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The Royal Yacht Britannia, un barco de estilo neoclásico que navegó más de un millón de millas naúticas, fue botado en Escocia en 1953 y, desde ese momento, acumula recuerdos invaluables de la familia real británica en 968 viajes oficiales, con escalas en unos 600 puertos, repartidos en 135 países, y muchas travesías de carácter privado. Fue un escenario perfecto para recepciones oficiales y banquetes (en muchas de esas ocasiones protocolares, se embarcaban 45 royals, acompañados de cinco toneladas de equipaje), visitas de jefes de Estado, vacaciones de la reina Isabel II, y hasta para la luna de miel del príncipe Carlos y Diana. O la fiesta preboda de Zara Phillips y el rugbier Mike Tindall.
Construido por encargo del rey Jorge VI, padre de Isabel, fue ella quien supervisó las obras en el astillero John Brown & Company, en Clydebank. Siempre que flotaba en el Britannia, la Reina se sentía como en casa: todavía pueden verse fotos de sus hijos colgadas a bordo, objetos personales y regalos que le hacían en cada lugar que visitaba. Quienes miran la serie The Crown, pueden disfrutar del discreto esplendor del barco durante la segunda temporada que pinta una gira del duque de Edimburgo. Monarcas, príncipes, presidentes y artistas, los pocos afortunados que subieron al barco a lo largo de los años fueron testigos de momentos históricos: en el Britanniase nombraron caballeros, se rindieron honores y se firmaron acuerdos comerciales entre distintos países (cuando la Reina estaba a bordo, cumplía puntualmente con su agenda y sus obligaciones como cabeza del Estado).
En 1997, tras prestar 44 años de servicio, el buque fue desmantelado en parte y "jubilado" para navegar, pero permanece amarrado en el puerto de Leith, en Edimburgo, como un museo como un museo flotante que visitan más de 300 mil personas por año (se puede hacer el tour y conocer el camarote de la Reina, el comedor, los salones oficiales, las habitaciones del capitán y el segundo de a bordo, los bares de los marineros, la sala de máquinas y tomar un English tea con vista al mar, que permanece abierto al público). La reina Isabel II asistió al acto de retiro, que tuvo lugar en Portsmouth. Y seguramente, en el fondo de su alma, lagrimeó de emoción.





COMODIDADES, DE PROA A POPA
El sentido práctico es la característica común en el diseño de los espacios del yacht real. Desde los camarotes de la Reina y del príncipe Felipe, hasta la habitación que supieron ocupar el príncipe Carlos y Lady Di en su luna de miel (durante catorce días navegaron el Mediterráneo, con escalas en las islas griegas, para terminar en el castillo de Balmoral, en Escocia), el confort está supeditado a la funcionalidad.
Así, la habitación de Isabel II es sencilla, con una cama pequeña cubierta con un acolchado decorado con un ligero estampado, que se repite en la cabecera de la cama. Una puerta la conecta con la habitación del duque de Edimburgo, que es bastante similar. Del otro lado del pasillo hay más camarotes: la primera cama doble del Britanniaestá en ese ambiente y la hizo llevar Carlos, el heredero del trono, para su noche de bodas.
El comedor, acaso el espacio más lujoso del barco real, era el ambiente destinado a las fiestas en las que reyes, presidentes, primeros ministros y embajadores compartieron la mesa con la familia real británica. De frente al comedor se encuentra el salón oficial, que sería el equivalente a la sala de estar en una casa. Cuenta con varios sillones, una chimenea, un piano, y en la sala de al lado esperaban órdenes dos personas del servicio real, siempre listas para atender las necesidades de los invitados.
Para las ocasiones especiales había una orquesta compuesta por miembros de la tripulación, destinada a animar la velada. Y aunque nunca llegó a usarse como buque hospital (fue concebido así para tiempos de guerra), si Isabel II viajaba en el Britanniatambién se embarcaban el cirujano real, un médico, enfermeros y había montado un pequeño quirófano. Las tareas de mantenimiento y limpieza se hacían de noche, para no molestar a la familia, y el buque contaba con una enorme lavandería, a la que la ropa llegaba marcada y numerada. Obviamente: los atuendos de la familia real se lavaban por separado.







REYES NAVEGANTES
El Britannia fue el barco real número 83 desde que Carlos II llegó al trono, en 1660, y fue el segundo bautizado con ese nombre. Con 126 metros de eslora, 17 metros de manga y un calado de 4,6 metros, tenía una autonomía de 2375 millas naúticas (unos 4400 kilómetros) y podía navegar a una velocidad de 21 nudos (29 km/hora). Como cualquier barco de la marina real, lo comandaba un comodoro o almirante, con una tripulación de 217 personas entre oficiales y marineros (este número podía variar según el viaje). Dos curiosidades: siempre había flores frescas en el Britannia(muchas de ellas provenían de los jardines de los palacios reales) y en cubierta brillaba un Rolls-Royce Phantom V, que fuera utilizado como auto real en los años 60.









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