
Bombas de luz
Muchas veces las vemos en supermercados y casas de electricidad, pero no conocemos sus usos. Aquí, una guía para aprovechar sus múltiples posibilidades
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Desde aquella primera lámpara incandescente creada por Thomas Edison, en 1878, las bombitas de luz han ido perfeccionándose para obtener una mayor economía de energía y mejor calidad de luz. Hoy se habla de un nuevo invento llamado LED (chips de tamaños milimétricos) que en algunos años más reemplazaría a las lámparas tradicionales. Mientras tanto, cada tipo de bombita crea una cantidad de luz diferente que interviene directamente en el aspecto de una habitación, en especial de noche. Su elección modificará los colores de las cortinas, de la tapicería, el acabado de las paredes y la atmósfera en general.
Lámparas incandescentes de Tungsteno.
Son las más comunes y, por lo general, se fijan a rosca. El filamento de tungsteno genera una luz cálida y amarilla cuya intensidad depende de la cantidad de vatios. Emite una luz de mayor calidad que el resto, pero tiene una vida más corta. Hay una estándar, que es la clásica y se utiliza para iluminar mesas, lámparas de pie, colgantes, artefactos de techo, apliques de pared. Hay blancas, transparentes y de colores. También está la vela de tungsteno, que es suave y no encandila.
Por lo general, se usa a modo decorativo en las arañas de cristal, todo tipo de lámparas colgantes del techo, apliques de pared, lámparas de mesa y de pie. La redondita, por su dimensión (es pequeña), es ideal para luminarias donde la bombita queda a la vista, y para luminarias chicas y colgantes, apliques de pared, lámparas de mesa y de pie. El reflector parabólico sirve también para exteriores. Las más comunes son la PAR 38 y la PAR 56. La primera produce una luz difusa y en colores, resalta las tonalidades de las plantas y las flores. La otra es más potente y puntual.
Halógenas.
Son incandescentes en miniatura y tienen algunas ventajas con respecto a las convencionales: son más claras, brillantes, ahorran energía y duran más. Originalmente se desarrollaron para uso comercial, pero funcionan perfectamente en un contexto doméstico. Proporcionan luz blanca y clara, controlable y enfocable gracias a los reflectores incluidos en ellas. Su principal atractivo es la calidad prístina de la luz que crean, combinado con su reducida escala. Se pueden lograr efectos de islas luminosas, puntos y juegos de luz y sombra muy interesantes. En general, requieren de un transformador, aunque existen reflectores con fijación a rosca. Se puede regular su intensidad con un dimmer.
Fluorescentes.
Son de uso comercial y doméstico. Su principal característica es que difunden la luz en forma homogénea, son más económicas que el resto, tienen una vida más larga, bajo consumo energético, no encandilan y no producen calor. Aunque existen distintas tonalidades de tubos (fría, día, cálida), el efecto es siempre un tanto frío y artificial. Por esa razón es recomendable combinarlas con lámparas de tungsteno o halógenas.
Se utilizan como iluminación en general; en gargantas para crear un efecto perimetral de baño de luz sobre las paredes, en las cocinas debajo de las alacenas para obtener una luz pareja, y sin sombras sobre sectores de trabajo. Existen también las fluorescentes compactas, que tienen la ventaja de tener fijación a rosca y una luz parecida a las incandescentes convencionales, logrando ambientes más acogedores que los tubos fluorescentes.






