
Carlos Chacho Alvarez "No tengo planes para ser presidente"
Dice que aunque siempre supo que no se heredaría un jardín de rosas, la situación es peor de lo que imaginaba. Confía en el éxito del próximo gobierno y subraya su buena relación con De la Rúa, pero advierte que el Frepaso no será absorbido por los radicales
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A modo de apunte, tengo anotados estos títulos: el Mercosur en terapia intensiva, déficit fiscal que algunos sitúan en los 6500 millones de dólares, trece millones de pobres, una deuda externa innombrable, cerca de cuatro millones de personas están sin trabajo o subocupados; catorce provincias tienen gobernación justicialista, el Senado en contra. Un escenario poco feliz para el nuevo gobierno.
-Siempre supimos que gobernar la Argentina después de la herencia menemista no era un jardín de rosas. Nos toca una situación conflictiva en la mayoría de los frentes por los propios claroscuros que tuvo la administración de Menem. Y lo que va primando son las zonas oscuras, sobre todo en la úultima etapa. Se pierde distancia respecto de cuáles fueron los méritos de Menem vinculados con la apertura económica, las privatizaciones, la desregulación y la estabilidad monetaria, hechos que se dieron en su primera etapa. Luego, en el último tramo, hay una gestión con un saldo francamente negativo. Así que, bueno, frente a este desafío hay una cuestión de prioridades. La primera tarea es sanear las cuentas públicas. Hace falta reducir gastos, hacer un fuerte achique del presupuesto, terminar con todo lo que le prometimos a la sociedad que íbamos a terminar, como los gastos reservados, la ayuda del Tesoro Nacional y, luego, todo lo que signifique gastos suntuarios e improductivos de la administración pública.
-Sin embargo, aumenta el número de ministerios, ¿cómo se explica?
-Es una decisión del presidente electo. La modificación de los ministerios se explica en una reingeniería estatal que abarate los gastos del Estado enormemente. Yo comparto que es inadecuado aumentar la estructura. El recorte de gastos que nos fijamos oscila entre los 1300 y 1400 millones de dólares, cosa que algunos consideran imposible porque se trata de un presupuesto muy rígido. Es un presupuesto que tiene casi tres columnas: sueldos, retribuciones de la seguridad social y los intereses de la deuda, que crece preocupantemente, porque estamos hablando de 9000 millones de dólares.
-¿Hubo más sorpresas de las que esperaban?
-Peor de lo que esperábamos. Básicamente en términos de endeudamiento, de crisis fiscal, de compromisos, de juicios del Estado y de conflictos irresueltos.
-Los enunciados y propuestas que se dieron en la Carta a los Argentinos, francamente, ¿cree que puedan cumplirse en cuatro años de gobierno?
-Bueno, hay que ver qué cosas... Tenemos tres problemas básicos en la Argentina. Las señales de mejora cambian respecto de los tiempos que lleva cada uno de estos problemas. Ejemplo: el desempleo; ahí se depende básicamente de que el país crezca a una tasa del 5 al 6 por ciento. Esto significa que el objetivo es llevar la desocupación a un dígito; pero es verdad también que hay algunos elementos aleatorios que pesan enormemente, como la situación de la economía internacional. El otro tema preocupante es la inseguridad. Estamos convencidos de que se hizo poco desde lo nacional para coordinar a las fuerzas policiales. Aquí sí la gente podrá observar una mejora de la situación en el corto plazo. Hay que ser duros con el delito, pero también hay que ser duros con las causas del delito. La marginación -aunque haya muchos que no les gusta escuchar esto- tiene un efecto sobre la seguridad. Pero, sí, es verdad que revertir las causas que inducen al delito nos va a llevar bastante tiempo. Y el tercer tema preocupante para los argentinos es la corrupción. Ahí no hay factores externos que condicionen. La gente tiene que notar una diferencia de estilo y de conducción ya en el primer día de gobierno.
-Por un lado, en este tema de la seguridad, está la mirada del país que hace la Alianza; por el otro, está la mirada de Aldo Rico.
-Ehh... vamos a ver en la práctica qué es lo que pasa. Cuando Aldo Rico llegó, lo primero que aclaró es que él nunca había planteado el tema de la mano dura.
