
De Aprile a Acuérdate de mí, de Nanni Moretti a Mario Monicelli, por qué la filmografía italiana es ideal para comprender la relación entre padres e hijos.
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Por Mariano Casas Di Nardo / Especial para ConexionBrando
Muchas veces, para entender el verdadero significado de las cosas, hay que recurrir al arte. Y qué mejor opción que el cine italiano para recorrer los diferentes modos de ser padre y de transitar ese estado en el que se mezclan intensidad e incertidumbre, amor y temor . Además de sentirte identificado, quizá sea una buena oportunidad para ver (o rever) estas joyitas.
<b>Aprile (1998)</b>
Hay una escena en Aprile que explica todo. Cuando el propio Nanni Moretti, director, autor y protagonista del film, en su preocupación por crear su próximo largometraje (algo así como el cine en el cine), ve interrumpido su momento creativo por su hijo Pietro, que gateando, le descontrola el orden de sus papeles. Mezcla de autobiografía y documental con film raso, Aprile narra las desventuras de su protagonista durante los primeros años de su hijo. La necesidad de trabajar, ensamblado con el deber de cuidarlo y el placer de disfrutarlo. Un film que aborda como pocos y en primera persona, sin alegorías ni metáforas, la paternidad compartida y la angustia de saber que el hijo prefiere estar con la madre que con el padre. El cambio de prioridades, el ponerse en un segundo plano y la felicidad por un beso o una sonrisa temprana, por sobre el éxito personal. Filmada en 1998, obtuvo muchas nominaciones entre Goya, Cannes y Ciak.
<b>El padre de Giovanna (2008)</b>
Il papà di Giovanna es la muestra fiel del amor incondicional de un padre para con su hija. Un film que se basa en la suprema actuación de Silvio Orlando para, desde allí, disparar aristas que en un principio son caricias al corazón para luego convertirse en puñales. Ambientada en la ciudad de Bolonia previa a la Segunda Guerra Mundial (1938), Michele Casali (Silvio Orlando) asume el retraso mental de su hija, que en pleno ataque de celos mata a una compañera de escuela. Así comienza una cruzada para evitar que vaya presa y la acompaña en cada internación en distintos neuropsiquiátricos. Trajín que va a afectar todos los ámbitos de su vida. Decisiones difíciles, diálogos angustiantes y primeros planos (con balbuceos incluidos) que merecen todos los Oscars del Academia.
<b>Un burgués pequeño pequeño (1977)</b>
Dirigida por el paradigmático Mario Monicelli, Un borghese piccolo piccolo (1977) sería como la fuente de inspiración de El secreto de sus ojos de Juan José Campanella. Un inolvidable Alberto Sordi en la piel de un empleado público de Roma, que solo tenía como deseo que su hijo entre a trabajar a su ministerio para quedarse tranquilo que nada le faltaría cuando él ya no estuviese. Pero asesinado frente a sus ojos en un absurdo episodio delictivo, el protagonista comienza una persecución y la búsqueda de venganza que le devuelva su ánimo destrozado. Otra muestra de cómo cambia el foco en un padre cuando se trata de un hijo, en la Italia de 1970, de clase media trabajadora.
<b>Acuérdate de mí (2003)</b>
En Ricordati di me, su director Gabriele Muccino plantea el hastío que vive un matrimonio luego de veinte años de convivencia con sus dos hijos ya adolescentes. Un trabajo inteligente para bucear en cada una de esas mentes, pero que amplía mejor la de Carlo (Fabrizio Ventivoglio), el padre que tras un capricho del destino, se reencuentra con el amor de su juventud Alessia, nada menos que Monica Bellucci. En semejante reencuentro, ella le pregunta: "¿Marido feliz?", a lo que él responde: "Marido". Escritor frustrado y empresario exitoso y con futuro político, los recuerdos de su apasionado romance le dan fuerzas para retomar la novela que dejó morir cuando conoció a Giulia, su actual esposa (Laura Morante). El amor por sus hijos y su culpa por no abandonar un barco que lo tiene infelizmente capitaneado, lo hacen replantear su presente. La película nos pone en primer plano a esa clase de hombres que priorizan por sobre todos sus títulos, el de padre.
<b>La vida es bella (1997)</b>
Seguramente el film de Roberto Benigni sea por excelencia la cinta que muestra lo que un padre está decidido a realizar para mantener la inocencia y felicidad de su hijo. Ganadora de más de cincuenta premios internacionales, entre ellos tres Oscar a Mejor Película Extranjera, Mejor Actor y Mejor Banda Sonora, La vida es bella cuenta la historia del alegre y carismático Guido Orefice, un judío italiano, quien es detenido y llevado junto a su mujer e hijo a un campo de concentración. Tan terrible y desolador panorama es escondido por el propio Guido, quien le hace creer a su hijo Giosuè, que están en un divertido y exhausto juego en el que deben sumar mil puntos para ganar un tanque de guerra. Quien haya escuchado el grito de felicidad del niño en el final (¡Abbiamo vinto!), difícilmente pueda olvidárselo. El último clásico del cine mundial.






