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Cambio climático

"Bienvenidos a la rebelión". Los activistas contra el cambio climático toman las calles de Europa

Ayelén Oliva
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2 de septiembre de 2019  

La rebelión verde tiene forma de festival de Woodstock, pero con Instagram y comida veggie. En el parque del Museo de Historia Natural de Londres, pegado al Wildlife Garden, unos cien activistas piden a las autoridades que el lugar deje de funcionar como sede de la cena anual de un grupo de empresarios petroleros. Están sentados en el suelo, repartidos en lonas que los protegen de la humedad del terreno: han convertido al pícnic en un arma de lucha.

Entre ellos, unas nenas con alas de mariposas hechas en cartón y brillantina esquivan a las corridas a los pequeños grupos de activistas. En el centro de la escena, una mesa forrada con papel lila y una bandera con el logo de Extinction Rebellion ofrece comida hecha en casa: quínoa con brócoli, cuscús con tomates frescos, bastoncitos de zanahoria con hummus.

En los últimos meses, la organización Extinction Rebellion junto a muchas otras agrupaciones y expresiones ambientalistas ocupan el centro de la escena política europea.

Los activistas de Extinction Rebellion promueven el reclamo ambientalista sin violencia.
Los activistas de Extinction Rebellion promueven el reclamo ambientalista sin violencia. Fuente: Archivo

Desde un escenario imaginario, a la misma altura que el resto, un hombre con una guitarra recibe el micrófono como estatuilla de oro en una entrega de premios y empieza a cantar una que conocen todos. Sin moverse de las lonas, los activistas hacen palmas. Una señora de pelo blanco y corona de flores baila a un costado de la pancarta que dice en letras rojas que 'no tenemos planeta B'.

A unos metros, Juliana Muniz Westcott, de 31 años, brasileña de nacimiento, londinense por elección y responsable del encuentro, cuenta que está ahí porque quiere que el sistema cambie. "Yo cambié mi vida entera en unos pocos meses, pero no es así como vamos a cambiar el mundo. Necesitamos que los gobiernos y las empresas hagan su parte. Necesitamos actuar ahora".

Revolución en paz

"Bienvenida a la rebelión". Eso dice el asunto del mensaje que llega a mi correo desde la organización ambientalista Extinction Rebellion en Londres. "Antes de empezar, leé el acuerdo de rebeldía". Hago clic y despliego una lista de normas para romper las normas. Dentro de este movimiento quedan prohibidas las acciones violentas, el uso de armas, las máscaras, el consumo de alcohol y la falta de respeto entre los activistas, pero también con la policía. "Estamos juntos hasta que el gobierno actúe en base a nuestras tres demandas de acción sobre la crisis climática y ecológica".

Hace un año, esta organización no existía. Este espacio, como muchas otras agrupaciones y expresiones ambientalistas, han pasado a ocupar el centro de la escena política recién en los últimos meses.

La oleada de calor que se repitió este año en Europa confirmó la voz de alarma de los científicos.
La oleada de calor que se repitió este año en Europa confirmó la voz de alarma de los científicos. Fuente: Archivo - Crédito: LN

Fue a mediados del año pasado, con las altas temperaturas del verano europeo que se repitieron con fuerza este año, cuando casi un centenar de científicos británicos convocaron a la acción mediante una carta pública. "Estamos frente a la sexta extinción en masa, 200 especies se extinguen cada día. El contrato social está roto, por lo tanto, no sólo es nuestro derecho sino nuestro deber moral evitar la inacción del gobierno".

Juliana se sumó a Extinction Rebellion a fines de octubre pasado, durante el corte de los principales puentes de Londres que terminó siendo una de las acciones fundacionales de ese colectivo. Desde las calles, le pedían a Theresa May que declarara la emergencia climática. Unos días más tarde, este movimiento presentó su "declaración de rebelión" donde decían que la humanidad se enfrenta a una "emergencia global sin precedentes".

