
Camboya: al rescate de un tesoro cultural
Tras largos años de tragedia, el país asiático se aboca a la reconstrucción de su patrimonio. La iniciativa, liderada por Francia y Japón y coordinada por Naciones Unidas, es considerada un modelo para salvaguardar otros bienes, como los saqueados en Irak y Afganistán
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SIEM REAP, Camboya.- Durante la larga pesadilla de guerra civil, genocidio y ocupación extranjera de Camboya, la preocupación por sus tesoros arqueológicos no era prioritaria.
Pero ahora, luego de más de una década de paz, se realiza una campaña internacional para rescatar Angkor Wat y otros templos centenarios, que es presentada como modelo para salvaguardar también los antiguos yacimientos arqueológicos de Afganistán, Irak y otras naciones que soportaron guerras.
El trabajo de restauración en la región, que abarca cuarenta monumentos más importantes y cientos de lugares, puede llevar otros 25 años. Sin embargo, la iniciativa liderada por Francia y Japón y coordinada por la Organización Educativa, Científica y Cultural de Naciones Unidas ha demostrado un compromiso poco habitual para preservar un tesoro de la genialidad humana en un país demasiado pobre para hacerlo por sí mismo.
En los alrededores de muchos templos hay grúas, andamios y ejércitos de trabajadores. Arqueólogos, arquitectos e ingenieros de una docena de países también trabajan en esos sitios, mientras la policía de Camboya brinda la seguridad.
Ya hay resultados importantes. Desde la creación de un Comité de Coordinación Internacional en 1993, se han desalojado del área 25.000 minas terrestres, incluidas 3000 que se € hallaban dentro de terrenos pertenecientes a templos. El saqueo de estatuas y frisos se ha detenido y el tráfico internacional de piezas robadas ha sido desbaratado. Los caminos se han pavimentado y existe un nuevo centro para los visitantes. Hasta ahora se han invertido 50 millones de dólares en más o menos cien proyectos de restauración.
En una conferencia en París, en noviembre último, el director general de la Unesco, Koichiro Matsuura, afirmó: "Lo que se ha aprendido en esta década y que todavía se aprende podría servir como modelo para la rehabilitación de otros lugares antiguos luego de conflictos bélicos, como Bamiyan en Afganistán o el legado mesopotámico en Irak, que han sufrido la destrucción desenfrenada y la devastación de la guerra".
Una de las conclusiones del encuentro de París fue que durante la próxima década, además de la intención de restaurar los yacimientos, los otros países deberían ayudar a Camboya a luchar contra la pobreza, proteger el ambiente y promover el desarrollo regional. "La población debe sentir que Angkor Wat mejora sus vidas", afirmó Azedine Beschaouch, coordinador del proyecto de la Unesco. "Debemos ocuparnos no sólo de las piedras, sino de los hombres, mujeres y niños."
El orgullo nacional por los templos de Angkor se evidencia en el gran número de visitantes camboyanos a los yacimientos (tienen acceso libre, mientras los extranjeros deben pagar 20 dólares por el pase de un día, o 40 por tres días). Con el acceso fácil, por primera vez en siglos, una visita representa para muchos camboyanos el descubrimiento de su herencia cultural y a la vez un peregrinaje al histórico santuario budista.
El complejo de Angkor floreció entre los siglos X y XIV, y luego fue brevemente ocupado en el siglo XVI, pero los templos habían sido abandonados y estaban cubiertos de malezas cuando los exploradores franceses informaron haberlos descubierto, a mediados del siglo XIX.
Si bien los dibujos, fotografías y finalmente las estatuas sacadas de la zona causaron gran entusiasmo en París, sólo en 1907 la Escuela Francesa del Lejano Oriente comenzó un programa para despejar la jungla y restaurar los templos.
Después de que Camboya se independizó de Francia en 1953, los arqueólogos franceses continuaron dirigiendo el Servicio de Conservación de Angkor. Pero se lograron progresos especialmente en la restauración de Angkor Wat y de varios templos que se hallan en la cercana ciudad amurallada de Angkor Thom, incluyendo al Bayon con sus 200 enormes caras esculpidas. Luego, en 1972, tres años antes que el Khmer Rouge tomara el poder en Phnom Penh, la escalada de violencia terminó con el trabajo de conservación.
En 1991, las facciones en lucha de Camboya firmaron un tratado de paz. Al año siguiente la Unesco nombró a los templos de Angkor como yacimiento Patrimonio de la Humanidad con la condición de que el gobierno se comprometiera con un detallado programa de restauración. Y en 1993 fue creado el Comité de Coordinación Internacional para canalizar la ayuda a la zona, incluyendo el asesoramiento, por parte de Japón, de una nueva generación de arqueólogos y arquitectos camboyanos.
Para saber más
www.guiadelmundo.com/paises/
Desafío
La región de Angkor enfrenta un nuevo desafío: el número de visitantes a los templos aumentó seis veces en seis años y llegó a unos 600.000; más de la mitad son extranjeros. Por eso esta ciudad experimenta un crecimiento caótico, con nuevos hoteles que alteran su frágil estructura urbana. El incremento de los visitantes camboyanos se debe a que están redescubriendo su cultura, por primera vez en siglos.






