
Batalla de Curupaití / Cómo ver la obra
El universo pictórico y vivencial de uno de los grandes referentes del arte nacional, para remontarse a la Guerra del Paraguay
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Susanne Langer ha escrito que toda obra de arte es un trozo de vida sentida. Los casi cincuenta óleos que Cándido López pintó sobre la Guerra del Paraguay son, además, trozos de vida vivida, testimonios de lo que el artista, soldado voluntario en esa campaña, experimentó en carne propia, ya que en la batalla de Curupaití (el 22 de septiembre de 1866) una metralla le voló la mano derecha.
Reeducó su mano izquierda, preservó sus croquis, y convirtió la ausencia en fortaleza y la necesidad en virtud. Por imperio de las circunstancias y de su misma intención documental, la formación académica más o menos convencional de López se transmutó en un realismo ingenuo, minucioso y poético a la vez.
Esta Marcha del Ejército argentino a tomar posiciones para el ataque de Curupaití el 22 de septiembre de 1866 ilustra el avance de las tropas precisamente en aquella sangrienta derrota de la Triple Alianza donde nuestro artista perdería la mano derecha. Treinta y seis años después, López despliega ante nosotros una de sus habituales secuencias de formato apaisado y proporción 1 a 3, con una longitud total de un metro y medio que abarca una visión panorámica de alrededor de 180º. Además se ubica sobre una altura privilegiada, lo que permite la contemplación de la escena como si formáramos parte del Comando en Jefe del Ejército. No hay duda de que estamos reviviendo una crónica. El panorama se desarrolla de izquierda a derecha (en la dirección con que nuestros ojos suelen leer los textos y las imágenes) y de abajo hacia arriba, lo que nos obliga a serpentear en diagonal, siguiendo la tropa hormigueante que avanza por la llanura al ritmo más o menos acompasado de fusileros y escaleristas escoltados por la impaciente caballería. Es un amanecer de primavera y se trata de una marcha extrañamente bucólica en el campo llano, moteado de árboles solitarios que parecen extrañados ante tamaño alboroto matinal. Un horizonte muy celeste separa la tierra guerrera (2/3 inferiores) del cielo de paz (1/3 superior), mientras las nubes parecen querer formar una flecha convergente con los soldados. Pero esa flecha tiene su punta fuera del cuadro y fuera de ese momento. Todavía hay paz y algarabía, aunque pronto habrá violencia, derrota y muerte.
López no intenta sacudir el ánimo del observador como lo hacen los desastres de guerra de Goya y los horrores del Guernica; por el contrario, busca despejar la crueldad para dejar paso a la animación, el color, el dolor y la esperanza de la epopeya de una Patria en formación como haciéndole honor a su propio nombre: Cándido. La mejor actitud para apreciarlo es dejar de lado los códigos complejos y la sofisticación teórica y sumergirse en los frisos con el ojo inquieto y el corazón abierto y fresco, como suelen hacer los chicos. El Evangelio aconseja: Si no fuereis como niños no podréis entrar en el reino de los cielos. Tampoco en el de López.
El autor es profesor en la Facultad de Arquitectura de la UBA y en la Universidad de San Andrés. Director del Museo Nacional de Arte Decorativo e interventor del Museo Nacional de Arte Oriental.
Datos útiles
- Año: 1902
- Técnica: óleo sobre tela
- Medidas: 50 cm x 150,4 cm
- Dónde encontrarlo: sala 24 (1º piso) del Museo Nacional de Bellas Artes Avda. del Libertador 1473
Cándido López
Buenos Aires, 1840-1902. Aunque tomó lecciones con artistas argentinos e italianos, fue básicamente un autodidacto. En 1885 expuso una treintena de telas sobre la Guerra del Paraguay, consagrándose como documentalista histórico, además de realizador plástico.
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