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Todos podemos tener una amistad narcisista. Hoy quiero invitarte a conocer tres clases de personas con estos rasgos que hoy en día abundan en todos los ámbitos:
Es esa persona encantadora que se gana el corazón de todos en un grupo de amigos. Pero después, cuando estén solos, intenta menoscabarte por todos los medios. Por lo general, ve a los demás (incluidas sus amistades) solo como “seguidores” que deben profesarle admiración y estar siempre atentos a su vida. Pero cuidado con confrontarlo con su actitud, porque se alejará de vos como una forma de castigarte.
¿Conocés a alguien que, cuando le preguntás cómo está, siempre te contesta que está mal por todo lo que le ocurre en la vida? Es la persona que se presenta como una eterna víctima, y que, por considerarte su amigo, espera que la entiendas, la apoyes y la ayudes a resolver sus problemas. Sin embargo, si no podés o no querés hacerlo, recurrirá a su arma preferida para castigarte: hacerte sentir culpable.
Es aquella persona que, constantemente, aunque no lo exprese directamente, está compitiendo con otros. ¿Por qué lo hace? Porque, además de creerse mejor que los demás, en el fondo desea llamar la atención de sus amistades. Entonces, aprovecha los errores ajenos para colocarse por encima de sus competidores (en su propia opinión).
Esta manera de relacionarse puede terminar afectando el vínculo, especialmente cuando te convertís en blanco de sus descalificaciones. Por eso, no procures cambiar a alguien con estas características en tu círculo de amistad. Tampoco sientas lástima por esa persona ni le des la razón en todo solo porque temés su reacción si lo contradecís.
Con una amigo o amiga narcisista, lo más saludable es decirle las cosas con toda franqueza sin rodeos, y dejar en claro qué actitudes no estás dispuesto a aceptar: “No me gusta que me descalifiques ni que hables mal de mí”.
Y, aunque no esté dispuesto a aceptar tus palabras, no dejes de mostrarte firme y establecer tus propias reglas en el vínculo que comparten. Porque, si percibe en vos vulnerabilidad, muy probablemente sacará ventaja de ello. Por eso, es inútil esperar que una persona narcisista te valore y respete lo que sentís, ya que no es capaz de hacerlo. Solo alguien con un corazón sano puede escucharte de verdad, sin juzgarte ni maltratarte.
Como acostumbro decir, en cualquier relación con alguien así, es fundamental priorizar nuestra salud emocional. Para ello, debemos animarnos a confiar en nuestra propia inteligencia interior, que nos permite reconocer cuándo algo nos incomoda y actuar en consecuencia. Esto significa que, si algo no nos hace bien, no tenemos por qué seguir adelante: podemos establecer límites y, en el peor de los casos, tomar distancia. Elijamos siempre lo mejor para nuestras vidas.




