Catarina Spinetta. "Hemos pasado momentos de no tener nada"

Actriz, DJ y artista plástica, a los 36 años y con tres hijos, busca equilibrar su vida hogareña con el cuidado celoso de la obra de su padre
Franco Varise
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23 de agosto de 2014  

"Si te dormiste un minuto, te cagan." A sus 36 años, Catarina Spinetta sigue tomándose muchas cosas en broma. Menos su familia. Ése es un territorio que debe proteger como una madre leona en medio de un ambiente hostil. Eso incluye el legado de su padre, Luis Alberto Spinetta, al que preserva como albacea de su tremenda obra para que su nombre no sea usado en vano.

Uno de sus tres hijos con el actor Nahuel Mutti ya tiene 14 años. Fue madre muy joven. "Tengo responsabilidades de adulto desde muy chica. No es muy común porque, en general, hoy en día las parejas se separan a la primera de cambio", dice. Los conceptos brotan de su boca con una claridad filosófica de alguien mayor, de alguien que está de vuelta de muchas cosas. Entre ellas: la exposición, la farándula o el "medio" como suele denominarse ahora a ese espacio indefinido entre la gente común, los dioses y los medios de comunicación.

"Él -por su padre- tenía una duda sobre el futuro. Decía que al final no nos dejaba nada. Les dijo no a un montón de cosas y no podemos dejarlo descuidado. En otro país, mi viejo tendría que haber estado panza arriba sin tener que preocuparse por nada, pero no podía. Tenía que remar. Y se mantenía firme y no se vendía. Agradezco mucho el cariño de la gente, para muchos es un ídolo, pero para mí es un padre", expresa sobre uno de los pocos asuntos que, uno intuye a simple vista, puede sacar a la bestia interna.

-¿Lo de proteger la obra de tu padre parece un trabajo bastante duro, no?

-No podés dejar que se haga cualquier cosa. Vas atrás de todos porque mi viejo siempre estuvo muy preocupado de que no nos faltara nada. Y al mismo tiempo confiaba en la gente, era el tipo más generoso del mundo, y era un artista, algo que muchos entendían como «total Spinetta no va a pedir nada». Yo soy la que lleva la obra y si te dormiste un minuto, te cagan...

Entre aquella niña conductora de MTV y eventual protagonista de algunas tiras de televisión en Polka y esta Catarina de ahora pasaron muchas cosas. Hace casi diez años decidió retirarse a los márgenes de la ciudad. Vive en Maschwitz con su familia (que incluye tres perros) abocada a cuidar el jardín, cocinar, pintar y hacer alfarería (su nueva pasión). También escucha mucha música (ahora en vinilos desde que Nahuel le regaló una bandeja) y es DJ en eventos a donde llega con su combo de música negra. La Catarina actriz sigue activa en películas como Anagrama, presentada en el Bafici y, Primavera, que se estrena en octubre próximo. Pero ahora está concentrada en la reedición del libro sobre su padre, Spinetta. Crónica e iluminaciones, del periodista Eduardo Berti, uno de los pocos (o casi el único) que tuvo la confianza de Spinetta. La reedición de Planeta incluye fotos inéditas del fotógrafo Eduardo Martí y es un documento crucial sobre su vida.

-¿Por qué se unieron con el autor para la edición de este libro?

-Esta reedición cuidada y con fotos inéditas es todo un tema de justicia artística. Además yo me acuerdo perfecto de Eduardo [Berti] en casa... es un libro que mi viejo hizo con él. Es el único periodista al que le abrimos la puerta. Incluso Eduardo quiso que compartiéramos el copyright del libro.

-¿Ese celo sobre la obra de tu padre incluye al ámbito político, hoy tan preocupado por contener figuras artísticas?

-No me interesa la política; puedo hablar de política, pero con mis amigos en mi casa. Y tratamos de mantener apolítico el nombre de mi viejo...

-¿Cómo te llevás con el tema del dinero?

