Cambio de rumbo: de actriz a tapicera profesional

Lucía Giraudo revive el encanto de los oficios
Lucía Giraudo revive el encanto de los oficios Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Coló
Mariangeles Lopez Salon
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30 de septiembre de 2019  • 18:51

Con un grupo de amigos actores, Lucía Giraudo (31) dejó su Rosario natal en 2008 para dedicarse de pleno a la actuación en Buenos Aires. Había estudiado comedia musical en el teatro El Círculo de Rosario, y al llegar se anotó en el taller de Marcelo Savignoni y, luego, en la escuela de Raúl Serrano.

Aunque creía que su vocación estaba sobre las tablas, pronto se dio cuenta que, a medida, que avanzaba la capacitación, retrocedía el entusiasmo. "No encontraba mi pasión -recuerda-, y en mi interior comenzaba esa pregunta interna de no saber qué quería hacer".

Siempre se había sentido atraída por las manualidades, y luego de anotarse en algunos talleres lanzó un emprendimiento para coser y vender bolsos, pero no funcionó. Un viaje a Búzios y luego otro a Europa la devolvieron a Rosario decidida a buscar otro camino y a radicarse definitivamente en Brasil. Hasta que se cruzó con un sillón que había sido de su abuela, y con los conocimientos que había adquirido en un workshop (del estilo "Hacé tu propia banqueta"), decidió retapizarlo. Y le salió bien. Tanto que una de sus amigas le pidió que reparara un sofá que había encontrado en la calle.

"Cuando lo empecé a desarmar fue el primer impacto, encontrarme con el interior de un mueble. Estaba todo podrido y aparecían los resortes. A medida que lo desarmaba quería copiar lo que veía para poder armarlo. Hoy, con todo lo que aprendí, sé que no lo hice tan bien. Pero no había quedado mal".

En el ínterin volvió a Buenos Aires, se reencontró con un antiguo compañero de teatro, comenzaron a salir y fue todo de la mano. "Nos pusimos de novios al mismo que me interiorizaba con la tapicería. Brasil podría esperar", dice entre risas.

Se anotó en los talleres gratuitos que daba el gobierno porteño a través de la Cámara de los Fabricantes de Muebles, Tapicería y Afines (Cafydma). "Quería hacer tapicería, pero no había lugar. Entonces, arranqué con restauración de muebles. Fue lo que a mí me nutrió y me capacitó. Al año pude anotarme en tapicería con el profesor Mario Rosales, un tapicero de oficio de toda la vida muy minucioso. Me fascinó", dice, y asegura que aún recurre a esos docentes cuando necesita ayuda.

Luego, hace dos años, presentó un proyecto en la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), por el que recibió un subsidio de 42.000 pesos con el que logró comprar sus herramientas, que hasta ese entonces eran rudimentarias. "Para mí fue una diferencia abismal. Con eso me compré todo, y mi trabajo empezó a cambiar".

Así comenzó un círculo imparable: conoció a colegas de otros oficios que comenzaron a recomendarla, descubrió la docencia, y empezó a recibir cada día más trabajo, que minuciosamente realiza en el taller montado en el primer piso de su PH. También entró en Instagram ( @luciagiraudo_reciclados), un lenguaje que aún le cuesta seguir aunque reconoce que es fundamental: recibe por lo menos tres pedidos de presupuesto cuando publica una story.

Disfruta dar talleres porque es una forma de transmitir lo que aprendió, y su grupo de alumnos es variado en edades e intereses. Algunos solo quieren aprender a tapizar una banqueta y llevársela lista para su casa y, otros, comenzar a despuntar el oficio. "Me gusta contagiar lo que implica rescatar un mueble, yo voy por la calle y quiero llevarme todos los que encuentro para recuperarlos, renovarlos, dejarlos como nuevos, pero con la historia que tienen".

Ahora su proyecto es aprender más, como a realizar tapicería antigua y reparar esterilla. Trabajo no le falta. "Creo que cada vez habrá más, porque va cambiando la moda del diseño de interiores cada año". Su estilo está más definido por los colores claros, el blanco, el gris, los neutros, la madera lavada, y los trabajos en pana y lino. Ella es parte de la nueva generación de oficios, con hacedores que integran diseño y creatividad.

Cuando da un presupuesto pasa, por un lado, el de mano de obra y, aparte, el costo de las telas, que puede variar infinitamente. Prefiere las nacionales, como la pana tramada que usó para retapizar el sillón de tres cuerpos que reina en su living (y que rescató de la calle), acompañado por una silla mecedora que era de la abuela de su novio, que restauró amorosamente y tapizó en lino. En un rincón, un sillón de un cuerpo tapado con tela espera aún sus manos habilidosas. Porque en casa de tapicera.

  • Producción: Grisel Marino

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