-¿La Alianza le da entonces un crédito a Rico en su gestión? Cuando surgió su nombre, ustedes fueron muy críticos.
-Vamos a tener que convivir desde el punto de vista nacional con Rico sentado como el secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.
-Insisto: ustedes fueron muy críticos.
-Fuimos críticos, sí. Yo mismo dije que no hubiera nombrado una persona como Rico, pero que eso era facultad del gobernador electo de Buenos Aires. Ahí está la diferencia: la Alianza no hubiera nombrado jamás una figura como Rico. Y habrá que convivir y después la gente tendrá que evaluar. Seguimos pensando que la figura de Rico no es la mejor para solucionar este tema. La Alianza está trabajando fuertemente en este tema. Estamos viendo de endurecer ciertas penas para los delitos que tienen que ver con los intentos de robo con armas de fuego, que ahora es excarcelable; de penalizar fuertemente la tenencia de armas... Lo principal acá es desarmar a la sociedad, porque esta crisis es resultado de la ausencia de ley. En los países donde se combate mejor al delito se mejoró mucho la policía, se combatió mucho el delito policial, se mejoraron los ingresos, se profesionalizó la fuerza y se activaron mecanismos muy fuertes de control interno para evitar la corrupción policial. No hay tantos secretos.
-Qué lo inquieta más, ¿el Senado en contra o la Corte Suprema tal cual está ahora?
-Bueno, en general hay una falla, digamos, en el funcionamiento institucional en la Argentina. Eso lo expresa la gente todo el tiempo. Debe haber una transformación cualitativa fuerte del desenvolvimiento de las instituciones. El Senado es preocupante desde el punto de vista de la composición numérica. Respecto del funcionamiento, las dos cámaras van a sufrir un recorte fuerte y yo creo que va a haber un proceso de mayor transparencia. Me parece que la gente tiene que reconciliarse con los legisladores. Hay que acercar más el Senado a la sociedad. Y desde otro punto de vista, es evidente que es preocupante gobernar con un Senado desfavorable a la Alianza. Es muy complicado. Pero eso va a ser hasta el 2001, donde la composición de la Cámara alta va a ser totalmente distinta.
-En su historia política hubo, entre otros, dos hechos sumamente conmocionantes. Uno, cuando se alejó del Partido Justicialista, en 1990. El otro, su llegada a la vicepresidencia de la Nación. ¿Cómo vivió cada experiencia?
-Sí, fueron los que más marcaron la última etapa. Lo de 1990 fue algo muy doloroso... No diría desgarrante, pero fue como un corte en la historia de uno. Yo venía desde los 15 años militando en el justicialismo, y llegó un momento en que me pregunté si no estaba en ese partido solamente por mi historia, porque llevaba mucho tiempo ahí. Llegó un momento en que pensé que ese partido no podía hacer las cosas que uno pensaba.
-No necesitó mucho tiempo para decidirlo.
-Porque yo venía de antes... yo me empecé a preocupar por hacer una reflexión más profunda de qué pasaba en el peronismo. Yo llegué a revisar cosas de Perón... cuando eso parecía un mito o un tabú, cuando era imposible discutirlo a Perón. Fui peleando con ciertos mitos. Me fui preguntando por qué aceptar tantas cosas que uno no compartía. Luego vino esa cuota de aire fresco que fue la renovación y después llegó el menemismo, cirugía mayor sin anestesia, una alianza con los sectores más concentrados del poder, un gran nivel de corrupción y de impunidad para procesar lo que ellos llamaron la reforma del Estado y que para mí no tuvo nada que ver con reformar el Estado, sino con dejar un Estado absolutamente ineficiente. Frente a eso, me dije: este partido está agotado respecto de hacer las cosas por las que uno había luchado. Había que buscar otro camino.
-Me pregunto si esos principios que lo llevaron a abandonar el justicialismo los aplicaría, de repetirse una circunstancia similar a poco de andar, con este gobierno. ¿O es muy fantasiosa la pregunta?
