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Por Leonardo M. D’espósito
Entro a Netflix. Descubro que acaban de habilitar Tras la esmeralda perdida (1984), el primer éxito de Robert Zemeckis, que era algo así como una parodia de las aventuras spielberguianas de la época. Zemeckis conocía bien a Spielberg: había escrito el guión de la fallida 1941 y don Steven le produjo su ópera prima, I Wanna Hold Your Hand, esa aventura desquiciada de adolescentes tratando de entrar al mítico show de Ed Sullivan donde se presentaron los Beatles. Tras la esmeralda... puso en el mapa a Zemeckis con un éxito y mostró algo: el hombre tenía un tema y un mundo incipientes. Los críticos, a eso, lo llamamos “ser autor”. Sabe el lector que después vino Volver al futuro. Y después, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Y después, dos continuaciones de la saga McFly (el Antoine Doinel de la ciencia ficción), la genial y entonces subvalorada La muerte le sienta bien y el megaéxito de Forrest Gump. De allí en adelante, Zemeckis hizo varias películas con momentos buenísimos y un resultado general decepcionante. Vaya uno a saber por qué. O sí sabemos por qué: las películas de Zemeckis son fantasías –incluso las que se basan en hechos reales u obras literarias– donde toda la acción, todos los conflictos, todas las situaciones se resuelven en una secuencia gigante que tuerce el espacio y el tiempo (e incluso los cuerpos, como en La muerte... o Roger Rabbit). Cuando eso no sucede, cuando la resolución requiere menos de las posibilidades enormes del aparato cinematográfico que del diálogo (recuerden la decepcionante secuencia final entre Tom Hanks y Helen Hunt en la por demás hermosa Náufrago), uno queda medio a la deriva. Ahora viene otra prueba.
Se llama Aliados y es un melodrama de suspenso, romance y espionaje que arranca –Zemeckis es también un cinéfilo– en Casablanca. Brad Pitt es un espía; Marion Cotillard es una agente de la Resistencia Francesa y la primera parte transcurre durante la Segunda Guerra Mundial. Hay una misión, ellos la llevan a cabo y, más tarde, se reencuentran, se enamoran, se casan y tienen una familia. Pero entonces le llega a nuestro hombre el rumor de que su esposa probablemente sea una espía nazi. Lo que desencadena la paranoia y tuerce la situación del principio anudándola como corresponde en un film de Zemeckis. Pues bien: el film es de esos que los estudios, por su elenco y valores de producción, ceden a la temporada de los Oscar. Es el recuerdo de un pasado cinematográfico y de un mundo donde las cosas eran más claras y los peligros más fácilmente identificables. Hasta ahora, la reacción de la crítica ha sido ambigua: reconocen la producción y el suspenso, se decepcionan por la falta de química de la pareja. Pero cuidado: no hay que creerles demasiado a los críticos estadounidenses. En general, se cierran sobre estándares poco creativos tanto al mirar como al escribir, y si la suma de nombres les hace ruido de entrada, son capaces de comentar en piloto automático incluso antes de ver. De todos modos, el que conoce la obra verá que la trama recuerda un poco la del thriller sobrenatural Revelaciones, aquel donde Michelle Pfeiffer dudaba del marido Harrison Ford y que, otra vez, resolvía su trama en una gran secuencia de suspenso físico con un lago, autos y una grúa. Pues bien, esta no es una crítica porque –la marea del tiempo es ineludible– aún no he visto Aliados. Pero hay algo que me interesa de esa película y es la razón por la cual se escriben estas líneas: sacarme la duda de si Zemeckis es un autor o no. Durante un tiempo, creí que sí, que el estilo alcanzaba para otorgar rango de autoridad. Ahora no estoy tan seguro.
Es cierto que Zemeckis representa a una tradición notable: la de los artesanos del entretenimiento que, en el Hollywood clásico, contrabandeaban ideas detrás de la lujosa apariencia del gran espectáculo. Y es cierto que la idea de que detrás de algo que consideramos estable, algo a lo que adherimos, pueda esconderse la semilla del mal está en consonancia con estos tiempos de reflujos reaccionarios. No por nada la acción transcurre en la Segunda Guerra Mundial, la única victoria hasta cierto punto noble que los Estados Unidos lograron durante el siglo XX. Pero la duda consiste en si eso es un comentario sobre el mundo o si Zemeckis vuelve a meter en la licuadora el cine de ayer, los actores de hoy y la posibilidad de torcer el mundo solo para entretenernos. Es cuestión de esperar y ver.
Lo que queda de Pitt
Después de un año signado por el multiestelar divorcio que protagoniza aún con Angelina Jolie, Brad Pitt parece buscar (y Aliados es otro escalón) su posición como actor consagrado, de esos que suenan al Oscar. Lo hace también como productor de lo que protagoniza. Aunque lo que viene de él es raro: una comedia satírica sobre la presencia estadounidense en Afganistán llamada War Machine y la secuela de Guerra Mundial Z, esta vez bajo la dirección de quien le dio su primer rol importante en Seven, David Fincher. Al parecer, sigue lejos de DiCaprio






