“Cada uno crea su propia autoficción”

Tras el suceso editorial de Nada se opone a la noche, la autora francesa Delphine de Vigan explora en Basada en hechos reales los límites entre realidad
Fabiana Scherer
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8 de enero de 2017  

"El éxito de un libro es un accidente del que no se sale indemne, pero sería indecente quejarse. De eso estoy segura”, reflexiona Delphine en Basada en hechos reales. La pregunta es: ¿qué Delphine es la que reflexiona? ¿El personaje o la autora? Es que tras diseccionarse como si se tratara de su propia autopsia, De Vigan expuso el dolor en la construcción del suicidio de su madre en Nada se opone a la noche, ese ejercicio de purgación que transformó a la novela en un éxito literario, ese capaz de infundir el mayor temor a cualquier autor: el de enfrentarse nuevamente a la hoja en blanco.

¿Qué vas a escribir ahora? Desde hace meses, lectores, amigos y gente con la que me cruzaba aquí y allá me preguntaban sobre el después. La pregunta se formulaba por lo general en los siguientes términos: “Qué va a escribir después de esto”. A veces, tomaba un sesgo más general: “Pero, ¿qué se puede escribir después de esto?”, narra De Vigan, y pone en voz de Delphine, el personaje de esta historia que se acerca demasiado a la autora real, para sumergirnos en un juego de caja chinas, esas que obligan a cada lector a indagar por los límites de la ficción y la realidad. Sobre eso y mucho más habló con la nacion revista.

En la Argentina se han editado sólo tres de sus novelas: Días sin hambre, Nada se opone a la noche y recientemente Basada en hechos reales. Estas tres obras exploran la frontera entre la ficción y la realidad. ¿Hablamos de una línea real?

Creo que existe esta frontera, pero es más porosa y más tenue de lo que parece. Estos tres libros que nombra son muy diferentes entre sí y cada uno de ellos tiene una relación especial con lo real. En Días sin hambre construí un relato sobre la enfermedad que padecí de joven. En Nada se opone a la noche es la búsqueda de la verdad imposible de alcanzar. Mientras que esta última novela es una obra con los códigos de autoficción y suspenso.

En esta pieza usted construye a una Delphine que se inspira en sí misma, pero sobre todo en una Delphine que las personas creen conocer. Debe ser difícil e incluso arriesgado para usted convertirse en un personaje. ¿Cómo lo resolvió?

Sí, es verdad. Era arriesgado y yo era consciente de ello. No sé si realmente está resuelto, jugué con los códigos, con lo que soy, y con lo que las personas saben o creen saber hasta cierto punto de mí. Hay aspectos de mi vida que yo protejo mucho más de lo que pensamos, como todo lo concerniente a mis hijos. Por ejemplo, Louise y Paul son sólo hijos de papel.

En Basada en hechos reales, la protagonista, o sea Delphine, narra el encuentro con L., una misteriosa y sofisticada escritora fantasma de alto nivel. Comparten gustos y pronto inician una profunda e íntima amistad. Está desconocida se convertirá en un apoyo imprescindible en su vida, hasta el punto de adueñarse de ella. El efecto de L. en Delphine bordea la vampirización en este thriller psicólogico que se mueve entre lo vivido y lo imaginado y reflexiona sobre el rol del escritor en estos tiempos.

El tema del doble, el clásico quién es quién y la permanente reflexión sobre la creación es crucial en la obra de Stephen King, y usted le rinde un merecido homenaje en la novela. ¿Qué es lo que más le atrae de King? ¿Cuáles son los riesgos y los temores que asumió en este homenaje?

Descubrí a Stephen King hace unos años. Me gusta su arte del suspense, la forma en que juega con nuestros miedos. Me encanta esta reflexión profunda y brillante en el origen de la escritura que subyace en muchos de sus libros, incluyendo La mitad oscura, en frases muy potentes como: ¿quién es usted cuando escribe? A menudo me ha ocurrido pensar que otra persona escribió a través de mí.