(Se ríe con ganas; "Vale la pregunta", dice.) -Bueno, primero creo que tenemos un nivel de protagonismo mayor como para evitar que eso suceda. Quiero decir que una cosa es haber militado en el Grupo de los 8, donde éramos militantes de tercera línea, y otra es ocupar este rol de vicepresidente, con presencia de nuestra fuerza en el gabinete, con gran presencia parlamentaria. El compromiso de la fuerza en este proceso es mucho más importante del que teníamos en 1989. Por otro lado, las cosas se han hecho con mucho acuerdo y consenso. Yo no vislumbro una situación de una defraudación, de un cambio drástico de lo que sería una propuesta a lo que se hace o una desviación o niveles de corrupción como lo que tuvo el menemismo. El escenario es distinto.
-Pero...
-Pero en caso de no coincidir -a eso apuntás- con algunas situciones, bueno, lo hablaremos, lo charlaremos, pero seguiremos defendiendo lo nuestro.
-Por un lado, el radicalismo, el partido centenario; por el otro, el Frepaso, surgido en los años 90. Es como el noviazgo entre la abuela y el rockero.
-Sí, sí... Hasta ahora nos hemos llevado muy bien. Yo, por supuesto, tengo que defender que el Frepaso no quede... Digamos, a nadie le conviene que el Frepaso quede licuado en la Alianza, porque ya sabemos que en la Argentina lo que están triunfando son coaliciones. Las buenas performances electorales del justicialismo se dieron en lugares donde terminaron haciendo alianzas con la Ucedé, con el partido de Rico, con el partido de Cavallo. Esto demuestra que el viejo núcleo bipartidista PJ-UCR no sintetiza el conjunto de la sociedad. El Frepaso no es un invento artificial; sintetiza un sentimiento de la sociedad. Por eso nosotros tenemos que contribuir al éxito de la Alianza y al mismo tiempo trabajar para que se mantenga un equilibrio de fuerzas. La garantía del fortalecimiento de la Alianza está dada en la excelente relación que mantengo con De la Rúa.
-¿De ahí, entonces, tanto celo suyo en no aparecer como tapando o invadiendo la figura de De la Rúa?
-Sí. Sobre todo para que se vea claramente cuáles son los roles que se tienen en el gobierno, como también ocurrió durante la campaña. Además, no es lo mismo en la Argentina ser presidente que vicepresidente. No hay que dar señales contradictorias. Mi actitud debe ser de complementación, de cooperación, de que el gobierno funcione bien. Pero el presidente es De la Rúa. Y eso tiene que quedar claro. Esto no es una copresidencia; éste no es un país de primer ministro, es un país presidencialista y el presidente es Fernando de la Rúa.
-Todo muy bien, pero en la calle se sabe que este vicepresidente no va a ser igual a otros. Se ve venir un cambio de protagonismo.
-Ah, bueno, eso es otra cosa. Frente a vicepresidentes que tuvieron una escasa visibilidad o que se caracterizaron por existir cuando confrontaron con el presidente, ahí hay que diseñar otro modelo, que ya está más o menos perfilado. Yo tengo algunos programas vinculados con la reforma política, la reforma del Estado, algunos temas para que la Argentina entre cuanto antes en la sociedad del conocimiento. Pero eso es complementación con el presidente. Nunca voy a buscar un protagonismo que se encime con la tarea del presidente.
-Hay ambiciones lógicas y justas. ¿Se ha propuesto ser presidente?
-Nunca me lo he propuesto como objetivo final. Yo, en eso soy más fatalista. Más fatalista en el sentido de que por un lado es una construcción deliberada, un objetivo que uno se propone y, por el otro, hay mucho de aleatorio, de azar, que tiene que ver con uno y las circunstancias, como decía Ortega y Gasset. Yo nunca he convivido con ese sueño o anhelo.
-No tiene un plan, como tenía Cavallo.
-Claro, no tengo un plan para ser presidente.
-Pero sí puede ser un sueño.
-Tampoco. Tengo otros sueños más estimulantes.
-Que Racing salga campeón algún día, por caso.
(Suelta una risotada.) -Ves, entre varios sueños, ése podría ser... Mirá, yo no soy un obsesivo del poder. Si alguna vez las circunstancias me tocan, intentaré no desaprovecharlas. Pero, hasta ahora, las circunstancias no llamaron a mi puerta.
