
Brad Pitt: el hombre sensible
A menos de un mes del estreno en la Argentina de Babel, el nuevo film que protagoniza, dice que ser padre cambió el modo en que vive. En esta nota, habla de su dolor ante la pobreza y de su necesidad de ser solidario
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Brad Pitt es un hombre nuevo: tras divorciarse de Jennifer Aniston, su relación con Angelina Jolie le ha dado una hija, Shiloh Nouvel, nacida este año en Namibia, a la que hay que sumar a las dos criaturas anteriormente adoptadas por su esposa, Maddox y Zahara, que Pitt también ha convertido en sus hijos.
"Son tan sangre de mi sangre como mi hija biológica", afirma el actor norteamericano, nacido en Shawnee, Oklahoma. Su relación con Jolie, que empezó cuando el rodaje de Sr. y Sra. Smith (Doug Liman, 2005), también ha dado otros frutos: por ejemplo, el film A Mighty Heart, de Michael Winterbottom, que Pitt produce y Jolie protagoniza, y la Fundación Jolie/Pitt, que dedica millones de dólares a luchar contra la pobreza.
"Sabíamos que iban a darnos mucho dinero por las primeras fotos de Shiloh (la revista People les pagó cuatro millones de dólares, que dedicaron íntegramente a obras de caridad en Africa), y que además alguien iba a sacar mucho provecho –sostiene el actor–, lo que para nosotros era un gran cargo de conciencia. Por eso destinamos todo ese dinero a gente que realmente lo necesita."
Pero entre ejercer de filántropo, cuidar a sus hijos ("esperar a que Shiloh eructe después de comer es la mayor satisfacción que tengo en estos momentos de mi vida", dice) y amar a su espectacular compañera, Brad Pitt también tiene tiempo para cuidar su carrera ante las cámaras. Este mes estrena Babel, de Alejandro González Iñárritu (a quien le significó el premio a Mejor Director en el último Festival de Cannes), donde deja de lado una vez más su atractivo ya clásico (que sin embargo recupera en Ocean’s Thirteen, en pleno rodaje), para sumergirse en un personaje torturado que lo podría acercar (por segunda vez en su carrera, tras 12 Monos, de Terry Gilliam) al Oscar.
–En Babel se aleja de su imagen glamorosa, como ya ha hecho otras veces...
–Hollywood siempre ha intentado encasillarme, y yo me he tenido que esforzar por conseguir otras cosas, como en 12 Monos (Terry Gilliam, 1995), El Club de la Pelea (David Fincher, 1999) y Snatch. Cerdos y diamantes (Guy Ritchie, 2000). Al principio creían que sería bueno haciendo sitcoms televisivas, pero no se me dan bien. Después de Leyendas de pasión (Edward Zwick, 1994) se me vio como protagonista, y yo me dije: OK, lo puedo hacer, pero antes quiero probar otras cosas y luego ya veremos. Ahora trato de mezclar el tipo de filmes que hago, como Ocean’s Thirteen (tercera parte de Ocean’s Eleven) y Babel.
–En el film de González Iñárritu vive una situación extrema.
–La película muestra lo mal acostumbrados que estamos a las comodidades, cómo siempre lo tenemos todo al alcance de la mano. Pero, al viajar a un país diferente, uno enseguida piensa que le va a faltar algo. Es un tema fantástico.
–Para alguien acostumbrado a ser siempre el centro de atención, debió de ser agradable rodar en un pueblo marroquí, donde casi nadie le conocía...
–Me gustó; no teníamos camarines lujosos, no había electricidad, podía caminar tranquilamente por la calle sin que me reconocieran... En este aspecto, la atmósfera nos dio cierta libertad, y pude concentrarme en el trabajo sin distracciones.
–¿Se considera una superestrella?
–Sólo cuando los paparazzi acampan delante de mi casa o cuando la gente hurga en mi basura.
–Gana 20 millones de dólares por película. ¿Hasta qué punto el dinero es importante para usted?
