego compuesto por tres chicas, se arma la trama central de este show. Bueno, claro, falta la planta, que, en realidad, como crece tanto a lo largo de la hora y cuarenta que dura el espectáculo serán varias. Para que tome vida, un titiritero llegará a meterse dentro de ella mientras un negro de voz portentosa le da una coloratura de enorme fuerza. (Dato anecdótico: cuando La tiendita... se presentó en Mar del Plata el que hacía mover a la plantita era nada más y nada menos que Damián de Santos. Lo que son las cosas...) "Al principio, laburar con la planta era medio raro, era estar hablándole a un cacho de goma espuma. Pero ahora la planta tiene vida, me la llevaría a la mesa de luz", apunta Diego Ramos en plena pasada.
Una tiendita de campaña
El elenco completo de La tiendita... ensaya en medio de una tienda de campaña al mejor estilo Bosnia. En realidad, se trata del ex estudio de Canal 9 que da sobre Figueroa Alcorta y en el cual, en dos semanas, comenzarán a construir grandes edificios. "Las Torres Romay", ironiza Tortonese.
En un alto del ensayo se produce el siguiente diálogo entre Torto y este cronista ansioso por encontrar las claves a una tendencia:
-Hay algo retro en las comedias musicales que se vienen: mañana se estrena Grease , mucha década del 50; y luego se vienen Fiebre del sábado por la noche , música disco de los ochenta, y La tiendita... , más rocanrol.
-Puede ser, pero no sé por qué me preguntás eso porque yo no tengo la más remota idea.
OK, a otra cosa.
En este lugar que fue la cuna y el conventillo del mundo del espectáculo vernáculo, el ensayo continúa. Pero los responsables de esta puesta poco saben de esa historia. Para ellos, el mundo posee otros nombres. Por ejemplo, luego de esta puesta, Robert Jess Roth ya tiene dos proyectos en marcha: "Uno es una película con Christina Ricci y Lisa Kudrow y luego espero trabajar con Elton John en algo que nos tiene muy entusiasmados". Es más, en realidad hay un tercer proyecto que es el de presentar en Broadway la puesta que están preparando aquí.
Gente de mundo, que le dicen. Gente que se mueve en medio del ensayo con enorme pasión, carisma y profesionalismo (ver aparte).
Con tantos fertilizantes en juego, la plantita no para de crecer. De todos modos queda una duda: ¿seguirá apoderándose de chicos que quieren ser James Dean y dulces jóvenes que imitan a Doris Day? No los sabemos, por lo pronto es aconsejable no acercarse demasiado a las germinaciones escolares.
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