
Australianos en Hollywood
Los productores norteamericanos ahora buscan galanes fuera de sus fronteras: quieren nuevas caras y más espíritu
1 minuto de lectura'
LOS ANGELES (De una enviada especial).- No sólo con canguros se promociona Australia en el mundo. Cuna de los más poderosos equipos de rugby, la tierra del koala se ha convertido en un segundo hogar para los productores de Hollywood, siempre ávidos de nuevos puertos donde filmar con menos costo y, más importante aún, dónde encontrar nuevas caras que atraigan a recelosos espectadores. Si bien Canadá y la República Checa son sets alternativos muy visitados, en los últimos años ningún país ha logrado imponer tantos galanes -y actores con más talento que belleza- como Australia. Al megapoderoso Mel Gibson se le fueron sumando paulatinamente Geoffrey Rush, Guy Pierce, Russell Crowe, Hugh Jackman, Adam García y Heath Ledger. De hecho, sólo entre Crowe, Jackman y Ledger se pueden contabilizar casi 500 clubes de fans en Internet, y el último, con sólo 22 años, ya se perfila como el Tom Cruise de las próximas décadas.
"Este nuevo boom de actores australianos es muy positivo, claro -se ríe Ledger, que habló con la Revista por el estreno en la Argentina del film Corazón de Caballero, del que es protagonista-, pero también es una moda. Hollywood trabaja de esa forma, funciona como una gran escuela secundaria, y este año nos tocó a nosotros ser los chicos con los que todos se quieren sentar a almorzar."
Finalmente Hollywood descubrió que los aussies podían aportar mucho a la industria... y no sólo en concepto de taquilla. Según opina Ledger, los papeles se ven enriquecidos por la herencia cultural que les imprimen estos intérpretes. "No importa que los personajes sean norteamericanos o ingleses, aun así tendrán trazos australianos, y eso les suma dimensiones interesantes porque los australianos son muy humildes y sutiles. La diferencia cultural es bastante marcada y creo que esto le aporta sabores interesantes a la composición. Además, son muy buenos actores, está saliendo a la luz gente muy talentosa."
En Corazón de Caballero (A Knight´s Tale), Ledger está secundado por Rufus Sewell, Laura Fraser, Shannyn Sossamon, Paul Bettany y Mark Addy. Este último, recordado por su papel en The Full Monty, concuerda, aunque de una forma muy particular, con Heath.
"Esta locura por los actores australianos es una desgracia -se ríe Addy-. También acabo de trabajar con Guy Pearce (Los Angeles al desnudo, Memento) en una remake de La máquina del tiempo, y son brillantes, ¡qué puedo decir! Debe ser algo del agua. Pero lo mejor de trabajar con australianos, creo, es que tienen un sentido del humor muy similar al de los ingleses: tienden a reírse de sí mismos antes que los otros lo hagan."
Por su parte, Todd Black, el productor de Corazón... , también había trabajado anteriormente con otro australiano ilustre, Geoffrey Rush, en una versión para la pantalla grande de Los miserables, dirigida por Bill August.
"Ah, esos australianos -suspira Black, resignado y contento a la vez-. Realmente son la comidilla de Hollywood en la actualidad. Son como los viejos actores europeos, no notás que están actuando. Siempre les creés. Y Heath no es una excepción. Puede no gustarte la película de la que participa, pero a él le creés. Simplemente son más convincentes. En el caso de los actores norteamericanos, en cambio, y aunque hay muchos muy buenos, frecuentemente sentís que están interpretando un rol en vez de personificar un papel. No sé cuál es la razón, pero los actores australianos parecen convertirse en la persona, real o ficticia, que interpretan."
Sin embargo, y a pesar de que los halagos abundan por doquier, llegar a obtener este reconocimiento internacional no fue tan fácil para ninguna de estas estrellas: Crowe llegó a la fama rotunda con un papel que no lo merecía (Gladiador); Guy Pearce rechazó abundantes cachets para privilegiar su debut detrás de las cámaras, y a Ledger, cuando estaba en su tierra natal, nadie lo quería contratar.
-¿Estás resentido con Australia, Heath?
-No lo sé. Mirá, el tema con volver a Australia es, primero, que para ellos el que yo haya tenido éxito en Hollywood es mucho más importante de lo que lo es para mí y, segundo, sos testigo de los cambios a saltos. Yo vuelvo de visita más o menos cada seis meses, así cada vez que voy, bang, las cosas cambiaron; vuelvo a los ocho meses y, bang, las cosas cambiaron más; vuelvo a los seis meses, y bang, las cosas cambiaron un montón. Eso es lo raro. Sin embargo, nada cambia con mis amigos y con mi familia, y es lo que más me importa.