A inicios de año, activistas intervinieron el espacio público con carteles durante más de una semana.
A inicios de año, activistas intervinieron el espacio público con carteles durante más de una semana. Fuente: Archivo - Crédito: LN

Fueron miles de activistas que, a comienzos de año, durante la semana de Pascuas, acamparon en Marble Arch así como en otros puntos centrales de la capital inglesa. Intervinieron el espacio público con carteles durante más de una semana, desplegaron un bote gigante en las calles, hicieron clases abiertas de yoga y desfiles con esqueletos hechos en papel. Decenas de militantes se recostaron en el interior del Museo de Historia Natural, justo debajo de los restos de la ballena azul que representa la esperanza en que las cosas pueden mejorar si existe voluntad de hacerlo.

Exigen a los gobiernos la declaración de emergencia climática y ecológica para poder regular el accionar de las empresas contaminantes.

También bloquearon puntos claves de la ciudad como Oxford Circus, Waterloo Bridge y los alrededores del Parlamento, cortaron avenidas y aeropuertos alterando el orden de una de las ciudades más organizadas del mundo.

"Mi primer contacto con este movimiento fue durante las protestas de abril. Lo vi en mis redes sociales y me acerqué. Cuando llegué sentí que era un movimiento muy inclusivo, muy motivante", cuenta Anna, de 20 años, sentada en una lona fucsia en el parque del museo.

Pese a que fueron intervenciones pacíficas terminaron con más de mil de detenidos.
Pese a que fueron intervenciones pacíficas terminaron con más de mil de detenidos. Fuente: Archivo - Crédito: LN

Si bien nada tuvieron de turbulentas estas protestas, terminaron con más de mil detenidos que fueron liberados al poco tiempo. Desde un comienzo, la estrategia política elegida para hacerse oír fue clara: "desobediencia civil" mediante "acciones no violentas".

Digan la verdad

El este de Londres es el epicentro de las barberías, los pantalones de tiro alto, los centros de yoga y las hamburgueserías veganas. En este sector de la ciudad, en una vieja iglesia protestante ubicada a 10 minutos de la estación central de Hackney, cada lunes por la tarde funciona uno de los tantos puntos de encuentro de este grupo ambientalista.

La puntualidad inglesa no es mito. La pasión por la eficiencia acompañada de simpleza, tampoco. El encuentro está dividido en dos partes, cronometradas al extremo. Los primeros 45 minutos están destinados a una reunión introductoria para aquellos que se acercan por primera vez.

Jackie es la responsable de esa primera parte del encuentro. Tiene unos 45 años, lleva el pelo corto casi blanco, se muestra desenvuelta y resolutiva a la vez. Antes de empezar, cuenta que cada semana se acercan unas 15 personas, lo que lleva a un promedio de más de medio centenar de activistas al mes. Es el segundo lunes de junio y las 17 personas que se suman al encuentro parecen confirmar los números de Jackie.

La mayoría son mujeres, estudiantes o profesionales, y tienen entre 25 y 35 años. Los varones no llegan a cinco. Cada uno de los participantes cuenta qué lo llevó ahí: la necesidad de acción, la influencia de las protestas pasadas, la sensación de que no falta tanto para que la vida humana en esta tierra sea inviable, la adrenalina ante la posibilidad de ser detenidos por manifestarse, los comentarios de amigos, los amigos de amigos, Instagram.

Cuando Jackie pregunta cuáles son los tres pilares del movimiento, nadie contesta. En medio del silencio incómodo, un varón rubio improvisa una respuesta. No acierta.

Oliver estudió Economía, tiene 23 años y cuenta que su acercamiento fue durante las protestas de abril. "Lo venía pensando hace mucho un tiempo, desde que se dio a conocer el documento de los científicos. Creo que este tipo de acción ayuda a impulsar el reclamo", sostiene.

Una de las demandas centrales del movimiento es exigirle al gobierno que diga "la verdad", esto es, que declare la "emergencia climática y ecológica" para así comenzar a desplegar una serie de regulaciones a empresas que sean capaces de contribuir a la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero.

No son pocas las pruebas de que el tiempo corre. Según un informe técnico presentado a fines del año pasado por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), organismo asesor de la ONU en temas ambientales, el calentamiento global irá en aumento entre 2030 y 2052 si el mundo sigue el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero.

