
La crisis económica internacional le dio la excusa ideal a Oliver Stone para traer al Yuppie preferido de Hollywood en en Wall Street 2: El dinero nunca duerme. Acá te traemos una lista de persona que podrían encarnar el papel de Michael Douglas en la vida real, ¿a quién sumarías?
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Por Javier Alcácer
Estados Unidos, década del 80: los sintetizadores mandan; Dios es negro, usa un guante en la mano derecha y se llama Michael Jackson. El Doc se fija la hora y se pregunta dónde se metió Marty McFly. La Guerra Fría está en su punto más álgido, obra y gracia de un ex actor convertido en el más republicano de los republicanos: Ronald Reagan, ese cowboy de la B que llegó a la presidencia listo para hacerles las cosas más fáciles a las grandes corporaciones. Días de consumo desenfrenado, de hipercapitalismo en que vale todo para ser el mejor. Y en la pantalla grande, alguien capturó el zeitgeist en una sentencia que todavía causa escozor: "La codicia es buena". La frase, conclusión de un discurso pronunciado en la reunión anual de accionistas y coronado con una ovación, es una declaración de principios del magnate Gordon Gekko ( Michael Douglas ) en Wall Street, la película de Oliver Stone de 1987. En ella, el yuppie Bud Fox ( Charlie Sheen ) conoce a Gekko y se convierte en su protegido, ya que espera que éste le enseñe todo lo que sabe de negocios. Bud queda fascinado por Gekko: el uso de las citas de El arte de la guerra, la predilección por los habanos Davidoff, su particular ética de trabajo ("el almuerzo es para cobardes"). Sin embargo, será traicionado antes de lo que se imagina. Bud termina colaborando entonces en el operativo para encarcelar a su mentor, en la mira del FBI por su participación en transacciones ilegales.
Douglas ganaría un
por su actuación y tendría que suspender las cenas en restaurantes de
cientos de personas se acercaban a saludarlo para agradecerle por haberlos inspirado a meterse a trabajar en Wall Street. Así como pasó con Tony "Scarface" Montana, Gordon Gekko se había convertido en un ícono. Uno más elegante y menos sanguinario que Montana, pero no por eso menos dañino...
En 2008, después de pasar veintiún años preso, Gekko ha cumplido su condena. "Me recordaron que yo dije alguna vez que la codicia era buena", reflexiona recién salido de la cárcel, "ahora resulta que no sólo es buena, sino que además es legal". Así, el hombre debe reintegrarse a un mundo en el que la carencia de escrúpulos es moneda corriente: es un tiburón viejo en un océano de pirañas conectadas vía BlackBerry. Odiado por su familia, Gekko intentará reivindicarse aliándose con Jacob ( Shia LaBeouf ), el prometido de su hija Winnie ( Carey Mulligan ). Mientras Jacob lo ayuda a retomar el vínculo con Winnie, él lo aconseja en sus inversiones en la Bolsa y le indica cómo vengarse de Bretton James, el manager de un fondo de inversión en el cual participaba un amigo suyo que había muerto misteriosamente. Mientras tanto, Gekko escribe un libro en el cual advierte que el colapso del sistema financiero es inminente...
Con una banda de sonido compuesta por canciones de David Byrne , los años dirán si el diagnóstico de Wall Street 2 es tan atinado como lo fue el de la original.
Pero dejando de lado a Hollywood, acá te traemos una lista de personas que podrían haber encarnado en la vida real a Gordon Gekko.
Bernie Madoff: su firma de inversión era la favorita de los VIP para manejar su dinero. Cuando explotó la crisis se descubrió un fraude de más de 50 mil millones. "Que se jodan mis víctimas", dijo desde la cárcel, donde va a pasar los próximos 150 años.
Charles Ponzi: nació en Italia y emigró a los Estados Unidos en 1903. Aprovechó la Segunda Guerra y se radicó para crear el Esquema Ponzi: un fondo de inversión con un pago de rendimientos astronómicos a partir del dinero de nuevos inversores. Vivió una vida de película, con numerosos intentos de fuga y la importación de su negocio a Europa y a Brasil, donde murió en 1949.
Ivan Boesky: una de las inspiraciones de Stone para crear a Gekko. Financista de carrera meteórica en los 80, Boesky tenía un timing envidiado por sus colegas para anticipar la compra y venta de las empresas. Pronto se descubrió que el secreto de su éxito era una nómina de informantes y tratos en off. Lo multaron por una suma total de 100 millones de dólares y estuvo preso tres años.
Michael Milken: cuando estalló el escándalo de Boesky, la onda expansiva reveló los rincones oscuros de su imperio: en 1989 se reconoció culpable de 98 cargos por fraude y difusión de información falsa. Estuvo dos años preso y hoy ocupa el puesto 458 del ranking de los hombres más ricos de los Estados Unidos según la revista Forbes.
Dennis Levine: su acusación destapó gran parte de los escándalos financieros de los 80 en Wall Street. Este especialista en ventas y fusiones había organizado un mercado paralelo, con cuentas en Suiza, las Bahamas y contactos a través de teléfonos públicos para evitar ser rastreados. Después de pasar dos años preso, editó un libro en el que argumentaba que no haber prestado atención en las clases de ética en la universidad lo había llevado a esto.
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