-Ahora que sos famoso, no debe ser fácil gozar de unas tranquilas vacaciones con la familia...
-Supongo, pero es lo que voy a descubrir en estos días. Es gracioso porque todavía no tuve la oportunidad de experimentar ese lado del trabajo. Durante los últimos dieciocho meses estuve filmando en continuado; debo haber tenido, contando los días libres y considerando que son semanas de seis días laborales, dos meses libres en total. No tuve mucha oportunidad de respirar siquiera, y terminé hace dos semanas. La vida ha sido una montaña rusa este último tiempo.
-Te preguntaba por el resentimiento porque, aunque te abriste camino solo en Estados Unidos, en Australia te aclaman como propio. Dicen: "Nosotros dimos al mundo a Heath Ledger".
-La verdad es que cuando vivía allá nunca me contrataban. Si tenés pelo rubio, sos el chico rubio playero. La excepción fue Gregory Jordan, que me eligió para su película Two Hands. El me dio la primera oportunidad de interpretar a alguien que no encajaba en ese cliché. De alguna forma supo ver que yo tenía muchas caras en mi cabeza que podía usar y me permitió probar una diferente... porque realmente me estaban limitando. De todas formas, y aunque reconozco que es raro, está bien, amo a los australianos.
-Si bien habías hecho otros trabajos, fue con el papel de hijo de otro australiano, Mel Gibson, en El Patriota, que obtuviste reconocimiento masivo. ¿Te dio algún consejo?
-Los consejos que obtuve de Mel fueron a través de la observación. No es que nos sentábamos durante horas y él me enseñara algo en particular. Creo que ésa es la mejor manera de aprender, observar.
-Y vos, ¿tenés algún consejo para otros jóvenes actores que estén empezando?
-No, y la razón por la que no los tengo es porque creo que hay mucha gente dando demasiados consejos. En realidad, todo depende de las opiniones, es algo personal, no hay recetas indiscutibles de cómo hacerlo, no puedo decir: "Si lo hacés de esta forma, vas a tener éxito", porque no funciona así. Yo me fui de mi casa, en un pueblo del oeste de Australia, a los 16 años. Fuimos con un amigo en auto hasta Sydney. Es un viaje de tres días, y lo único que teníamos era la determinación. Lo más importante son los instintos personales, y son todos diferentes. Así que no tengo realmente ningún buen consejo más que "diviértanse".
-Es sabido que después de Ten Things I hate about you (éxito de hace dos temporadas) rechazaste proyectos durante un año porque sólo te ofrecían papeles de galán en películas para adolescentes. Todd Black -productor de Corazón de Caballero- dijo que tenía la sensación de que sos muy selectivo con tus roles y de que estás concentrado en el plan que tenés para tu carrera...
-Sí, es cierto, pero sólo hasta cierto punto. Tengo la teoría de que, si te atás a un plan o a un objetivo, y resulta no ser el correcto, reducís otras opciones. Hay que tener un plan, pero debe ser flexible. Con el tiempo uno va cambiando como persona, así que los intereses y objetivos pueden cambiar también. Supongo que mi plan actualmente es mantenerme interesado, me aburro muy fácilmente y no logro verme trabajando en esta industria si no me estoy divirtiendo, y sintiendo que me atraviesa esa electricidad de estar frente a un reto. Me propuse mantener el equilibrio entre ser feliz y divertirme.
-La palabra diversión aparece seguido en tu discurso. Sin embargo, el proceso de filmar una película es bastante farragoso...
-No, no, no, hacer la película es la parte divertida y que disfruto, la parte creativa, la parte técnica de hacer una película. Cuando más vivo me siento es entre las palabras acción y corte. Y si bien cuando la ves terminada es satisfactorio, es un disfrute diferente, porque ya sos parte de la audiencia, sos un espectador, no un protagonista. Filmar es la parte divertida, y ésta es la de trabajo.
-¿...?
-Esta, la de dar entrevistas... No es que no lo disfrute, pero es inevitable sentirse como un producto y pensar: "Oh, Dios, me siento como una prostituta teniendo que promocionar este producto para tal compañía". Algo así. Pero estoy orgulloso de la película, por eso lo estoy haciendo.
-Si no fueras actor, ¿que otra profesión harías?
-Supongo que tomaría fotos, probablemente intentaría conseguir un trabajo de fotógrafo... Aunque odiaría hacer de eso una profesión, porque es más bien una pasión. Pero hoy día tenés que tener una profesión para vivir, ¿no?