–Lo importante son los guiones y la gente con la que trabajo. Estoy interesado en crecer como actor, y lo que me preocupan son los papeles, no mi imagen. Me gusta hacer personajes carismáticos. Ya no se trata de dinero.
–¿Con qué tipo de directores le gustaría trabajar?
–Con los que le permiten a uno hacer su trabajo y se ríen del ego de la gente.
–¿Escoge sus filmes de una manera diferente de como lo hacía cuando era más joven y estaba comenzando?
–Ser actor es un trabajo duro, así que si uno va a dedicar mucho tiempo a un rodaje, la película debe significar algo para uno. Lo que me importa es hacer buenos filmes, y ser padre ha cambiado mi manera de elegir los papeles que haré; he madurado en ese sentido. Hoy en día, lo que me viene a la mente cuando me los ofrecen es: ¿Qué pensarán mis hijos de esta película? Creo que cuando tengan edad para ver y entender Babel estarán orgullosos.
–¿Qué lugar ocupan sus hijos en su vida?
–No puedo pensar en nada más prioritario que educar a mis hijos; no puedo imaginar mi vida sin ellos. Tenerlos me ha cambiado la perspectiva del mundo: he sido afortunado en mi vida, y ha llegado el momento de compartir un poco esa suerte. Además, ser padre hace que uno deje de pensar solamente en uno mismo, algo que ya empezaba a cansarme. Ahora quiero estar siempre con ellos, no perderme nada. Es una sensación de alegría pura, un amor muy profundo. Puedes escribir un libro, pintar un cuadro o hacer una película, pero tener hijos es lo más extraordinario que he hecho nunca.
–Y adoptar es un gran acto de amor...
–Hay diez millones de niños que han perdido a sus padres por culpa del sida, y esa cifra se duplicará en el año 2010. Miro a Zahara (hija de una seropositiva) y pienso cómo podría haber sido su vida... Cuando vas a esos países y ves a esos niños, querrías poder acoger a tantos como fuera posible; necesitan nuestra ayuda, y deberíamos poder hacer más por ellos.
–De hecho, usted y su esposa ya lo hacen, a través de la Fundación Jolie/Pitt, que actúa contra la pobreza en Africa y en otros lugares del planeta...
–Claro. He visto el daño que causa la pobreza y lo fácil que puede ser conseguir un remedio, remedios que les cuestan centavos a los países ricos. Las naciones industrializadas sacamos de Africa más del triple de lo que les damos en ayuda. Por ejemplo: les compramos granos de café, pero no les dejamos procesarlos, que es la parte de la cadena donde realmente está el dinero. Así que lo que hacemos es cavarles un pozo del que no pueden salir, y de vez en cuando les echamos unas cuantas monedas dentro.
–¿De dónde nace su lucha contra la pobreza?
–Del deseo de entender, del que tenemos una gran carencia; me quiero educar tanto como pueda para entender la situación y para comprender las soluciones.
–Da la impresión de que está siempre viajando, por motivos tanto profesionales como personales, acompañando a Angelina Jolie en sus rodajes o en iniciativas solidarias en favor de los más necesitados. ¿Es así?
–Me he convertido en un ciudadano del mundo. Me encanta la sensación de aventura que da rodar en sitios lejanos, como Marruecos. Es una de las cosas buenas que los actores podemos experimentar: sumergirnos en los lugares donde rodamos. Yo estoy en el negocio por eso.
–¿Qué hace cuando está en casa?
–Paso tiempo con los niños, escribo malas canciones y toco mi guitarra. Me encanta la música, pero lo hago muy mal. Miramos DVD, ando en bici y juego con los perros. Hacemos asados, viajamos... Tenemos una buena vida.
–Además de la actuación, ¿cuáles son sus mayores pasiones?
–La arquitectura. De hecho, me matriculé en la universidad para ser arquitecto, pero no continué porque era demasiado duro. ¡La gente nunca se divertía! Trabajaban día y noche; me imaginaba la universidad como otra cosa.
–¿Qué tiene la arquitectura para que le guste tanto?