-En el justicialismo, en cambio, hay más banco que en la Alianza.
-Sí, tiene cuatro presidenciables para el 2003. En el caso de la Alianza, si hacemos un buen gobierno, De la Rúa será reelegido como presidente. Si no es así, todos estaremos en la picota.
-¿Lo asusta el fracaso?
-No habrá fracaso.
-¿Terminaron de digerir la derrota de Fernández Meijide?
-Mirá, estamos acostumbrados a las victorias y a las derrotas, a los avances y retrocesos. No somos una fuerza triunfalista. Nosotros venimos desde la nada. Nosotros hemos avanzado triunfo tras triunfo.
-Pero fue un tajo.
-Sí, sí, fue un golpe. Pero asimilable. Hemos estado en peores situaciones. Esa derrota no fue definitiva para el futuro de nuestra fuerza y menos remontable. El camino nunca es lineal, se construye entre avances y retrocesos.
-¿Qué opina de esa teoría que dice que Fernández Meijide perdió por ser mujer; que, entre otras cosas, en Buenos Aires se dio el voto machista?
(Piensa.) -Si uno de los temas centrales de la provincia era la seguridad, es evidente que la sociedad, en muchos sectores todavía discrimina a la mujer. Creo que lo masculino y lo femenino en el tema de seguridad todavía tiene un peso fundamental.
-Alfonsín dijo que De la Rúa tenía que ser generoso con el Frepaso. ¿Hay dudas acerca de la generosidad hacia el Frepaso?
-Inteligente, diría, no generoso. Inteligente significa saber qué aporta cada uno de la fuerza porque la gente tiene un claro sentido de alianza. Esta palabra no es una palabra formal. No es que puede simplemente cobijar el reciclaje de un partido. Cuando Alfonsín habló de generosidad, estaba diciendo que no se distorsione esto que fue la base de cómo se constituyó la Alianza.
-En concreto, ¿qué papel cumplirá Alfonsín en el futuro?
-Un papel muy importante porque aportará toda su experiencia como ex presidente. Es muy bueno que un país tenga ex presidentes en actividad. Es un rol de mediador en muchos casos. Y con el Partido Justicialista puede llegar a ser muy válido. Creo que Alfonsín va a ayudar a amalgamar la Alianza.
-¿Y Menem? ¿Cómo lo imagina a Menem como jefe de la oposición?
-No será excluyente. Me parece que los tres liderazgos emergentes del justicialismo, como De la Sota, Reutemann y Ruckauf, no comparten esta idea más lineal de situar a Menem automáticamente como jefe de la oposición, porque Menem no va a conducir a todos los gobernadores. Creo que estos gobernadores tienen un grado de autonomía mayor y no van a delegar la representación de sus provincias en Menem. Eso se va a notar enseguida. Yo veo un Partido Justicialista más como confederación en esta primera etapa. Y me parece que la reconstrucción del liderazgo se va a ver sólo a partir del 2001.
(En el piso veinte del Hotel Panamericano, sobre una mesita en una oficina contigua a la que ocupó Alvarez para esta entrevista, un velón de unos veinte centímetros de alto y con cuatro inscripciones con el logo de la Alianza todavía mantiene viva la pequeña llama amarillenta. ¿Una promesa, una cábala o simplemente un souvenir?, le preguntamos, así, por curiosidad. "Qué sé yo. No tengo la menor idea", dijo Alvarez. Tras despedirse con mucha cordialidad, enfiló, a paso lento, por el largo pasillo hacia su lugar de trabajo. Se lo vio exhausto. "El Chacho no para nunca, no descansa, y lo peor es que no me está comiendo nada", nos dijo una de las chicas -terribles ojos verdes- que se ocupa de la cocina. El hombre, en verdad, pareció sincero. Pero, por si acaso, la vela sigue ahí. Aunque todos se hagan los distraídos.)
El liberalismo según Chacho
-En un reportaje publicado en la revista Veintidós, Alvaro Vargas Llosa, el hijo del escritor peruano, sostuvo: "La Alianza me da la razón. De la Rúa quiere limpiar el liberalismo del contubernio entre poder político y poder económico. Si esto es centroizquierda, no me importa; sigue siendo liberalismo". ¿Está de acuerdo?