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Dentro de él, una voz susurró por primera vez: “¿Quién eres tú cuándo escribes, Thad? ¿Quién eres entonces?”, Stephen King en La mitad oscura.

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Usted ha dicho que la memoria es una fábrica de ficción donde muchas veces necesitamos embellecer los recuerdos para que sean aceptables.

Sí, creo que la memoria es subjetiva y emocional. A veces transforma recuerdos para que sean aceptables. Esto no quiere decir que uno embellece todo, sino que la memoria crea una versión de los hechos que se colorea por nuestros sentimientos y nuestras emociones. La literatura juega constantemente con esas cosas. Por ejemplo, cuando recuerdo el patio de la escuela donde yo era niña, yo lo describía como un patio enorme, impresionante, con grandes árboles. Pero cuando volví en la edad adulta a ese mismo patio, me pareció mucho más pequeño. ¿Dónde está la verdad?

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Cuando la verdad rebasa las cinco líneas, es una novela, cita Delphine, el personaje, una frase de Jules Renard para justificar que el relato es una ilusión.

En el libro habla de tener en su hombro a su propio Pepe Grillo, una conciencia que se burla de lo que escribió y de su dificultad para escribir. ¿Su peor enemigo es su ser interior?

¡Oh, sí ! Creo que a menudo es así. Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Cada uno tiene su pequeño demonio interior. De todos modos, cuando escribo, tengo que enfrentar cada día a quien se inclina sobre mi hombro y me saca las fuerzas y me acusa de ser incapaz de hacerlo.

También podemos hablar de la frontera entre la razón y la locura, que suele estar presente en su obra, como la mención a la bipolaridad.

Sí, creo que esta frontera es bastante fina, y que nadie está a salvo de perder terreno. Todos tenemos nuestra pequeña locura ordinaria, algunas obsesiones, y algunos temores. Pero a veces puede resbalar y convertirse, por un tiempo, patológico. Dicho esto, la enfermedad mental, la real, es otra cosa. Eso es algo importante en mi vida porque lo he experimentado personalmente a través de mi madre.

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Mis libros de ficción son tan personales, tan íntimos, como los otros. A veces es necesario disfrazar para explorar el tema. Lo importante es la autenticidad del texto, reflexiona Delphine en su último libro.

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Es habitual hablar de la ficción como un género en sí mismo. ¿Cree que es posible hablar de pura ficción?

No, no lo creo. No veo cómo o qué es pura ficción. Ficciones que se crean no vienen de la nada. Vienen de nuestra historia, de nuestra sensibilidad, de nuestra imaginación. Se relacionan con lo que somos, hablan de nosotros.

Me está hablando de una estafa –acusa un lector a la escritora en la novela–. Es cierto o no es cierto. Es una autobiografía o es una pura ficción. Es un contrato pactado entre usted y nosotros. Pero si estafa al lector, éste se lo echará en cara.

Usted coloca al lector, en un momento de la novela, como un juez, capaz de declarar a una obra como una estafa

Un escritor amigo me había dicho que el lector quiere un contrato, que quiere saber si lee ficción o no ficción y que el autor debe respetar ese acuerdo. En Nada se opone a la noche las cosas son muy claras, busco una forma de verdad; sin embargo, en Basada en hechos reales se trata de la historia de una trampa que se cierra sobre la propia Delphine. Y creo que los lectores son capaces de aceptar y encontrar la diversión en esto.

¿Este juego nace de la obsesión de sus propios lectores por querer ir más allá de lo que usted ofreció en Nada se opone a la noche, su novela anterior?

Sí, esta novela nació en parte de esta pregunta recurrente planteada por mis lectores y periodistas: ¿Es verdad? ¿Es todo verdad? Sé que algunos lectores han tratado de encontrar los retratos reales de mi familia, de descubrir el documental en Internet del que hablo en la novela y de encontrar las imágenes de mi madre cuando era una niña modelo.