Los científicos advierten que el calentamiento global irá en aumento entre 2030 y 2052
Los científicos advierten que el calentamiento global irá en aumento entre 2030 y 2052 Fuente: Archivo

Después de la introducción, en la segunda parte del encuentro llega el momento de la asamblea. El salón central está repleto. Un centenar de personas sentadas en un gran semicírculo, que contiene a otros más pequeños, conversan entre ellas hasta que el responsable del evento pide un minuto de silencio antes de empezar "para dejar a un lado los problemas que traemos de afuera". Todos cierran los ojos, bajan el mentón, sueltan los brazos a un costado creando el mindfulness necesario para entrar en clima. Parecen estar entrenados en las técnicas de meditación.

En pocos segundos, el silencio es absoluto. Lo único que se escucha es la respiración consciente. Hasta que, en medio de la calma, estalla una alarma de celular. En un instante, todos abren los ojos, miran a sus costados intentando encontrar al culpable. La mayoría se ríe. Jackie cierra los ojos más fuerte y frunce el ceño como muestra silenciosa de rabia.

No solo un hashtag

El correo continúa con una lista de deberes. Mirá, descargá, registrá, usá este enlace, unite. Unos de los documentos compartidos es un mapa interactivo con los puntos de encuentro de este espacio en el mundo.

La mayor cantidad de puntos se concentra en el Reino Unido, donde nació este movimiento. Después vienen Bélgica, los Países Bajos y Suiza. A Europa le siguen Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. En América Latina este movimiento recién comienza y lo hace desde las grandes ciudades como Buenos Aires, Santiago, Chile; Bogotá y San Pablo. La revolución verde es global y está en crecimiento.

Greta Thunberg, con 16 años, es la cara más joven y visible de la militancia por el cambio climático.
Greta Thunberg, con 16 años, es la cara más joven y visible de la militancia por el cambio climático. Fuente: Archivo - Crédito: LN

A Greta Thunberg, de 16 años, también la movilizó el calor de agosto pasado en Suecia. Una mañana, decidió faltar al colegio para ir en bicicleta hasta el Parlamento y pedir que hicieran algo para frenar el calentamiento global. Claro que, ese día, nada cambió. Decidió volver el viernes siguiente, también el siguiente y el siguiente del siguiente, hasta que fue sumando más gente a su reclamo. Unos meses más tarde, el 15 de marzo pasado, casi dos millones de estudiantes secundarios, en más de 2.300 ciudades del mundo, faltaron al colegio para pedir por el cambio climático en una actividad que tomó forma de paro internacional. Así, esta chica de trenzas rubias y mirada brava, a quien sus detractores le remarcan el diagnóstico de síndrome de Asperger, se convertiría en un referente en temas ambientales en todo el mundo.

De esa manera, nació Friday For Future. Primero desde un hashtag que comenzó a extenderse por las redes sociales hasta generar un movimiento global. Thunberg participó, en diciembre pasado, de la Cumbre del Clima en Polonia donde, frente a un centenar de líderes mundiales, sostuvo que "nuestra biosfera se está sacrificando para que las personas ricas de países como el mío puedan vivir en el lujo". De esa manera, aunque sin buscarlo, consiguió ser nominada al Premio Nobel de la Paz.

Greta, nominada al Premio Nobel de la Paz.
Greta, nominada al Premio Nobel de la Paz. Fuente: Archivo - Crédito: LN

Nuestra biosfera se está sacrificando para que las personas ricas de países como el mío puedan vivir en el lujo.
Greta Thunberg

La lucha por el cambio climático crece en las calles, pero no se limita a ese ámbito. También, cada vez más, gana terreno en las instituciones. En las últimas elecciones al parlamento europeo, en mayo pasado, la sorpresa la dieron los partidos Verdes que consiguieron 75 bancas, con un total del 10 por ciento de los votos a nivel europeo. En Alemania se convirtieron en la segunda fuerza más votada. También alcanzaron buenos resultados en Finlandia, Francia y Portugal.

Parte de su crecimiento se debe a los nuevos votantes. Según las proyecciones del think tank European Council on Foreign Relations, en Alemania más del 30% de las personas menores de 25 años votaron por los Verdes, mientras en Francia y en Reino Unido también resultaron los más votados entre los más jóvenes.