-Lo que pasa es que hay un cruce de tradiciones. Yo creo que el buen liberalismo es aquel donde el mercado actúa sin distorsiones; donde no hay monopolios, que es lo que ha pasado en la Argentina hasta ahora. Nos costaría decir que la economía argentina se ha acercado a un modelo liberal. Hay gran concentración de la riqueza, muchas distorsiones impositivas, monopolios y duopolios de los servicios privatizados. Y éste es un Estado que reúne muchas fallas a la hora de cumplir con sus tareas indelegables. Por ejemplo, acá hay una evasión impositiva de cerca de 26.000 millones de dólares. En ese sentido, uno puede hacer un cruce de tradiciones; desde la perspectiva liberal el Estado debe ser eficiente para ocuparse de estas cuestiones; sin embargo, no lo es. En ese sentido, nosotros hacemos una agenda de los temas pendientes, la llamada Segunda Reforma del Estado o segunda generación de reformas, como la ha denominado el Banco Mundial. Seguramente vamos a encontrar muchas coincidencias de lo que plantea un liberalismo más auténtico con lo que planteamos nosotros. En la Argentina, en general, el liberalismo democrático pocas veces existió. Lo que hubo acá fue un liberalismo autoritario.
El hombre y sus circunstancias
- Carlos Alberto Alvarez, licenciado en Historia en la Universidad de Buenos Aires, nació en Balvanera, Capital Federal, el 26 de diciembre de 1948. Está casado con Liliana Chiernajowsky y tienen cuatro hijos: Ramiro, María, Dolores y Lucía.
- Entre 1983 y 1989, fue asesor en la Comisión Economías Regionales del Senado de la Nación.
- Diputado nacional (PJ- Capital Federal) para el período 1989-1993.
- En 1990, tras el indulto otorgado a los militares, abandonó el Partido Justicialista.
- Constituyó el llamado Grupo de los 8. Impulsó la creación del Partido Movimiento por la Democracia y la Justicia Social (Modejuso), conformándose en 1991.
En esta etapa, comenzaron los primeros acercamientos con sectores de la Democracia Popular (Carlos Auyero y Graciela Fernández Meijide, particularmente) y con sectores del Partido Comunista.
Así surgió el Frente para la Democracia y la Justicia Social (Fredejuso).
- En mayo de 1993 se constituyó el Frente Grande. Alvarez es nombrado presidente del partido.
- En agosto de 1994 se realiza la llamada "reunión de El Molino", convocada por Alvarez y en la que participan José Octavio Bordón y Federico Storani con el propósito de construir una fuerza para enfrentar al menemismo.
En septiembre, Bordón renuncia al Partido Justicialista y funda PAIS.
En diciembre de ese año se concreta la creación del Frente País Solidario (Frepaso), conformado por el Frente Grande, PAIS, Unidad Socialista y la Democracia Cristiana.
- Bordón-Alvarez integran, en 1995, la fórmula presidencial por el Frepaso. Obtiene 5 millones de votos (28,8 %), convirtiéndose en la segunda fuerza política del país.
- En 1996, con la renuncia de Bordón a su banca del Senado, el Frepaso queda representado por Fernández Meijide.
- En 1997 se renueva la mitad de las bancas de la Cámara de Diputados. Se presenta la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, conformada por el Frepaso y la UCR.
- 1998 es el año de la consolidación de la Alianza. Se definen los precandidatos a la presidencia. En elecciones internas abiertas, compiten Fernando de la Rúa y Graciela Fernández Meijide. De la Rúa triunfa con el 64 por ciento de los votos. Con el consenso de las dos fuerzas de la Alianza, Chacho Alvarez es consagrado candidato a vicepresidente de la Nación y Fernández Meijide a gobernadora de la provincia de Buenos Aires.
- Carlos Alvarez, sufriente hincha de Racing, vivió su infancia en Parque Patricios, cerca del mercado Spinetto. De adolescente, se ganaba la vida como vendedor ambulante. Fue cadete de una farmacia y también de la librería Santa Fe.
El 10 de diciembre de 1999 asume la vicepresidencia de la Nación.