-Uno rema mucho también. A mí me gusta tener un bienestar y darles a mis hijos lo que necesitan. Hemos pasado por muchas situaciones y estoy acostumbrada a tenerle respeto.

-Uno, desde afuera, pensaría que ése no sería un problema en la familia Spinetta...

-Hemos pasado momentos de no tener nada. A mi viejo lo indignaba no tener el dinero suficiente de acuerdo con lo que había trabajado y no por eso dejaba de ser él. Cuando en 2001 el país se fue al carajo, él estaba fundido y mis suegros nos tenían que comprar los pañales para mi hijo...

-¿Por qué elegiste un lugar alejado de la ciudad para vivir?

-Nos fuimos con Nahuel por una necesidad de verde y naturaleza para nuestros niños. Me encanta porque yo tengo un recuerdo que me marcó: cuando tenía cuatro años, mis viejos alquilaron una quinta en Parque Leloir y, si tengo que recordar mi niñez, aparecen esas imágenes entre sapos y el verde. Además Nahuel también tenía una relación con la naturaleza. A los 12, se fue a una escuela rural en San Miguel del Monte, o sea que le iba esa mano. Me encanta ocuparme de mi parque y de mis plantas... somos muy hogareños.

-¿Cómo es tu relación con la música?

-Empecé a pasar música cuando hacía radio. Daba a conocer a un montón de artistas no conocidos que me gustaban. Mezclo música, pero no compongo. Siempre dentro de lo que es la música negra. No fue que pensé «voy a ser DJ», sino que me fueron llamando. Tengo aceptado que soy una artista multifacética y en cada actividad que emprendo soy yo misma. No voy a hacer cualquier cosa que surja que no me interese; ahora estoy recopada y por ahí este camino me lleve a otra cosa...

-¿Otra cosa?

-Es que no me veo a los 45 yendo de DJ a eventos...

-¿Nunca aprendiste a tocar un instrumento, dado que en tu casa siempre hubo muchos?

-Mi viejo empezó a enseñarme a tocar la guitarra, pero cuando me aparecieron los cayos en la punta de los dedos... no era para mí. Amo la música, no interpretarla. Todo, todo no se puede.

-¿Y cuáles serían tus músicos preferidos hoy?

-Me gusta Björk, Bill Evans... mi viejo me decía que por lo que a mí me gustaba tenía que gustarme Evans... Claus Oberman, Maxwell, y soy muy fan de Prince. Entre muchos otros.

-¿Cuál es tu soporte preferido para escuchar música?

-Los discos de vinilo me encantan. Nahuel me regaló una bandeja con entrada USB y descubrí un mundo nuevo. Ahora busco discos y encuentro cosas increíbles de tango, de Piazzolla y un disco de los Jackson Five con temas que no había escuchado nunca.

-¿También volviste a actuar?

-Sí, fue como un redescubrimiento. Al haber empezado con algunas tiras a las que no les fue bien... Soy de dejar pasar las cosas cuando no funcionan.

-¿Cómo es tu relación con Nahuel, alguien también actor y conocido, después de tantos años?

-Lo quiero. Uno se lo pregunta siempre y debe preguntarse eso para no crear una relación ficticia. Siempre que hubo crisis sentimos que nos queríamos más allá de todo. Tenemos sueños en común y eso es importante. Si seguís construyendo es porque sigue funcionando...

-¿Cuál es tu comida preferida?

-Mi plato preferido puede ser un plato de ñoquis, una pizza... Me gusta mucho cocinar. Mi viejo y mi vieja cocinaban mucho y en mi casa siempre hubo comida casera. Había mucho amor por la cocina... Mi viejo era un recocinero.

-¿No son veganos?

-Comemos sano, pero no somos veganos. En casa nos ocupamos de cocinar bien...

-¿Tu ciudad preferida en el mundo?

-Nueva York. Lo que se siente en esa ciudad me gusta. Su música, el abanico de posibilidades y sentís que suceden las cosas. Siempre encontré lo que me gusta: discos, museos, shows... me flasheo con todo eso.

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