¿Le ocurrió a usted de obsesionarse con una novela o una película e intentar descubrir qué era real y qué no lo era?

Sí, me pasó. Está en nuestra naturaleza humana querer saber más, todos tenemos algo de voyerista, pero en el fondo lo que nos interesa no creo que sea tanto la realidad.

En su obra no se permite realizar una crítica al voyeurismo imperante (reality shows, el fenómeno de las redes sociales). ¿Considera que todos nos creamos un personaje que queremos mostrar?

Sí, por supuesto. Los reality shows son ficciones que imitan lo supuestamente verdadero. Es bastante fascinante. Y las redes sociales permiten a las personas crear su propio personaje. Cada uno elige sus mejores cuadros, muestran su mejor cara, rodeado de amigos, siempre felices, protagonizando una puesta de escena. Cada uno de nosotros elabora su propia autoficción.

No hay duda que su estilo de escritura es muy visual [escribió varios guiones]. ¿Cómo recibió la noticia de que Roman Polanski va a llevar al cine su última novela? [Comenzó a rodarla en noviembre]

No lo podía creer. No podía imaginar a nadie que pudiera comprender mejor esta historia. Soy muy cinéfila y como escritora me alimenté mucho del cine. Películas de Polanski como El inquilino, Repulsión y El escritor oculto pueden haber sido parte de mi inspiración para escribir este libro. Por lo tanto, es increíble imaginar a Polanski dirigir esta historia.

¿Leyó el guión que elaboró Polanski junto al también realizador Olivier Assayas? ¿Fue consultada?

No exijo el derecho de inspeccionar los escenarios apropiados de mis novelas y no quiero estar asociada con la escritura. Pero Roman Polanski y Olivier Assayas me dieron a leer el guión. Me encantó la adaptación, tiene diferencias a la novela, pero son necesarias para llevarla al cine. No puedo esperar a ver la película.

¿Qué piensa usted acerca de las actrices elegidas, Emmanuelle Seigner [esposa de Polanski] y Eva Green para los papeles de los personajes principales?

Es una muy buena elección. Emmanuelle Seigner es una actriz muy interesante, muy sutil. Eva Green [Penny Dreadful] tiene una belleza muy sofisticada y un tanto misteriosa, como L.

¿Teme a las adaptaciones? Una de sus novelas, No et moi [su primer éxito] fue filmada en 2010 por Zabou Breitman. ¿Qué opina de aquel film?

Me gustó la película. No tiene en cuenta todos los aspectos de la novela, hay sesgos, pero es esencial. Una adaptación es siempre una interpretación, y a veces una traición. Hay que aceptar lo que puede ocurrir cuando cedemos un libro. Por eso con Nada se opone a la noche me negué a todas las propuestas. Pero con mis otras novelas, me gusta la idea de que un creador tome mi trabajo y se apropie de él.

En Días de hambre, Nada se opone a la noche y Basada en hechos reales está presente la fragilidad, la falta de renunciamiento y la pregunta ¿cómo se hace para poder avanzar?

Estos temas están presentes en todos mis libros, ya sea ficción o autobiografía. No puedo explicar por qué, excepto que estos problemas parecen universales y a la vez son muy personales.

En la literatura y en el cine, hay una fuerte apelación a lo verdadero, a historias inspiradas en hechos reales. Los reality y las redes sociales permitieron que el voyeur en cada uno de nosotros florezca.

Es cierto que algunas personas han perdido la confianza en su propia capacidad de estar interesado en las novelas de ficción. Creo que tenemos una gran necesidad de ficción. Esto es lo que nos hace humanos. Las series de TV cumplen con esta necesidad. Cuando uno logra quedarse atrapado en la ficción, el día en que uno llora o tiembla por un héroe de ficción, es el momento en el que nos encontramos con el placer de ese niño donde no importaba si la historia era o no real.

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