–Me conmueve, como la música. Tiene ritmos, armonías... es como una sinfonía. Me encanta su parte de descubrimiento: un tipo en una habitación encuentra una línea, un ángulo, y lo sigue para ver hasta dónde lo lleva.
–Ha unido su pasión por la arquitectura y sus inquietudes sociales liderando un proyecto para construir casas ecológicas en Nueva Orleáns, tras el huracán Katrina...
–Nuestra primera responsabilidad es ayudar a los más vulnerables, y en eso hemos fallado miserablemente y seguimos fallando. Somos un país ingenuo, y el hecho de que no hayamos podido ir a Nueva Orleáns y limpiar ese lodazal es ridículo y vergonzoso. Por eso promuevo la construcción de casas ecológicas, que aprovechan la energía solar y ahorran mucha energía.
–Defina amor.
–La idea que se tiene sobre el amor cambia a medida que se es mayor. Uno cree que está enamorado cuando tiene esa noviecita en el colegio, pero es ahora cuando uno entiende lo que es importante, lo que es importante para el equipo, lo que es importante para tu pareja a medida que la conoces. Ahora estoy mejor que nunca. Y el amor debe mantenerse creativo. Pero no estoy de acuerdo con esa idea de que en una relación dos se convierten en uno. Creo que lo que ocurre es que cada uno se convierte en un ser más fuerte e independiente.
–Ha habido muchos rumores sobre una posible boda entre usted y Angelina. ¿Son ciertos?
–Angie y yo sólo nos plantearemos casarnos cuando la ley en Estados Unidos permita a cualquier persona hacerlo, sea cual sea su tendencia sexual.
–¿Cuál es su peor hábito?
–Fumar.
–¿Su comida favorita?
–Me gusta el bistec.
–¿Una prenda de vestir?
–Los jeans.
–¿Un deportista?
–El piloto Valentino Rossi. Es un mago: lo que hace encima de la moto es puro ballet. Es como el Lance Armstrong de las motocicletas. Es poesía para la vista.
–Y lo más importante: ¿con qué duerme el elegido dos veces por la revista People como el hombre más sexy del mundo?
–Desnudo.
Se dice de mí
Anthony Hopkins
(compañero en Leyendas de pasión y ¿Conoces a Joe Black?):
"Tiene un gran sentido del humor. Se toma su oficio muy en serio, pero es cordial y generoso; es un placer rodar con él".
Jennifer Aniston
(ex esposa):
"Siempre lo amaré. Pasamos siete años maravillosos y aprendimos mucho. La lástima fue cómo se redujo todo al clisé de Hollywood".
Ridley Scott
(director de Thelma & Louise):
"Brad era increíblemente intuitivo e ingenioso; nos dimos cuenta cuando rodó la escena en la que, sin quitarse el sombrero, usaba el secador de cabello como una pistola. Era genial; podías ver a una estrella en ciernes".
Robert Redford
(director de El río de la vida y compañero en Juego de espías):
"Cuando trabajamos en El río de la vida no lo contraté por nuestro parecido. Cuando lo reencontré en Juego de espías me di cuenta de que no había cambiado mucho como persona. Lo aprecio, pero aunque tenemos opiniones parecidas sobre algunos temas, nuestras vidas son muy diferentes".
Una película, un libro
Durante la filmación de Babel, los fotógrafos Mary Ellen Mark, Patrick Bard, Graciela Iturbide y Miguel Río Branco obtuvieron imágenes para un libro editado por Taschen sobre la trilogía de películas del exitoso director mexicano Alejandro González Iñárritu, integrada también por Amores perros y 21 gramos. Babel fue rodada en varias lenguas y lugares: el desierto de Marruecos, Tokio (las imágenes corresponden a una escena nocturna de la capital japonesa y a la actriz Rinko Kikuchi, por la calle), Tijuana y Tecate (México), con Gael García Bernal y la ceremonia de un casamiento, y otra vez Marruecos: Brad Pitt (arriba) y la actriz Cate Blanchett junto al director González Iñárritu (der.), fotografiados durante la filmación