Precisamente son los estudiantes los que ya tienen fecha para su próxima huelga internacional contra el cambio climático: será el 20 de septiembre y esperan que sea la mayor movilización del año. A su vez, en las redes circula, con apoyo de varias organizaciones, un llamado a los sindicatos y trabajadores de distintas ciudades del mundo para realizar la primera huelga internacional general de la historia a favor del medio ambiente una semana más tarde, el 27 de septiembre. Y, al igual que las anteriores, se espera que incluya manifestaciones en las calles e intervenciones artísticas en espacios públicos.

Se trata de política

El cambio climático es un problema global, por lo tanto, exige repuestas globales. Esto es, la coordinación de acciones entre los estados; en especial, entre los países desarrollados que son los mayores generadores de gases de efecto invernadero.

El cambio climático es un problema que exige respuestas en conjunto.
El cambio climático es un problema que exige respuestas en conjunto. Fuente: Archivo

Para el argentino Gabriel Blanco, investigador de la Universidad del Centro y autor coordinador del sexto informe del IPCC, los esfuerzos hechos por los países en incorporar nuevas tecnologías no son suficiente. "Es posible contar con otras formas de producción y consumo, pero para eso hay que repensar el significado de bienestar desde relaciones más sanas entre los individuos y entre la sociedad y sus recursos. Y existen muchos sectores de la sociedad que no quieren que está transformación suceda".

El conflicto ambiental también refuerza las injusticias con los que menos tienen. Una persona en el 1% más rico usa 175 veces más carbono que una en el 10% inferior. La mitad más pobre de la población mundial, 3.500 millones de personas, es responsable de solo el 10% de las emisiones de carbono, mientras que el 10% más rico es responsable de la mitad completa, según sostiene Philip Alson, actual relator especial sobre la pobreza extrema de la ONU, en su informe sobre Cambio Climático y Pobreza publicado en junio pasado.

A escala mundial, los desastres naturales vinculados al clima como las tormentas, inundaciones, sequías e incendios ya desplazaron más de 17 millones de personas que tuvieron que abandonar sus casas el año pasado, según el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno.

En tiempos de nacionalismos, mientras los gobiernos de los países más ricos del planeta levantan barreras, el grito de los que pelean contra el cambio climático toma fuerza como respuesta global a un problema que no distingue fronteras. Y a pesar de lo que muchos podrían suponer, este movimiento no es antipolítico, sino que lo que busca, por el contrario, es llamar la atención de sus representantes, cree en sus instituciones y les exigen respuestas para cambiar las formas de producción y alcanzar una trasformación total en nuestras formas de consumo.

"Esto tiene que cambiar. Y tiene que cambiar rápido. Tenemos que empezar a actuar ahora. Creo que los políticos también pueden cambiar, escuchar nuestros reclamos para empezar a cambiar las cosas", concluye Juliana.

Argentina: en emergencia

Intervención de activistas argentinas en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Intervención de activistas argentinas en el Museo Nacional de Bellas Artes. Fuente: Archivo

A mediados de julio pasado finalmente se aprobó en el Senado argentino un proyecto de declaración de emergencia climática y ecológica, que llevaba más de dos años demorado por falta de apoyos en la comisión de Medio Ambiente. La iniciativa, impulsada por estudiantes secundarios nucleados en la Alianza por el Clima, ubicó a la Argentina como el primer país de América Latina en institucionalizar esta posición.

Sin embargo, para los activistas ambientalistas de todo el mundo, la declaración de emergencia no es el punto a alcanzar, sino el principio del recorrido. Piden llegar a la emisión cero de carbono para 2025, meta que algunos tachan de imposible ya que implicaría cambiar de manera completa la forma en la que vivimos como sociedad en sólo seis años.

Este punto, a su vez, implica el incumplimiento del objetivo más ambicioso del Acuerdo de París de lograr mantener el calentamiento por debajo de 1.5ºC con respecto a los niveles preindustriales. Para eso, es necesario una disminución del 45% de las emisiones de dióxido de carbono para 2030 respecto al nivel de 2010. La declaración de emergencia es solo el paso inicial.

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